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75 años de universidad

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75 años de universidad

Hoy hemos de felicitarnos por la espléndida realidad que constituye nuestra Universidad del País Vasco que, con sus casi 45.000 alumnos, representa uno de nuestros mejores avales de futuro

02.12.11 - 03:06 -
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Lo que no fue posible en el año 1936, lo pudimos lograr en 1982. Los vascos disponemos hoy de una universidad, que siendo todavía joven, promete alcanzar un excelente perfil. La Guerra Civil interrumpió traumáticamente lo que no llegó a ser sino un balbuceo lleno de expectativas frustradas. Una de las primeras iniciativas del recién creado Gobierno Vasco presidido por el lehendakari José Antonio Aguirre fue la creación de la Universidad Vasca.
Creo que es pertinente recordar la circunstancia histórica en la que aquella primera Universidad fue creada. Desde siglos atrás el País Vasco había deseado tener una Universidad que colmara sus necesidades formativas. Hubo intentos como el de Oñate (1540), Vergara (1779) o Bilbao que no llegaron a alcanzar su maduración, tal vez debido a la negligencia de sus elites o tal vez a la falta de instrumentos políticos unitarios. La ocasión llegó de la mano del Partido Nacionalista Vasco liderado por Aguirre y del Partido Socialista capitaneado por Indalecio Prieto; el instrumento fue el Estatuto de Autonomía, el primer acuerdo constituyente del que nos dotamos los vascos.
Socialistas, comunistas, nacionalistas y republicanos configuraron el gobierno que asentaría las primeras piedras de nuestra autonomía política. Una de las primeras fue la de la Universidad que inició sus precarias actividades el 1 de diciembre de 1936. La experiencia no prosperó más de seis meses y concluyó con la ocupación de Bilbao por parte de los insurgentes. Quiero retener dos aspectos relevantes de aquella experiencia: la hizo posible un gobierno basado en el acuerdo entre distintos y fue el estatuto de autonomía el instrumento de su creación.
Transcurridos ya 75 años desde aquella efemérides, hoy hemos de felicitarnos por la espléndida realidad que constituye nuestra Universidad del País Vasco que con sus casi 45.000 alumnos representa uno de nuestros mejores avales de futuro.
Está bien recordar tiempos pasados y conmemorar acontecimientos históricos, pero ello no debe ser una excusa para refugiarnos en la nostalgia o en la melancolía. Antes bien, hemos de ser capaces de extraer de nuestra memoria la savia que conforma el curso de la historia. Me he referido al gobierno de concentración del año 1936 y también al estatuto que expresó el acuerdo fundamental entre distintos modos de entender lo vasco. Pienso que aquellos valores políticos continúan teniendo vigencia en esta hora histórica que vivimos.
En el desempeño de mis tareas en el actual gobierno del lehendakari López, me he esforzado por impulsar el acuerdo y hacer valer los instrumentos políticos de los que disponemos. El pacto y el estatuto son los mejores garantes de nuestro futuro y nuestra Universidad Vasca constituye la plasmación de ambos. Mantengo la convicción de que la educación es el eje del cambio, de todos los cambios sociales y económicos, y la Universidad es la institución capaz de crear conocimiento y transmitirlo. La Universidad no sería tal si se limitara a reproducir el conocimiento ya existente. La investigación es clave. Es el quid de la cuestión, porque, por delante de cualquier innovación incremental, se sitúa la necesidad de crear nuevo conocimiento, propio, con valor añadido, que nos permita competir y situarnos en posiciones prioritarias, a pesar de nuestro pequeño tamaño como país.
La inversión en ciencia, en investigación, no es un lujo del que podamos prescindir para atender necesidades más inmediatas. Estamos tratando de garantizar un desarrollo armónico, equilibrado entre investigación básica, aplicada, desarrollo tecnológico e innovación. Cada uno con su peso. Sin olvidar que hemos de hacer un esfuerzo mayor en investigación básica de primer nivel, especialmente en este país excesivamente apegado a la aplicación de lo inmediatamente útil. La investigación básica no puede detenerse, a pesar de la crisis. Más bien al contrario, ha de progresar para salir antes de ella y mejorar nuestra capacidad para enfrentarnos a la siguiente. Las sociedades que no comprendan esto, lastrarán su futuro de forma irremediable. Porque si nos detenemos, otros continuarán su camino y jamás podremos alcanzarles.
Hoy estamos invirtiendo en investigación un 37% más que en 2009 y estamos incrementando el número de investigadores por cada 100 personas ocupadas, aproximándonos ya a ratios de la Eurozona. Todavía, muy lejos de Finlandia o de Luxemburgo, pero en el buen camino.
La Universidad es el principal agente investigador del país. Y ésta es su naturaleza. Tenemos que lograr innovaciones radicales y éstas sólo serán posibles si se nutren de conocimiento nuevo y propio. Para ello, la investigación. Para ello, la Universidad.
El mérito de disponer hoy de una Universidad generalista, la UPV, la 2ª más grande de España y con vocación de excelencia es de todos, pero sobre todo lo es del personal que encarna la ambición educativa de conducir al País Vasco a la excelencia formativa que su historia y su presente demandan. Y ya que escribo sobre presente, mérito e historia, no quiero concluir sin mencionar a quienes nos antecedieron en la pasión por el conocimiento y la equidad desde las filas del socialismo vasco; me refiero a Tomás Meabe y a Toribio Echevarria, y, sobre todo, a los hermanos José y Juan Madinabeitia, médicos y socialistas de Oñate que también lucharon y soñaron con la Universidad vasca. Blasco Ibañez recreó la figura del doctor Madinabeitia en el personaje del doctor Aresti en la espléndida novela que tituló 'El intruso'. Aquel doctor Aresti que era capaz de empeñar su microscopio para curar a los más necesitados, representa un modelo de humanidad y sabiduría; hoy sería feliz viendo su sueño cumplido.
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