Ignacio Chillida (Donostia, 1954) muestra en esta entrevista su indignación por el trato que los herederos del escultor donostiarra han recibido, a su juicio, de las instituciones durante los últimos años y transmite su escepticismo sobre la posibilidad de que las negociaciones en torno a Chillida-Leku lleguen a buen puerto, de forma que el museo reabra para Semana Santa. Al cumplirse un año del cierre al público del centro de Zabalaga, el museo mantiene una intensa actividad que le ha llevado a exponer las obras del escultor donostiarra en Corea, Francia y Chile, mientras prepara varias actividades para el próximo año, décimo aniversario de la muerte de Eduardo.
- Doble pregunta: ¿cómo ha vivido la familia el año transcurrido desde que cerró Chillida-Leku y cómo cree que lo ha vivido la sociedad guipuzcoana?
- El otro día me encontré con el hijo de un conocido restaurador y me preguntaba sobre la posible apertura en Semana Santa y todo eso que han estado vendiendo, y yo le decía: 'Hay muy pocas posibilidades de que eso pueda ocurrir'. Hemos vivido este año como si fuera un 'culebrón'. Lo que he vivido me ha parecido una vergüenza absoluta, una falta de respeto hacia mi padre, hacia todos nosotros y hacia la cultura. Es algo que jamás debería haber pasado. ¿Por qué? Desde luego, no por nuestra intervención, ni nuestra intención.
- ¿Hacen algún tipo de autocrítica? Dicho de otra forma, ¿se arrepienten de haber roto las negociaciones en marzo?
- No fue una ruptura por nuestra parte. En la entrevista de DV con (el viceconsejero de Cultura) Antonio Rivera creo que quedó claro y a la consejera de Cultura, Blanca Urgell, le dijimos que la que rompió las negociaciones fue ella. Nosotros dijimos que liberábamos de sus compromisos a las instituciones, pero no nos cerrábamos a futuras conversaciones y, desde luego, esa fórmula es la que seguimos contemplando. Los que dijeron que eso se había acabado y que jamás volverían a hablar con nosotros fueron ellos.
- Pero, ¿creen que se han equivocado en algo?
- Seguro que sí, en muchas cosas. Por ejemplo, igual nos hemos equivocado en plantear este asunto a nuestras instituciones. Quizás no lo hemos valorado con la suficiente inteligencia, no lo sé, lo digo por los resultados. Lo hicimos con ganas, con la mayor generosidad y voluntad de entendimiento, pero no hemos sentido lo mismo por la otra parte.
- ¿Hay riesgo de que Chillida-Leku se traslade a otro lugar?
- Claro que hay riesgo. Es evidente y cualquiera lo puede ver. ¿En qué punto estamos ahora?
- ¿...?
- En el desencuentro absoluto. Empezamos a un cierto nivel, con problemas, pero esto ha caído en picado. ¿Dónde estamos ahora? En el puro suelo. Los problemas son evidentes. Tenemos que valorar todo lo que ha pasado y pueda pasar.
- ¿En qué términos estarían dispuestos a retomar las conversaciones para llegar a un acuerdo?
- Nuestra postura no ha cambiado ni va a cambiar nunca en lo que se refiere a los tres puntos no negociables: carácter monográfico del museo, unidad de la colección y derecho de la familia sobre la programación. La Diputación está recién llegada y no sabe muy bien de qué va esto, pero el Gobierno Vasco los conoce. Se ha dicho que no había grandes diferencias en estos temas, pero las hay. No entendemos lo mismo por 'monográfico' y se contempla la posibilidad de figuras externas que den su opinión. ¿Pero qué opinión nos van a dar? ¿Pero quién mejor que Eduardo Chillida para opinar sobre su obra? Es algo tan ridículo que resulta incomprensible. Por aquí ha pasado mucha gente cuyas opiniones deberían escuchar las instituciones.
- Sin embargo, buena parte de la sociedad guipuzcoana culpa a la familia del desacuerdo.
- ¡Hombre! Eso...
- ¿Cómo lo llevan?
- A nadie le gusta que se metan con ellos, y menos, si no es justo, pero entiendo que hay muchas opiniones.
- ¿Se han explicado mal las razones de la familia?
- Yo no creo que nos hayamos explicado mal. La cosa ha estado muy clara, pero no interesa entenderla. O quizás nos ven como a una familia un poco turbia, lo cual jamás hemos fomentado, porque siempre hemos sido una familia bastante sencilla, equilibrada y que nunca ha hecho ningún tipo de ostentación. Hemos hecho lo que teníamos que hacer y hemos trabajado como todo el mundo y aquí se ha atacado, personalmente incluso, a Luis y a todo al que han pillado. ¿Razones? Ninguna, más bien lo contrario. He leído sólo un par de artículos sobre lo vergonzoso que ha sido la actitud que hemos recibido frente a nuestra generosidad al tener el museo aquí abierto durante diez años. Hemos aprendido muchas cosas, duramente, pero sí que hemos sacado conclusiones sobre gente e instituciones que no nos han gustado, pero allá películas, cada uno es responsable de lo que hace.
- ¿La solución podría llegar de la mano del nuevo Ministerio de Cultura?
- Podría dar un impulso muy importante. Las esperanzas podrían ir por ahí. El PP apostó claramente por sacar esto adelante. Veremos qué pasa. Nosotros, no es que nos casemos con nadie, lo que queremos es que salga adelante y será con quien tenga que ser. La vía para un posible acuerdo es la que se planteó a la señora Urgell -en dos ocasiones- y a la Comisión del Parlamento.
- ¿Cómo fue el encuentro del 9 de noviembre con la consejera?
- Ya se sabía lo que iba a pasar. Bien, pero ella sabía a qué íbamos y nosotros, también. Ya habíamos dicho claramente que nuestras condiciones eran las de siempre y ellos no se daban por enterados.
- ¿Creen que la Consejería no se interesa lo suficiente por Chillida-Leku?
- Yo creo que a ellos lo que les gustaría en estos momentos es zafarse del asunto. Rivera decía que ellos podían olvidarse de este tema y no es que no quieran hacerlo, es que no les dejan. Creo que más de una vez lo habrán pensado porque todos sabemos el tiempo que les queda en el Gobierno. Entiendo que sientan esa tentación pero no pueden hacerlo porque hay una presión por parte de la sociedad, de los partidos, de la prensa... No pueden obviarlo.
-¿Y si resulta que el Gobierno Vasco no dispone de fondos para adquirir el museo?
- Hay flexibilidad por nuestra parte. Nunca hemos llegado a hablar de dinero. ¿Qué es la colección? ¿Quién la hizo? Nosotros. La podemos agrandar, la podemos reducir y podemos hacer lo que nos dé la gana. No es algo cerrado, salvo por nosotros. No es más que una lista que nosotros hemos hecho, pero se podría hablar de otra lista, mayor o menor, me da igual. Si es necesario lo haremos, siempre de forma que no haga daño a este lugar. Lo que no vamos a ofrecer es cuatro obras sueltas. Hay flexibilidad en la colección, en plazos, en formas de acuerdos, en mil cosas. En lo otro, ninguna. Ellos decían que les extrañaba lo raros que éramos. Me impresiona cuando el señor Rivera habla de juego y dice que «la pelota está en nuestro tejado». Esto no es ningún juego. Jamás lo ha sido, pero además, el juego es nuestro: la pelota, la cancha, el tejado, todo.
- El Gobierno considera que no puede admitir el derecho a veto sobre una adquisición suya.
- Bueno, en los documentos que hemos recibido del Gobierno Vasco y la Diputación se habla constantemente de donación, dación, etc... luego dicen que es una adquisición. Lo es, pero en un 50% aproximadamente. El resto es una donación pura y dura.
-¿Qué límite temporal se marcan para llegar a un acuerdo? ¿Dan por perdida la legislatura?
- Habría que preguntárselo a ellos. Cuando estuvimos reunidos con ellos durante dos horas en Lakua no se llegó absolutamente a nada. Lo sabíamos nosotros y los sabían ellos. Entonces, ¿para qué venimos, si ya hemos dicho que no vamos a aceptar la subvención? Reponden que no se dieron por enterados porque se lo habíamos dicho al Parlamento. Esto es una cuestión de voluntad política, si no, nunca saldrá nada de aquí. Nosotros no lanzamos un ultimátum, sino que hicimos al Parlamento una pregunta bien clara: ¿Ustedes quieren que esto vaya hacia adelante? ¿Tienen interés? Nos damos hasta el 31 de marzo, no para formalizar un acuerdo, sino para ver si tiene una solución porque tenemos que buscar otras alternativas donde sea más conveniente.
- O sea, que en caso de desacuerdo, no van a esperar a que acabe la legislatura.
- ¿Por qué iba a ser diferente un nuevo Gobierno Vasco al anterior? Ya hubo uno con el que estaba todo a huevo para llegar a un acuerdo y se estropeó por su falta de previsión de lo que iba a pasar en las elecciones. O al revés: cuando uno va terminando su legislatura y le queda un año de tiempo, es bastante humano dejar la patata caliente al que viene detrás.
- ¿Y si el Gobierno se comprometiera a aportar una subvención que cubriera el déficit hasta que la situación económica cambiara y permitiera adquirir el museo?
- Con ese compromiso sí que estaríamos dispuestos a hablarlo, pero siempre que esté todo firmado y por escrito. Y si es factible, ¿por qué no? No es ése el problema. Lo que no puede ser es que después de todo lo que hemos hablado te vengan con unas perras y te digan que quieren abrir en Semana Santa. Ya se comprometieron a cubrir el déficit de los últimos años y luego no lo hicieron. Ya sabemos a dónde va esa historia y sabemos que la plantean para quedar bien ante todo el mundo dando la impresión de que están haciendo un esfuerzo, pero para nosotros ése no es el camino, salvo que haya algo más.
- Y si hay tanta comunicación, ¿por qué esa sensación de permanente malentendido? ¿Creen que han fallado los mediadores?
- En general, en nuestras tres reuniones con Urgell hemos estado muy a gusto, nos hemos entendido muy bien. El problema es que luego te envían unos documentos que no responden en absoluto a ese buen rollo, ni en las formas, ni en la documentación. No te lo puedes tomar bien en nigún aspecto. ¿Es cuestión de reunirse mucho para que luego te envíen muchos papeles? Ellos dicen que no ponen en duda el carácter monográfico, pero ellos ¿quiénes son para decir qué es un museo monográfico de Eduardo Chillida? Nosotros no vamos a vender nunca ni a ellos ni a nadie si no se dan nuestras condiciones. ¿Que la gente quiere abrir el museo a las nuevas industrias, tecnologías y artilugios? Muy bien, pero con el nuestro no lo van a hacer nunca y si no lo tienen claro...
-¿Tienen miedo a que coloquen una escultura de, por ejemplo, Oteiza frente a una de Chillida?
- ¿Miedo?
- O rechazo.
- Seré sincero: no tengo ninguna simpatía especial por el señor Oteiza, pero miedo no tengo ninguno. Hemos colaborado con el Museo Oteiza. De hecho, cuando pasó todo esto su director mostró su pesar y dijo que ellos habían ido por otros caminos. Bueno, en fin, la realidad es que lo están pasando fatal. Les hemos dejado varias veces obras y en la última exposición que iban a hacer, me llamaron para agradecerme el ofrecimiento pero que no iban a hacerla porque no tenían fondos. Y como ellos muchos otros. Ellos han invertido toda su energía en hacer cosas externas, grandes exposiciones muy costosas y ha llegado el momento en el que no lo pueden sostener.
- Quizás desde el Gobierno Vasco se pretende evitar que el museo se agote en una sola visita, programando muestras temporales.
- Eso es una soberana estupidez puesto que una gran mayoría de la gente que viene aquí ha vuelto. Todos los veranos hacíamos unas encuestas a la salida y más del 90% decía que repetiría visita. Los índices de satisfacción que teníamos no creo que se den en muchos museos.
- ¿Esperaban que los guipuzcoanos visitaran más el museo?
- Son los que menos han venido pero es bastante lógico. Eso pasa en Madrid, en Barcelona, en todas partes... La gente pasa por aquí y, primero, lo da ya por suyo. Se cree que es un museo público y que ahora, la familia Chillida se lo quiere quedar. De alguna manera, se ha intentado transmitir esa idea de que esto es patrimonio de todos. Mira, patrimonio cultural vasco lo es, pero el museo pertenece a la familia. En el resto del mundo e incluso en el resto de España se vive a Eduardo Chillida de una forma diferente a como se le vive aquí. Y cuanto más lejos de aquí estás, más de verdad se le vive porque su obra es lo que debe interesar a todos. El respeto hacia Eduardo Chillida en el resto de España es impresionante, algo que aquí echo en falta. Aquí lo que menos importa es la obra, salvo excepciones. Aquí lo importante es que es vasco, buen embajador del país, que atrae el turismo y también hay un cariño especial por él y debe haberlo porque hizo muchísimo por este país. La gente del país no ha llegado a entender Chillida-Leku. Y puedo poner el ejemplo de Gernika, en donde lo que ha pasado con el monumento de aita es una vergüenza absoluta.
- Da la sensación de que ustedes ya no tienen esperanzas en el Gobierno Vasco.
- Pocas, está muy complicado. Que se pueda abrir en Semana Santa es casi imposible. Pero las cosas siempre pueden cambiar.
- ¿Pero de la mano de quién?
- Del Gobierno central, por ejemplo. La señor Urgell y la señora Badiola dijeron que en enero nos volveríamos a reunir, pero eso me suena como lo de Tabakalera: nos reunimos otra vez y nos damos un plazo de reflexión. Pues por ahí no vemos demasiadas posibilidades. En su mano está que pase algo. Por nuestra parte hay voluntad y muy concreta. Lo que siempre hemos dicho es que si llegamos a un acuerdo tendrá que ser con unas bases jurídicas. Y por el momento, eso nunca ha existido. Todo lo que se ha ido hablando no era concreto.
- ¿Ni siquiera el precio?
- Una vergüenza, hablando mal y pronto. Fueron unas cifras que salieron de ellos. ¿Tú cómo puedes poner precio a lo que vas a comprar? Sólo eso es como para decir: 'oiga, váyase usted por ahí'. No te pueden decir cuánto vale tu casa, sobre todo, cuando la ha tasado un tasador oficial. 'No, la voy a tasar yo, que soy el que la va a comprar'. Cualquier juez invalidaría cualquier acuerdo por estar viciado desde el principio. Y como hagamos ahora la valoración, esa famosa cifra de la que todo el mundo habla -los 176 millones de euros- va a ser mayor. Ellos ofrecieron 80 como podían haber dicho 40 ó 35, fue una cifra que se inventaron.
- ¿Van a sacar obras a la venta?
- No lo sé. Somos reticentes a vender obra, pero lo haremos si nos parece correcto.