U n regimiento de pastorcillos, praderas que se extienden sin límite bañadas por ríos de curso inmóvil, bosques de palmeras, imponentes castillos, animales de granja y un sinfín de figuritas confeccionadas, en su mayor parte, en tela contribuyen a dotar de vida al Nacimiento que ayer inauguraba la tienda Erka suministros eléctricos de Errenteria en su escaparate. La vitrina de 16 metros de largo por dos de ancho acoge un macro-Belén que crece año tras año.
«Empezamos hace cinco poniendo uno pequeño. La cosa se fue animando y cada vez aumentamos la superficie un poco más, añadiendo novedades», comenta Ana Rodríguez, quien, junto a Juan Mari García, invierte dos semanas «intensivas» en montar ese auténtico poblado en el que el papel de roca convive con piedras de verdad y las estrellas de un firmamento en el que siempre es de noche ceden su brillo a las lucecitas parpadeantes.
«La gente lleva días preguntando cuándo estará listo. Los niños miran detrás del papel con el que cubrimos toda la cristalera y cuando está acabado, se pegan al cristal para verlo», aseguran los autores de este gran decorado al que no le falta detalle.
Su esfuerzo es similar al que otros muchos comerciantes realizan en estas fechas, en las que los escaparates -sin duda, los más cuidados de todo el año- se visten de fiesta para animar las compras. «Yo lo cuido en todas las temporadas, pero sí es cierto que en Navidad y con el concurso que se organiza en San Sebastián, intentó hacer algo que destaque aún más», admite Lorenzo Aranzabal, responsable del veterano establecimiento de hogar, menaje y regalos Casa Aranzabal.
Las vitrinas que se asoman a la calle Urbieta se han teñido de azul a través de un juego de luces que crea la falsa sensación de que batidoras, cubiertos, platos y copas de champán son tan navideños como las guirnaldas ya omnipresentes. «Encontré la idea en un libro y se me ocurrió colgar las cosas que vendemos en la tienda de marcos de cuadros vacíos. Es algo diferente. No hay ningún abeto ni los adornos típicos», señala.
La de utilizar los productos que se ofrecen al otro lado del mostrador, como en el caso de la librería Tamayo que recrea un árbol hecho a base de papel, es una tendencia en alza, aunque los profesionales del escaparate parecen reticentes a utilizar esta palabra cuando se trata de esas 'ventanas' abiertas a la Navidad. Así lo cree Mariu Emilas, licenciada en Bellas Artes y especialista en técnicas expositivas como la museografía y el escaparatismo.
«Este año no puede hablarse de tendencias propiamente dichas como en épocas anteriores», asegura, mientras realiza un repaso a la evolución registrada en las últimas décadas, en las que se ha pasado de propuestas «opulentas y cálidas», con los clásicos adornos en color verde y rojo, a lunas con montajes «minimalistas», cuyo objetivo era «crear una atmósfera más actual, más contemporánea y menos profusa».
Pero en los últimos años, la cosa ha cambiado. «En este momento, hablaría ya no tanto de 'tendencias', sino de 'recursos'. La crisis ha determinado que esa homogeneidad que ha habido durante mucho tiempo en las zonas comerciales de todas las ciudades haya pasado a convertirse en un panorama más heterogéneo, en el que la creatividad, la capacidad de reciclar y de combinar elementos totalmente dispares entre sí ha pasado a primer término», comenta Emilas.
A su juicio, lo que ahora se aplica al escaparate son «máximas» como la de «la necesidad agudiza el ingenio» e «imaginación al poder». «Y si nos damos un paseo por cualquier ciudad estos días, encontraremos vitrinas en las que conviven elementos navideños de hace una década con otros de hace dos años. La cuestión está en crear espacios atractivos. Hacerle un guiño al paseante y atraerlo como un imán. El reto es interesante. Ésta es una de las cuestiones esenciales del escaparatismo: cómo resolver un escaparate, es decir, transmitir el mensaje que deseamos, lograr una imagen vendedora y mágica con poco presupuesto, pocos elementos o elementos discordantes», explica.
Para Mariu Emilas, esto es algo que también está ocurriendo en la capital guipuzcoana, donde muchos comerciantes han «desempolvado» 'tesoros navideños', junto a objetos de otras temporadas, dando lugar a escaparates «muy personales y diferentes entre sí». «Otros han utilizado el término 'crisis' con optimismo y chispa, como la boutique Federica en la calle San Marcial, que ha colocado un vinilo en la luna con la frase 'Merry Crisis', u Oddity, que ha vuelto a su imagen impactante, de gran fuerza visual y provocadora de siempre con un escaparate cálido y atrevido en rojo y oro», argumenta.
En el extremo contrario se sitúan las franquicias y grandes firmas, «que pueden seguir, en estos tiempos un tanto complicados, con su política de merchandising y diferenciarse visualmente más que nunca del pequeño comercio». Loewe lo hace con cajas de cartón reconvertidas en elefantes, payasos, magos o conejos que salen de una chistera, «para evocar la nostalgia por los juegos infantiles y la ilusión por recibir los regalos de Navidad».
Por ir un poco más lejos, la casa Chanel alude en la tienda Printemps de París a sus últimas colecciones alrededor del mundo bajo el título de 'Navidad: Sueños de lejos', con «un resultado espectacular». Louis Vuitton se sumerge en el mundo de la magia y la fantasía del circo a través de malabaristas, doma dores, trapecistas, elefantes, focas, o incluso monos. «Son preciosos», concluye Emilas.