La UPV imparte la misma titulación de Ingeniería Química -aunque una de ellas no otorga atribuciones profesionales- en cuatro centros diferentes de tres campus distintos y con tan solo una veintena de alumnos en el primer curso en cada uno. El proyecto que ha puesto en marcha la UPV para ajustar la oferta de títulos a criterios de sostenibilidad trata de terminar con esas duplicidades que suponen un coste extra a la institución académica en tiempos de crisis. Sin embargo, también ha abierto un enfrentamiento entre las escuelas y el Rectorado por los criterios que ha utilizado para decidir qué centro se queda con el título, y entre las propias facultades que ven amenazado su futuro. La supresión de una carrera tiene graves consecuencias, profesores que se quedarán sin su plaza, másteres que pueden peligrar y pérdida de poder de departamentos. Las críticas no se han hecho esperar.
La comisión de ordenación académica de la UPV se reunió ayer para ultimar la propuesta de suprimir las ingenierías químicas de San Sebastián y Bilbao, la de Informática de Gestión también del campus guipuzcoano -con 15 alumnos en primer curso- y la Eléctrica de Vitoria (21 matrículas nuevas este año». Tanto la de Informática como al de Electricidad se impartía también en los tres territorios. El proyecto deberá pasar ahora por el Consejo de Gobierno del próximo 22 de diciembre para poder aplicarlo desde el curso 2012-2013.
Más alumnos en Bilbao
Las tres escuelas técnicas de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia han transmitido al Rectorado su oposición a este reajuste de la oferta. La de San Sebastián, una de las más afectadas, celebra hoy una asamblea para decidir las medidas que van a tomar. «La UPV no ahorra nada, es una operación de maquillaje. Los dos primeros años son comunes en todas las ingenierías, solo se suprimiría un tercer curso. Son cinco profesores menos, como mucho, pero la Universidad tiene que seguir pagando su sueldo», explica Rodrigo Llano-Ponte, docente de Ingeniería Química de la escuela guipuzcoana. Apunta, además, que el centro lidera la investigación en este área, tiene a 40 becarios trabajado en diferentes proyectos y un máster con mención de calidad. «Todo ello peligra, porque tanto el máster como el grupo de investigación se nutren de nuestros graduados», apunta. Considera que la UPV debería esperar al año 2016 en el que el Ministerio de Educación evaluará los grados para ajustar su oferta.
La batalla en los despachos ya se ha iniciado. Los responsables de los centros afectados se han entrevistado con las autoridades académicas para defender sus equipos. Sostienen que el Rectorado no se ha ajustado a criterios objetivos. «No se mantiene al centro con mayor número de matrículas», apunta un profesor de la escuela bilbaína, que tiene 28 alumnos en primer curso de Ingeniería Química, frente a los 19 de la alavesa, que será la que sobreviva. «Esta misma titulación se imparte en la Facultad de Ciencia y Tecnología, que no da atribuciones profesionales y también tiene una escasa matriculación. Pero el poder de esa facultad del campus de Leioa es muy grande», apunta otro docente de Gipuzkoa.
Los consejos de estudiantes de los centros afectados también han puesto ya el grito en el cielo y esperan a recibir la información oficial del Rectorado para llevar a cabo acciones de protesta. Por su parte, el sindicato UGT hizo público ayer un comunicado en el que criticó que este proceso de ajuste se ha llevado a cabo «sin contar con los representantes del profesorado», que se pueden ver afectados en el futuro por los cambios y «sin conocer los criterios que se aplican». «Si hay que ajustar la oferta se debe hacer con parámetros transparentes y objetivos y no, como pretenden, con oscuros intereses corporativistas», censuran.