Doce meses sin humo

La normalizada aplicación de la ley antitabaco que entró en vigor hace un año demuestra una progresiva concienciación sobre los riesgos de fumar

La aplicación de la ley antitabaco está a punto de cumplir un año sin que la controversia que generó su entrada en vigor, fundamentalmente entre los fumadores y en el sector de la hostelería, haya redundado en incumplimientos que hayan puesto en cuestión la asunción normalizada de la norma por el conjunto de la ciudadanía y, en particular, por aquellos que discrepaban y discrepan de la misma. La progresiva acotación del consumo de cigarrillos, hasta su prohibición en espacios públicos de ocio como bares, restaurantes, discotecas o frontones, se ha ajustado a la también paulatina concienciación de la Administración y de la propia sociedad sobre los riesgos para la salud inherentes a la costumbre de fumar; y de los costes humanos y sanitarios, tanto visibles como invisibles, que comportan los tratamientos para los cánceres vinculados a la adicción al tabaco, los casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o los problemas cardiovasculares. La pacífica asimilación de la ley antitabaco -227 denuncias en Euskadi, 37 en Gipuzkoa- parece indicar que, además del mandato que implica la norma, ésta ha encontrado un terreno abonado en la creciente sensibilización de la ciudadanía ante los peligros del tabaco. De hecho, no es exagerado sostener que fumar ya no tiene buena fama y que gran parte de quienes se inician en el consumo o siguen 'enganchados' al cigarro son conscientes del mal que puede producirles ese hábito desarrollado en uso de su libertad personal. Una libertad que puede tener su lugar -han proliferado las terrazas en las calles para los fumadores-, pero que nunca habría de anteponerse a la libertad de quienes optan por no coger un cigarrillo y pretenden disfrutar así dentro de un bar o un restaurante; y al respeto que merece el objetivo colectivo de una vida lo más saludable posible, por más que ésta se vea afectada cotidianamente por otros factores de riesgo. Las dudas o excepciones que han surgido en torno a la aplicación de la ley -como la nebulosa en que han quedado en Euskadi las sociedades gastronómicas- no debería redundar en inseguridades jurídicas, ni tampoco llevar a perder de vista que la pretensión última de la norma es que descienda el consumo de tabaco combinando la imposición con la persuasión.

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