diariovasco.com
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 20 / 24 || Mañana 13 / 20 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
La política y la emoción

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

La política y la emoción

El abuso del enfoque emocional en la política puede llevar con facilidad al populismo, porque nada hay más fácil de excitar y manipular ante los fenómenos complejos que las emociones simples

12.11.11 - 02:18 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
La política no es un ámbito dominado en exclusiva por la razón, esto es algo bastante claro. Spinoza decía que el solo conocimiento es incapaz de mover a la acción humana, que se requiere el afecto (la pasión) para motivar ese comportamiento. Las emociones no deben entonces verse como elementos que distorsionan una presunta racionalidad aséptica de la política (que nunca ha existido ni existirá), sino como parte integrante y necesaria de cualquier política. Las emociones son también una forma de conocimiento. Así, la política y el sentimiento no se excluyen mutuamente, sino todo lo contrario: los sentimientos tienen una gran capacidad de impactar en el espacio público en forma de vivencias compartidas al servicio de objetivos políticos, como dice Xavier Etxeberria. Sentado lo cual, hay que añadir: ¡pero qué difícil es manejar adecuadamente la emoción en la política! ¡Qué difícil es hacer una política emocional con mesura! Porque, dicho en términos sencillos, una cosa es la «política con emoción» y otra muy distinta la «política de la emoción».
La simpatía ante el dolor ajeno (la compasión) puede ser el argumento político más capaz de motivar la acción, como el caso de las víctimas del terrorismo demuestra en el País Vasco: ninguna invocación retórica a la democracia, a la justicia o al Estado de Derecho ha tenido entre nosotros la capacidad deslegitimatoria del discurso terrorista que ha tenido la presencia de las víctimas: precisamente porque generaba emoción. Pero no es menos cierto que el abuso del discurso del sufrimiento puede llegar a emborronar la percepción correcta del fenómeno terrorista y su relato adecuado.
La política con emoción debe tocar los sentimientos para integrar los proyectos que propone en uno compartido, so pena de no mover a la acción. Pero no todas las emociones son igual de adecuadas para el desarrollo del proyecto de una democracia liberal. Hay emociones que son inestables, fugaces e incontrolables: la ira o la indignación son una de ellas, susceptibles de provocar una revolución o una revuelta, pero incapaces de sostenerse en el tiempo si no se transforman en reflexión compartida. El ejemplo de lo que pasó con el 'espíritu de Ermua', o la amenaza de adocenamiento del movimiento de los indignados, lo muestran. Hay otras que son emociones demasiado cálidas y absorbentes que hacen que sus sujetos se recreen demasiado en su vivencia y no dejen lugar para otras. La autoestima colectiva y el orgullo nacional es una de ellas. El miedo es, por su parte, la emoción más utilizada en la política, porque nada mueve al ser humano tanto como el temor al mal, sea éste real o imaginario. Pero es una emoción con frutos negativos, cuyo abuso por los gobernantes no suele llevar sino a la animosidad contra los portadores del mal (cuentan los polemólogos que el miedo ha sido en la historia la principal causa de las guerras).
Emociones más humildes, que hoy incluso se perciben socialmente como rémoras a evitar, son mucho mejores guías del gobierno de una sociedad abierta. Por ejemplo, la culpa y la vergüenza. Y es que el sentimiento propio de vergüenza ante la humillación de otros, ante el trato no decente que reciben algunos, ante las inequidades del mundo, es probablemente la emoción que más fruto rinde a la larga y que mejor se acopla con la virtud intelectual de la justicia. Pero no es fácil hacer que la vergüenza surja en el ciudadano contemporáneo, que se resiste denodadamente ante ese sentimiento tan corrosivo y prefiere por ello no ver las situaciones que deberían provocarla (de esto tenemos también buen ejemplo en nuestro inmediato derredor), aunque una vez que aparece es un sentimiento implacable para orientar la política hacia lo mejor. El sentimiento de culpa -la base de la vergüenza- es la mejor guía emocional de la humanidad en su retorcido camino hacia el progreso moral.
Ahora bien, el abuso del enfoque emocional en la política puede llevar con facilidad al populismo, porque nada hay más fácil de excitar y manipular ante los fenómenos complejos que las emociones simples. Y, al mismo tiempo, nada vende mejor que la emoción, se trate de vender comunicación, imagen, proyectos o prestigio, con independencia de todo criterio de valor sobre eso que se vende. Por eso se está convirtiendo la comunicación (y la política detrás de ella) en una actividad a la búsqueda constante de charcos emocionales en los que poder patear y de los que poder abrevar.
En la democracia de audiencia y de proximidad en que vivimos al político se le exige incluso que muestre públicamente su emoción y su empatía con los ciudadanos en problemas, que salte un poco por encima del pudor y haga de su emoción un espectáculo colectivo. Y aquí también reside el riesgo de caer en una política de la emoción, en la que el político se muta en un exhibicionista que justifica su proyecto por, precisamente, la emoción que le causa. Un libro de Santiago González ('Lágrimas socialdemócratas') ha diseccionado precisamente este concreto uso desviado de la emoción de que ha hecho gala el 'zapaterismo': es decir, el caso de los gobernantes que no sólo se emocionaban, sino que se extasiaban arrobados ante su propia emoción y la mostraban al público como argumento inapelable de la corrección moral de sus decisiones: «mi emoción me explica». Es un caso del 'culto a la emoción' de que ha hablado Michel Lacroix. Eso no era hacer política con emoción, sino hacer política de la emoción. Era sentimentalismo, es decir, el sentimiento sin la guía de la razón. Y, además, dicho sea de paso, daba dentera.
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
La política y la emoción

:: ALFONSO BERRIDI

Videos de Más actualidad
más videos [+]
Más actualidad
Diario Vasco

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.