La repercusión creciente del espacio paralelo Ahotsenea en la actividad de la Azoka de Durango ha sido tal que ha arrastrado la creación de otros nuevos espacios este año dentro del programa oficial. Tras su despegue el año pasado, Ahotsenea, ante la avalancha de peticiones, ha ampliado su programa una jornada más. La organización calcula que por la carpa ha pasado o acudido a alguna presentación, concierto, charla o coloquio alrededor del 10% de los visitantes a la Azoka, lo que evidencia que «los creadores vascos siguen reclamando espacios».
Gotzon Barandiaran, uno de sus organizadores, afirma que los que lo más llamativo desde la organización ha sido comprobar «la diversidad de géneros y estilos de lo que se escribe y se canta en euskera, desde consagrados a debuts o autogestionados. El espacio completó su agenda semanas antes de la Feria y en cinco jornadas han tenido lugar 95 presentaciones, a razón de 19 diarias cada media hora, y han pasado por la carpa350 creadores, entre autores y músicos.
Descenso
Editoriales y discográficas valoran en positivo el empujón dado por Ahotsenea a la cita. Para Gorka Arrese, de Susa, «ha supuesto un vuelco grande porque la Azoka se había convertido en un mercado donde menguó la presencia del creador, que no se sentía cómodo porque no se veía solo vendiéndose a pie de stand». Coincide con él Pello Elzaburu, de Pamiela, que cree que la organización de la feria evoluciona por buen camino y facilita con estas iniciativas el encuentro entre autores que explican su obra y «tiene mérito hacerlo desde la militancia voluntaria como sus organizadores». Barandiaran cree que «las dos caras de la Azoka se complementan: primero oyes y escuchas al creador y luego vas al pabellón a comprar su obra».
Para uno de los triunfadores de esta feria, Harkaitz Cano, ha supuesto recuperar algo que se perdió: la voz de los creadores, «que era algo que había a principios de los 90 y yo recuerdo. Ahotsenea ha venido a rescatar esa voz que había quedado silenciada». Para Ubane Uzin, del sello musical Hotsak, la Azoka debe cuidar y mimar a expositores, escritores y músicos minoritarios y facilitarles las cosas para estar. «Aportan riqueza y algo especial. Si fallan los pequeños sería terrible: esto no se diferenciaría en nada de un simple centro comercial».