Este 2012 el Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa cumplirá 25 años. Acaba de recibir además el premio del Voluntariado Guipuzcoano, concedido por la Diputación. Su presidente, Juan Carlos Redondo, habla de «los méritos de los escuchas» y de una dedicación total para solucionar los problemas de las personas que llaman al 900 840 845.
- Premio y un reconocimiento oficial a la vez.
- Reconoce sobre todo la labor de los escuchas de los voluntarios, todos los días del año. Llamadas que no son fáciles. Estamos encantados con ese premio. La verdad es que nos movemos últimamente mucho dando charlas y conferencias por los pueblos. Pero repito: todo el mérito es de los escuchas. El Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa es una entidad discreta que quiere pasar desapercibida.
- Cosa rara porque a todas las entidades sociales les encanta salir en los medios...
- Nuestra característica principal es el anonimato, la escucha activa y que ninguna persona esté sola ante una crisis de esperanza. Tratar de acompañarles. Buscarles una solución, que pueda explotar sus propios recursos. Que objetive las causas del problema porque tendemos a pensar que la culpa es nuestra. El problema lo llevamos en el pensamiento y son las circunstancias, no el que llama. El problema es un proceso con principio y fin. Pasa con el desempleo, la droga, el duelo... Y los problemas terminan acabando, se sale de ellos.
- El Teléfono de la Esperanza es el bastón de apoyo.
- Nuestro objetivo es que ninguna persona esté sola ante un problema que ponga en crisis su esperanza. Siempre hay alternativas. El que llama es muy valiente. Yo no sé si llamaría, con problemas de maltrato, económicos graves... Contárselo a alguien que no conoces es ser valiente. Necesitan desahogarse y saben que le podemos ayudar. Los escuchas están bastante profesionalizados como voluntarios. Tenemos muchas propuestas para ser escucha, pero no vale si sólo tienes buena voluntad.
- ¿Qué tipo de personas rechazan, por ejemplo?
- Pues gente como yo, que soy muy resolutivo y me involucro con el problema. Y eso no puede ser. Hace falta tener templanza, trasmitir seriedad, confianza, mas aportar una técnica de escucha muy elaborada: saber lo que hay que decir y lo que callarte. Por ejemplo: 'no te preocupes' te lo tienes que callar en el Tteléfono de la Esperanza. Hay que recalcarle que tiene un problema y que lo vamos a solucionar juntos.
- ¿Qué tipo de persona se presenta como voluntario del Teléfono de la Esperanza?
- Mucha gente, principalmente amas de casa, que son mujeres que saben mucho de muchos problemas: son a la vez enfermera, médico, economista, cocinera, esposa, madre, maestra, geriatra... También jubilados con formación y cualificados, licenciados en psicología aunque hay psicólogos para atender en dos o tres sesiones porque requieren una atención personalizada, inmediata y cercana. Sin intrusismo desleal. Hay de todo escuchando, fundamental gente de más de 40 años.
- ¿Rotan mucho?
- Hay gente que lleva muchos años pero pretendemos no cargarles demasiado peso porque hay casos muy complicados. Hay una media de llamadas de 40 y 50 minutos... Llama gente complicada y hay que derivarlos a los médicos psiquiatras.
- Habrá gente que os ha llamado para daros las gracias.
- Sí, algunos. Lo hizo un parado. Estaba hundido porque le habían echado con otros compañeros. No tenía fuerzas para salir a la calle a buscar trabajo. Objetivamos el problema: no es tuyo sino por la crisis. Le dijimos que tenía recursos y formación. Se hicieron llamadas y consiguió abrir la puerta y salir a buscar trabajo. Luego nos llamó para dar las gracias. Hay quien nos llama con indicios de suicidio y hemos tenido que avisar a la Ertzaintza. Era una situación grave. Le sonsacamos por dónde vivía y avisamos a la policía, que acudió y evitó esa posibilidad.
- ¿Nadie da nombres?
- No se los pedimos e, incluso, los escuchas dan uno ficticio para evitar identificaciones.
- ¿Cuánta gente atiende al día?
- Turnos de una persona. Pero como es un teléfono gratuito, se llama mucho. Han crecido las llamadas un 15% respecto al año anterior. Estamos en las 3.700 al año. Antes con el 943 cortaban porque podía subir mucho la factura telefónica o no querían en su casa que se viera que llamaban a nuestro Teléfono de la Esperanza.
- ¿Quién llama más: él o ella?
- Mitad y mitad. Por ejemplo a primera hora de la mañana llama más la mujer.
- ¿Motivos?
- Sobre todo la soledad es el gran problema. Luego la crisis económica y las problemas de pareja. Se echan la culpa uno a otro. Somos un teléfono muy activo. Ahora es gratis y nos llaman de toda España. Y nos cuesta cuadrar las cuentas.
- ¿Se financia por subvenciones, aportaciones de socios?
- De socios poco, porque son cien. Funcionamos con las pequeñas subvenciones de los ayuntamientos de Gipuzkoa, de unos 300-400 euros al año, de la Diputación con la ayuda más importante y del Gobierno Vasco. Estamos en un piso cedido de Cáritas en la calle Arrasate.
- ¿Las navidades son más duras para quienes recurren al Teléfono de la Esperanza?
- Sí, porque la soledad se nota más en estas fechas. Pero hay situaciones que nos puede pasar a cualquiera. Como aquel matrimonio con dos hijos que trabajaba en una empresa que quebró. Pagaban todo como antes pero el día 15 se quedaban sin dinero y tenían que ir a comer al Aterpe. Cuando te llama una persona que le ocurre esto le buscas soluciones que la gente no tiene por qué conocer y nosotros las manejamos diariamente. Una llamada anecdótica fue la de un chaval al que no le salía un problema de matemáticas. Estaba solo en casa, angustiado. Le dijimos que esperase a que llegara su amatxo, que merendase y olvidara el problema. Es lo que hizo, supongo. Ese chaval se quitó la angustia de encima.
- Las nuevas tecnologías no van con vosotros. Utilizar el videochat, ver a quien te escucha...
- No tendría éxito porque la bueno del TEG es el anonimato. Imagínate que te reconoce el que llama porque es tu vecino. Por eso sólo en casos muy concretos con citas con el psicólogo.
- Y este 2012, el Teléfono de la Esperanza cumple 25 años. Saldrán del anonimato por una vez...
- Lo que queremos es seguir ahí. Hablamos en la junta de hacer algo. Además nuestros recursos son muy justos.
- Imagínese: ofrecer a los que se han sentido ayudados la posibilidad de reconocerlo públicamente.
- Estaría bien, pero es un servicio donde prima el anonimato. Haremos algunas convocatorias y charlas con gente conocida que es muy mediática con la ayuda de entidades de ahorro. En febrero empezamos de nuevo con las charlas.
- ¿Cómo llega un hombre como usted a la presidencia del Teléfono de la Esperanza?
- Llevo la dirección de seguros de Kutxa y Caja Vital de Álava. Estuve de presidente de Donantes de Sangre bastante tiempo. Cuando lo dejé, comenté con un amigo de Kutxa dónde podría ayudar. Me comentó lo del Teléfono de la Esperanza. Me impliqué bastante porque vi a la gente cansada después de tantos años. La nueva junta conseguimos acuerdos con Diputación y ayuntamientos, el Gobierno Vasco nos reconoció como entidad de utilidad pública y tenemos página web y el teléfono gratuito. Además, yo soy de los que piensan que estás en esta vida para hacer algo útil para la gente que nos rodea. En esta sociedad unos están mejor que otros y tenemos que dedicar algo de tiempo para los demás, para los que no están igual de bien. Eso hay que cambiarlo. Gipuzkoa es una sociedad solidaria. Formamos parte de ese engranaje. Conlleva un sacrificio, pero relativo, pero el que recibe da más que el que da. Esas cosas te llenan la vida.
- Si alguien se quiere sumar como voluntario...
- Que se presente en Arrasate 25, 2º derecha o llame al 943 43 48 54 y pregunte por Lorena Pidal, la directora. Ya se pondrán en contacto con el candidato.
- ¿Algún mensaje final?
- Seguimos aquí, queremos seguir echando una mano a la gente, que la situación está complicada y que va a ir para largo y que las cosas tienen solución. Hay que proponérselo. Se puede salir pero hay que intentarlo. No esperes a que te solucionen los problemas. Que los guipuzcoanos den ese primer paso y nosotros intentaremos ayudarle y buscar una solución. Tenemos también atención en euskera, pero en ese tipo de situaciones la gente habla el idioma que más soluciones le aporta.