Reconózcase y téngase en toda la República al ciudadano Miguel Balliache Ruiz como tal (Arquitecto)'. Así reza (en parte) el hermoso, orlado y apasionado título otorgado en 1998 por la Universidad de Venezuela al artista plástico que firma su obra con su apellido primero, regresó a esta su tierra con el III Milenio y encuentra en la basura tesoros e inspiración. Vive y crea en el Paseo de Zubiaurre. Trabaja ahora en el Costa Vasca.
- ¿Por qué no hiciste Bellas Artes?
- No me pesa. En absoluto. A veces sí pienso que debería pasar por esa carrera pero ¿sabes? En Arquitectura te enseñan a resolver problemas y las técnicas indispensables para producir y construir.Gracias a esa licenciatura controlo las herramientas, el espacio, el universo micro y el macro. Sé y conozco pesos, medidas, equilibrios y recuerdo la reacción del óxido. En Miami aprendí las técnicas de la pintura, de la escultura. Y de mi abuela, que cosía pelucas para Balenciaga, la pasión por los hilos y los botones. Mi abuelo fue pastelero y a mí me encanta la cocina... Al final, eres el resultado de lo que los tuyos fueron y son (Zumeta es familia), de lo que estudiaste, de tus vivencias, de lo que te gusta y de lo que no.
- ... De lo que encuentras en la basura: ¡Tesoros!
- Me encanta ofrecer a los materiales desechados vidas nuevas. Convertir materias muy duras, fuertes y tremendas como el hierro en puros dibujos que se mantienen en el aire. Varillas oxidadas transformadas en corazones. No pierden fuerza masculina pero ganan un toque de obra casi femenina.
- Reciclas desechos para crear pero también para vivir.
- Me siento bien rodeado de cosas que han vivido su propia historia. Objetos manchados de experiencia. Este bajo en el que vivo y construyo mi obra es una mezcla total, independiente y republicana de Ikea, Traperos de Emaús y recorrido por las basuras de Donosti. Me pierden los basureros. Paso por ejemplo por ese grandísimo desgüace que hay en Pasajes, con sus grúas gigantescas y sus montañas de chatarra y me obsesiono al pensar que van a fundir un material en el que acaso yo encontraría mi obra. Voy a Traperos y me encuentro orlas magníficas de la facultad de Medicina de Zaragoza, del año 63...
- Y la plantas en el baño.
- Junto a Mazinger. ¿Y has visto esta Heidi? ¡La auténtica! Por un euro.
- ¿Y ese Kennedy retratado con las letras x y w de una vieja máquina de escribir?
- Pues otro euro. Y en Traperos.
- La foto de tu madre de niña será tesoro familiar, supongo.
- Claro. Como esa caja de bombones de Goya, la casa de Vitoria.
- ¡ Guau, cómo ha cambiado el diseño, qué estilizados están los dibujos de los vasquitos de la tapa!
- Me hicieron una ilusión... Me los regalaron un cumpleaños en el hotel donde estuve trabajando. Allí también fue empleado mi abuelo.
- No diremos el nombre del lugar porque vamos a hablar de sus fieles fantasmas. ¿Los vistes?
- Digamos que los he... conocido. El espíritu de aquella desgraciada criada que, cuentan, bebió lejía.
- Me gusta eso de que aparte de las dos nacionalidades, venezolana y española, reconozcas con orgullo que tienes dos crianzas.
- La vasca y la latina. Sueño con hacer una exposición sobre la emigración. Cómo partieron mis abuelos y cómo hemos venido mi hermano y yo trayéndonos a nuestra madre que así ha vuelto a su tierra. Cómo a veces vivimos aquí lo bueno y lo malo que los abuelos conocieron allá por ser eso: emigrantes.
- ¿Qué tal van las cosas en el mundo y el mercado del arte?
- Supongo que los coleccionistas nunca dejarán de tener dinero para comprar pero ¿cómo demonios puedes encontrar a ese coleccionista dispuesto a adquirir tu obra y a abrirte puertas? No es que el mundo del arte esté parado en Donosti: Europa entera está en dique seco.
- Entonces, ¿hay que volver a cruzar el charco?
- Tal vez, no lo sé, ¿cómo?
- ¿Internet acaso?
- Es el gran escaparate para tu obra. Si viajas, viaja contigo. Con solo dar a una tecla enseñas al cliente todo lo que deseas que vea. Pero tienes que tener la web perfectamente cuidada. Y tu tarjeta de presentación debe ser atractiva y clara.
- En la tuya pone 'Artista plástico'. Sin más.
- No iba a escribir los nombres de los artistas que me influyen.
- Nómbralos aquí
- Basquiat, Maplethorpe, Bacon...
- Ecléctico.
- Tanto que en esa obra que se entrevee en la foto yo siento de alguna forma un Bacon suavizado pero alguien intuyó a ¡Hannibal Lecter!
- Como influencia no está mal.
- Para nada. ¿Recuerdas la frase final de 'El silencio de los corderos?
- Ambigua, conociendo sus gustos: 'tengo un amigo para cenar'.
- ¿No crees que el amor tiene un punto gastronómico algo caníbal? Piensa cuando dices: 'Déjame, voy a cocinarte... porque te quiero'.