«De entrada, la experiencia se presenta interesante, bonita y dura, muy dura», comentaba el día antes de embarcar Alberto Iñurrategi a DV, refiriéndose a la aventura que ayer mismo emprendieron desde Loiu, rumbo a Ciudad del Cabo, para volar seguidamente a la base rusa antártica de Novolazarevskaya. El objetivo de la expedición Naturgas/BBK Transantartika 2011 en la que participan, además del alpinista atxabaltarra, el alavés Juan Vallejo y el navarro Mikel Zabalza, componentes del equipo de Bat Basque Team, es nada menos que realizar una travesía en el llamado Continente Blanco. La misma durará previsiblemente unos setenta días y además escalarán una imponente pared de las que se componen las montañas de la Tierra de la Reina Maud. También pasarán por el Polo Sur, precisamente 100 años después de que el explorador noruego Roald Amundsen pisara por primera vez aquél mítico punto el 14 de diciembre de 1911.
Esquís, trineo, cometas...
A lo largo de este año Alberto, Mikel y Juan, ya han tenido experiencia polar, o experiencia en el denominado «alpinismo horizontal» con una dura aventura vivida en Groenlandia la pasada primavera. La recorrieron de sur a norte a través de 2.300 kilómetros en 32 días. Ahora, este equipo trata de realizar 3.700 kilómetros de travesía por el continente helado en el polo opuesto, la enigmática Antártida. Lo harán de la misma forma, con esquís, arrastrando un trineo de unos 170 kilos de peso cada uno, tirados por cometas, por lo que su avance estará totalmente a merced del viento: «Sabemos que emprender esta aventura es subir un peldaño más con respecto a la dureza que significó la travesía en Groenlandia, ya que la Antártida se presenta como una experiencia bastante más dura», comenta Alberto Iñurrategi.
Serán setenta días de travesía. Por lo menos es el tope de días que tendrán para culminar la aventura antártica, puesto que llevan todo el material perfectamente estudiado para que como máximo permanezcan en el hielo ese tiempo. Pretenden estar de regreso en casa hacia finales de enero: «Llevamos justo setenta raciones de comida y esto es lo que va a marcar el límite de tiempo que vamos a tener para hacer la travesía», señala Alberto.
Un capricho de escalada
Un aliciente han añadido los tres alpinista vascos a esta expedición polar con respecto a la del Ártico de la pasada primavera en Groenlandia. En esta ocasión pretenden, además de la aventura en sí que es atravesar la Antártida pasando por el mítico Polo Sur, pararse antes en las montañas de la Tierra de la Reina Maud y escalar una de sus espectaculares paredes en el monte Holtanna de 2.650 metros.
Intentarán la arista Sur de esta montaña, escalando una pared de unos 400 metros de verticalidad: «Con las limitaciones de peso también nos limitamos a la hora de elegir la vía a escalar», señala Alberto a la vez que anuncia que «por la reducción de material lo intentaremos escalar en libre».
Está previsto la ascensión a esta montaña en la primera parte de la travesía y según nos decía Alberto «para cuando nos pongamos a escalar no llevaremos más que 200/300 kilómetros desde que salgamos de la base rusa. La verdad que escalar en la Antártida se nos presenta como una ocasión de oro. Al pasar por aquel sitio tan extraordinario, no podíamos prescindir de probar sus paredes. Ciertamente es un capricho escalar en la Tierra de la Reina Maud, vamos a ver si todo nos sale según lo previsto y cumplimos los objetivos, pero sabemos que no será fácil».
El peligro de la monotonía
Si hay algo que les preocupa al conjunto del Bat Basque Team es caer en la previsible monotonía. Y así lo compara Alberto Iñurrategi: «La sensación de aislamiento en la Antártida va a ser mayor que la vivida en Groenlandia. No puede fallar absolutamente nada. Si el esfuerzo físico es mayor, psicológicamente la presión va a ser mucho mayor», explica, para añadir: «La monotonía, como experiencia, puede estar bien, pero no deja de ser muy dura. Allí aprendimos a convivir en estas situaciones extremadamente difíciles». Alberto comentaba que acabaron en Groenlandia bastante saturados de la monotonía que una empresa de esta envergadura ofrece: «Terminamos bastante hartos de tanta cometa, tanto frío, comiendo lo mismo, viendo las mismas caras, y el mismo paisaje...», pero por el contrario se mostraba Alberto contento con esta nueva aventura: «Pese a todo estamos muy motivados y con ilusión de abordar este interesante proyecto porque la experiencia que vivamos es única».
Es inevitable seguir comparando la experiencia vivida en Groenlandia con la que vivirán en la Antártida. Y hablando de frío, Alberto señalaba: «Puede que haga algo más frío que en Groenlandia, pero tampoco habrá grandes diferencias. Allí tuvimos unos 35 grados bajo cero. En la Antártida puede que algún día lleguemos a los -40º». Estos últimos días lo han mirado en internet: «El fin de semana pasado daban entre -27º y -37º», señala con optimismo Iñurrategi.
El objetivo es complicado, pero conociéndoles, seguro que acabarán con éxito esta nueva aventura.