La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) comenzó ayer a purgar sus pecados y lavar su imagen pública. El primer paso fue la presentación de la auditoría externa dirigida por el abogado y exmagistrado del Tribunal Supremo Ramón López Vilas y realizada por Ernst&Young. Desde septiembre, han entrevistado a casi cincuenta personas, y estudiado todos los papeles de la entidad para comprobar que «las facturas tuvieran su contrato». Asimismo, analizaron las decisiones que tomó la entidad que gobernó Teddy Bautista durante 28 años. Mejor dicho, las ideas que ejecutó él mismo. Porque el informe acusa al expresidente del consejo de dirección de «megalómano», de atesorar el máximo poder posible en una sola persona y de tomar decisiones muy personales, sin contar con nadie, como la gestión de los teatros Arteria.
El propio magistrado calificó de «elefantístico» este proyecto. «Las decisiones de compra de espacios no estaban soportadas en una estrategia previa con un plan de negocios que justificara económicamente la inversión. Eran decisiones individuales, movidas por una idea general, acaso bienintencionada, pero sin un necesario estudio, soporte y planificación de riesgos o rentabilidades», aseguró López Vilas. Los números llamaron su atención. La Fundación Autor, el instrumento de la SGAE para la compra de la red Arteria, se gastó 255 millones a septiembre de 2011, de los que 215 millones se invirtieron en España y el resto en América. Además, en esta partida hay que incluir casi nueve millones (8,8) que se destinaron a proyectos que luego fracasaron. El auditor está convencido de que la SGAE «no va a recuperar la inversión nunca».
Gran parte de este dinero se destinó a pagar los honorarios de los arquitectos Santiago Fajardo y Antón García Abril, elegidos personalmente por Bautista. Los dos cobraron 1,4 millones por el teatro de Zaragoza; 2,7 millones por Torre de Valencia y la misma cantidad por el palacio Infante Don Luis, de Boadilla del Monte (Madrid). La SGAE invirtió 83,7 millones en los madrileños Lope de Vega y Coliseum, cuando no generan ingresos superiores a 3,5 millones al año. También se gastó 12,1 millones en el teatro Paral-lel de Barcelona; 17,2 millones por el teatro Campos Elíseos de Bilbao y otros 5 millones en adecentar el cine California de Madrid para convertirlo en la sala Berlanga. El caso más llamativo es el del teatro Al-Andalus de Sevilla, donde se invirtieron 62,5 millones en un recinto valorado en 24.
Sistema presidencialista
Además de las compras, Teddy Bautista puso al mando de las obras de todos los teatros a Ángel Quintanilla y Emilio Cabrera, ambos apartados por la nueva dirección; en cuanto a la programación, de esta se ocupó Luis Álvarez, cuya elección tampoco salió de ningún concurso público. «No se puede estar tantos años y con tanto poder». Esa es la conclusión más gráfica del magistrado sobre la importancia que adquirió Bautista desde que se convirtió en vicepresidente en 1983.
«Ha sido un sistema presidencialista, como una monarquía absoluta», dijo Ramón López Vilas quien explicó que mientras el poder de Teddy Bautista subía, el resto de órganos de la SGAE se debilitaban. «El consejo de administración permitió a su más alto ejecutivo que las decisiones de la entidad, en las áreas de Sistemas y de Arteria, se correspondieran a decisiones personales, intuitivas y, hasta cierto punto, caprichosas, sin respaldo en los criterios de medición que la propia organización contempla en su actividad como entidad», aseguró López Vilas, quien también destacó los logros de Bautista, como el de multiplicar por diez los ingresos de la SGAE. Con el respaldo del presidente, José Luis Rodríguez Neri llegó a la SDAE, la filial digital de la SGAE. Esta empresa, según el auditor, se desentendió de las «reglas de calidad» y los procedimientos habituales de un buen gobierno.
La comisión rectora decidió enviar el informe completo a la Audiencia Nacional para ayudar en la investigación de la 'operación Saga', donde están imputados Bautista, Neri y el director general, Enrique Loras.