Los pésimos hábitos de alimentación adquiridos en los últimos años, como consecuencia del ritmo frenético al que se ve sometida la sociedad actual, ha provocado un problema social alarmante que de no corregirse traerá serias consecuencias en la población futura. Hoy en día la obesidad es la enfermedad nutricional más frecuente en niños y adolescentes en los países desarrollados. La península ocupa el décimo tercer lugar a nivel mundial en cuanto al número de obesos, -y el tercero, en Europa-, destacando en primer lugar en este desafortunado ranking, Estados Unidos, seguido de México.
Para hacer frente a este problema nutricional que de cara al futuro puede acarrear enfermedades crónicas y una calidad de vida deficiente al paciente, el Hospital Alto Deba puso en marcha en febrero de 2010, la Clínica de Obesidad y Nutrición Infantil dirigida hacia aquellos pacientes diagnosticados en Atención Primaria con sobrepeso-obesidad, según criterios establecidos. En ella el objetivo fundamental es erradicar hábitos nutricionales y estilos de vida poco saludables, tanto del niño obeso como de su familia. Desde su puesta en marcha, a fecha de hoy son 78 los pacientes de entre 5 y 10 años de edad, que atiende la clínica, con un control mensual.
No se nace, se hace
Lejos de lo que muchos padres piensan, con la obesidad no se nace, sino que en la mayoría de los casos se hace. « Lógicamente puede ser que exista influencia genética, pero la mayoría de las veces se da por los malos hábitos de alimentación y la falta de ejercicio. Es necesario reconocer la tremenda complejidad de los factores que determinan la conducta alimentaria y que se relacionan con influencias de tipo genético, familiar y social», explica el pediatra especialista en endocrinología, Daniel Jiménez Villarreal. «Por otra parte, dependiendo de la edad puede afectar más a un sexo u otro. En el caso del sobrepeso, -esto es aumento del peso corporal con relación a lo esperado en talla y edad-, prácticamente están a la par en el sexo masculino y en el femenino, 26.3 y 25.9%, y en lo relativo a la obesidad, esto es la acumulación excesiva de grasa corporal, es mayor en los chicos, en la preadolescencia; sin embargo en la adolescencia, la obesidad se da más en las chicas».
El tratamiento de la obesidad, lejos de ser fácil, es complicado, lento y prolongado. Sin embargo, a pesar de las dificultades, es necesario insistir en él, debido a las consecuencias tan negativas que acarrea en la salud médica como en la psicológica del niño y del adolescente. En este sentido, es esencial trabajar en la prevención de la obesidad, concienciando a pediatras, enfermeras, educadores y padres, sobre la importancia de la educación nutricional de los niños desde edades muy tempranas. «En la clínica, lo que hacemos no es solo tratar al niño como paciente, en si, sino intentar sobre todo involucrar a los padres. Siempre pedimos la presencia de ambos padres en la mayoría de las veces, o por lo menos del que le da de comer al crío. Además añadimos charlas nutricionales a los padres para tener un contacto estrecho con ellos, y como la cita es mes a mes, estamos muy encima y vemos los adelantos o no del tratamiento. Pero la adhesión al programa es significativa en cuanto al compromiso de la familia. Si la familia se compromete, si nos casamos con el proyecto, las cosas cambian. Cuando no hay apoyo familiar, esto falla. Y el compromiso nuestro, en este caso, es acercar a la clínica a la familia; no entender al niño como un enfermo sino como que está en una situación familiar, en la que tenemos que modificar los hábitos de toda la familia. De hecho tenemos testimonios donde al cambiar los hábitos del crío, y los padres ser conscientes de esto, los hábitos de los padres también han cambiado para bien. Entonces el colesterol de los padres se ha modificado, la hipertensión también, salen todos como familia a hacer deporte... y todo porque se han adherido al programa».
Equipo multidisciplinar
En este empeño de cambiar los hábitos nutricionales, junto al doctor Jiménez, trabaja un equipo multidisciplinar formado por el pediatra, Agustín Rodríguez Ortíz, la médico de Digestivo Lissette Delgado Sanzonetti, la dietista Laura Alutiz Cano y la enfermera Cristina Letamendi Azula. «De cara al futuro queremos ofrecer también apoyo psicológico al chaval, por que es muy importante, con personas que sepan llevar adecuadamente este tipo de situaciones. De esta forma redondearíamos el marco multidisciplinario para dar una buena atención», explica el doctor Jiménez-Villarreal.
Y es que una de las consecuencias inmediatas que puede acarrear este tipo de patologías es la morbilidad psicológica. «Generalmente son niños que los relegan un poco en el patio o en los momentos de jugar, porque no tienen la agilidad que se requiere para un partido de fútbol, para una carrera, o para cualquier deporte. Entonces terminan relegados a no hacer un ejercicio y eso les crea ansiedad y hasta depresión, y les incita a comer más. Por ello hay que ver cuánto afecta al crío, a su autoestima, como se ve él con respecto a los demás... Pero luego de cara al futuro, evidentemente, los niños que fueron obesos en su niñez tienen muchas posibilidades de permanecer obesos en su etapa de adulto y entonces vienen los problemas de hipertensión, de problemas con los lípidos, (colesterol y triglicéridos), problemas cardiovasculares... y termina siendo un paciente crónico», indica el pediatra.
Hábitos de alimentación
Y es que los actuales hábitos de alimentación dejan bastante que desear. El ritmo de vida instalado en el día a día de la mayoría de los trabajadores, y el acceso a la comida rápida, han tirado por tierra, las recomendaciones de los médicos de realizar cinco comidas diarias, con un desayuno potente y equilibrado, un 'tentempié saludable' a media mañana, una comida completa en tres tiempos, una merienda y una cena. También, los videojuegos y la televisión, le han hecho un flaco favor a la práctica deportiva, hasta el punto que está demostrado que las horas consumidas frente al televisor, influyen directamente sobre el grado de obesidad o sobrepeso que presenta el paciente.
Por otra parte, también cabe preguntarse: ¿son adecuados los comedores escolares para los chavales que presentan sobrepeso? A juicio del doctor Jiménez-Villarreal, los menús que ofrecen este tipo de comedores son equilibrados y cumplen muy bien su función. «El problema pueden ser las porciones, esto es, que el niño se coma su plato y el del amiguito, que no le gusta nada lo que ponen. Por ello, lo que hacemos es mandar un informe a la escuela para que sepan que el chaval está en tratamiento y que se le vigile un poco más. Por lo demás no hay ningún problema en que coma en el comedor escolar. A mi personalmente más miedo me dan dos momentos del año que son las vacaciones de verano, y las Navidades, donde el descontrol es total».