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Los 80 y nosotros, que los bailamos tanto

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Los 80 y nosotros, que los bailamos tanto

Los nostálgicos de una década «dura y feliz» dicen que «entonces nos divertíamos más»

11.12.11 - 02:32 -
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Antes reina que ministra. Ahí está la foto: Cristina Garmendia, todavía ministra de Ciencia e Innovación, fue reina de la comparsa de Bataplán en el Carnaval donostiarra, uno de los símbolos de la década de los 80 en San Sebastián. Ella pasó de bailar al son de Boney M al Consejo de Ministros en la Moncloa. Pero el salto de aquella Gipuzkoa con fiebre de sábado noche a la de hoy no ha sido menor. «Hoy recordamos ese tiempo de los 80 como una época feliz, como si San Sebastián hubiese sido una fiesta continua. Pero quizás se trata de que, simplemente, teníamos treinta años menos», reflexiona ahora Tristán Montenegro, fundador de la discoteca Bataplán y testigo de los cambios en el ocio de la sociedad guipuzcoana.
Ésta es una historia para mayores de 40. Podría titularse «los 80 y nosotros, que los bailamos tanto», y tiene como banda sonora a Supertramp, The Police o Village People. La Real ganaba Ligas, la transición avanzaba entre la esperanza y el plomo y cada noche, en San Sebastián y principales núcleos de Gipuzkoa, se desataba un inusitado movimiento, como si nadie tuviese que madrugar el día siguiente.
Tarde feliz por 400 pesetas
«Salíamos más, bailábamos más, nos divertíamos más». Txema Barrena tiene hoy 53 años y es comercial. Pero a principios de los 80 pinchaba discos en el Discóbolo, en el Boulevard, y lograba que varios cientos de personas imitaran a Travolta apelotonados en la pista.
Barrena es el responsable indirecto de este reportaje: cada año, desde hace diez, reúne en Petritegi, Astigarraga, a nostálgicos de los 80 «y también simpatizantes, porque también se apuntan jóvenes que no conocieron aquello». Al principio acudían a la cita unas cuarenta personas. Este año han sido 110. Y la perspectiva es seguir creciendo. «Pagamos unos 30 euros, cenamos en la sidrería y luego nos juntamos a bailar en la discoteca del local». Txema Barrena pone la música, claro. Donna Summer, Village People, Status Quo, Supertramp, The Police, Rod Stewart... Y la gente baila como si fuese esa noche la última vez. «Me encanta bailar y esta cita es uno de los mejores momentos del año», dice la donostiarra Carol Cousillas, de 41 años. «Yo con 16 años ya iba al Discóbolo o a Keops, en Anoeta, a bailar al son de grupos como Modern Talking, y ahora revivo ese tiempo con mis amigas», explica. «Mi hija de 15 años se burla: dice que esa música es hortera. Yo le contesto que la música que le gusta a ella está llena de ruidos».
«Había movimiento por la noche pero también por las tardes: en el Discóbolo había tardes con más de 400 personas, que pagaban una entrada de 400 pesetas», recuerda Txema Barrena. «Entonces apenas se tomaba cerveza y era impensable que alguien pidiera un botellín de agua. Se bebían cubatas o Licor 43 con Coca-Cola. Y de vez en cuando había que meter una canción lenta porque a la gente le gustaba 'bailar pegados' a ratos», dice este veterano DJ («entonces nos llamábamos pinchadiscos») que sigue siendo un apasionado de la música y colecciona cientos de discos en casa. Hoy compagina su trabajo comercial con su papel de músico de la charanga Tximeleta.
Hollywood, el pionero
En San Sebastián los 80 empezaron antes: en 1977. Un local pintado de rojo, el Hollywood, fue el primer pub que hubo en Donostia. Hoy sigue funcionando con el mismo dueño, Adolfo Pantigoso, un crack de la noche donostiarra, y casi la misma clientela... treinta años mayor. «Antes yo trabajaba en la discoteca Tiffany's poniendo copas», rememora Pantigoso. «Un día fuimos a Pamplona y vi un local que se llamaba 'Conocerte es amarte, baby'. Era un pub con dos platos de música para pinchar discos. En San Sebastián, hasta entonces, sólo había bares o discotecas. Ahí descubrimos una vía intermedia». Y así, en 1977, Pantigoso monta el primer pub de Donostia con Chuchín Fernández-Garate, en la calle Blas de Lezo.
«Fue un éxito inmediato», sigue Pantigoso. «Todos los musiqueros de la ciudad venían al Hollywood. La Orquesta Mondragón, Gregorio Gálvez o Iñigo Galatas, que trabajaba entonces en Bengoa y elegía 'el disco de la semana'. La pasión por la música era esencial: pasábamos a la tienda 33/45 de Biarritz a comprar novedades. Mi colección es de 3.000 vinilos». Hoy, como símbolo del cambio de los tiempos, en los estantes donde estaban los discos hay una colección de más de cien ginebras.
Spandau Ballet, New Order, los nacientes U2, Elton John o Men at work sonaban en el Holly. Y por supuesto, la Fischer Z, que sigue sonando. «Actuaron en el polideportivo y luego les conocí en el Ku».
El dueño del Hollywood continúa su particular 'Cuéntame'. «Eran años distintos: se salía cada noche. Por las tardes, hasta las diez, venían las chavalas del Bartolo, con sus faldas plisadas, y los chicos de Marianistas. Por las noches, gente de más edad. Ahora todo ha cambiado: los chavales tienen sus locales y todos nos quedamos en casa enganchados a la tele o el ordenador».
Una Keler en dos vasos era la bebida mas repetida por los jóvenes que hoy tienen cuarentaytantos. La zona de San Bartolomé creció después: el Trocadero, el Bañeros, o el Twickenham se convirtieron en polo alternativo a una Parte Vieja que sufría casi diariamente los altercados de la época. Aunque, a la vez, la Maruja o el Etxekalte crecían como lugares de culto.
El nacimiento de Bataplán
Los más dinámicos subían al Ku, en Igeldo, o bailaban en el recién inaugurado Bataplán. En julio de 1979 abrió esa discoteca que terminaría convertida en referencia de la noche. La familia Sabadell gestionaba La Perla desde hace décadas y con Bataplán se abría al sector de las discos contemporáneas, recuerda Tristán Montenegro. «Eran años de abrir todas las noches».
Se redescubría el mundo: se recuperó el Carnaval de San Sebastián y Bataplán creó su comparsa, con aquellas espectaculares carrozas. «Todo el año vivíamos pensando en el Carnaval, sobre todo mi esposa, Maite Sabadell», rememora Montenegro. La foto de la ministra Garmendia en la carroza es todo un icono. Luego llegarían las fiestas sin alcohol por la tarde o el renacimiento del Festival de Cine.
De Irun al Maithuna
Cada municipio guipuzcoano tenía sus referentes. En Irun, discotecas como Gwendoline. En Tolosa, los bares Asteasuarra y Shanti, los pubs Mescal o Elorri y «cuando cerraba todo, en Belate estaba la discoteca Maithuna, donde bailábamos hasta el amanecer», recuerda un cuarentón habitual de entonces .
Javier F. Barrera, hoy periodista en el Ideal de Granada, fue feliz entonces, hasta el punto de que recientemente creó un grupo en Facebook sobre los 80. «Vivíamos del bar Pello al Hollywood, del Kazkabarra de la Consti a la Maruja y el Etxe Kalte. Por las mañanas, la bolera de Juan o Discos Ugarte».
Hablar de los 80 es mencionar también el Donosti Sound, con agitadores como Santi Ugarte y grupos como Puxkarra o Mogollón. Pero eso requiere otra historia. Sin ritmo de discoteca.
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Txema Barrena. Fue pinchadiscos en el Discóbolo del Boulevard y hoy es comercial. Monta cada año la fiesta de los nostálgicos de los 80 y posa aquí con sus viejos discos y su antiguo plato. Dice que la música de aquel tiempo era «divertida y festiva». :: LUSA

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