El 14 de febrero de 2005, el mismo día que el 'predictor' dio positivo, el informático José Luis Martínez decidió abrir un espacio en la red dedicado a su futuro primer hijo: «Otro blog más. Con este van algo así como 11.451.831», ironizaba en aquella primera entrada, además de pronosticar que el propio niño «probablemente será la única persona que lea absolutamente todo lo que alguna vez se escriba aquí». En esto último se equivocaba: el peque en cuestión resultó ser una niña, Anna, y ese sitio bautizado en su honor, 'El blog de Anna', se ha convertido en un espacio tremendamente popular, con seguidores entusiastas que protestan cuando tarda en actualizarlo.
El blog permite ver cómo van creciendo tres preciosas niñas -Anna, de 6 años; Abril, de 4, y Lea, que en enero cumplirá 2-, con la particularidad de que la mayor tiene síndrome de Down y una cardiopatía congénita. «Con el tiempo me di cuenta de que me leía mucha gente desconocida y estaba siendo de ayuda para otras personas que seguían este camino por detrás de nosotros», explica José Luis desde su casa de Castelldefels (Barcelona). ¿Qué han aprendido él y su esposa en este tiempo? «A respetar los tiempos de Anna. A armarnos de paciencia y saber ver que, tarde o temprano, llegará a los objetivos que de momento le proponemos nosotros y que en un futuro decidirá por sí misma».
El blog abunda en momentos de felicidad compartida y fotografías entrañables, pero también refleja lo complicado que puede resultar criar a un niño con este síndrome, con una maduración más lenta y dificultades de comunicación. «¿Pero acaso no lo es tener a un hijo sin síndrome de Down? -apunta José Luis-. ¡Y no quiero ni pensar en los años que me esperan cuando tenga tres hijas adolescentes!». El padre de Anna aboga por abolir los prejuicios y ciertas ideas preconcebidas: «¿Lo que más me molesta? Probablemente, que se trate a adultos con síndrome de Down como eternos niños. No puede ser que uno lea en prensa acerca de un chico con síndrome de Down y luego resulte que el 'chico' tiene 35 años. Ellos también tienen derecho a ser adultos y que se les trate como tales». ¿Y qué hay de Anna, sabe ella ya que es la protagonista de una página de internet? «No creo que sea consciente de momento. ¡Pero, allí donde va, le encanta repartir su tarjeta de visita con su nombre y la dirección del blog!».