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«La música es para mí un arte y una creencia, es emoción e intelecto»

Aurora Escales, Profesional de la enseñanza de la música y amante del piano

«La música es para mí un arte y una creencia, es emoción e intelecto»

Está muy centrada en el mundo de la música. Quienes le conocen pueden aseverar esta afirmación, que lo es en toda la regla

11.11.11 - 02:36 -
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No diga música ni piano, sino que pronuncie este nombre: Aurora Escales Aranaz. Es hija de mis buenos amigos Antonio y Aurora. Irundarra que nació en Anzaran hace 46 años, es la esposa de Fernando Álvarez Astaburuaga y la amatxo de Javier, un chaval de ocho años que promete todo y más. Familia aparte, su gran amor es la música, algo que descubrió con tan sólo cinco añitos. Estudió en el Instituto de Hondarribia hasta COU, cursó la selectividad y ya se entrega a su mundo. Tiene los títulos superiores de Piano y Pedagogía Musical, el título elemental de viola y el diploma de musicoterapeuta. Lo suyo es lo que es, a través de una formación continua: profesora de solfeo y pianista acompañante en el Conservatorio de Música, profesora de solfeo y de taller infantil en el colegio San Ignacio (Jesuitas), profesora de música en el Orfeón Donostiarra y desde marzo de 2008 ejerce como musicoterapeuta en el centro de día Gibeleta. Da clases desde los 19 años y le encanta disfrutar de su tiempo ocioso en internet, lo mismo que salsear con los ordenadores. Le gusta leer libros relacionados con la medicina y tiene una gran riqueza interior.
-Eres Aurora, sin más.
-Porque así se llama mi madre.
-Si afirmo que amas la música, ¿me equivoco?
-En absoluto, aciertas de plano. Y disfruto con la música cuando la hago con mis manos, componiendo, improvisando, interpretándola o cuando enseño.
-¿Desde cuándo eres musicóloga?, valga la expresión.
-Desde que tenía cinco años. ¿Sabes lo que le dije a mi madre?
-Díme.
-'Ama, quiero ir donde las niñas tocan música en el cuarto con la monja'. Eso era en el colegio de las madres pasionistas de Mendibil.
-Y ya coincides con sor Olga...
-Con sor Olga Ezquerra, que tenía unos ojos turquesa preciosos, como de siestecita, como que daba calorcito a los niños. Nunca he visto una monja tan guapa y me enseñó hasta 4º de piano. Recuerdo que después de comer y antes de volver a clase, me sentaba en un piano viejo y tocaba para los ancianos del centro. Me hacía mucha ilusión que me escucharan.
-Y sigues creciendo...
-Hasta los 19 años voy a la academia Echeveste, con María Pilar, y luego empiezo a buscar nuevos retos ilusionantes. Paso por Donosti, con Blanca Burgaleta; por el Conservatorio de Madrid y obtengo el 8º de piano, con Manuel Carra; por Bilbao y estoy con Carlos Ibarra. Y en medio de todo, contacto con esa gran persona y mejor pianista que es Ricardo Requejo.
-Tal y como lo cuentas, intuyo que sientes por él una gran admiración. ¿Es así?
-Así es, con Ricardo he aprendido muchísimo, eso que llamamos la parte emocional y delicada del piano. Sor Olga y él han sido las personas que más me han marcado.
-¿Tienes algún antecedente musico-familiar?
-Mi madre, que fue mi principal instigadora. Luego, he crecido con la pasión y la sabiduría de mi hermano Antxon: somos las dos mitades de la naranja, porque él sabe y yo toco.
-¿Qué te gusta más? ¿Enseñar o tocar?
-La verdad es que no se puede enseñar sin tocar, aunque yo prefiero más enseñar que tocar en un escenario.
-¿Hay alguna edad ideal para aprender música?
-No hay edades sino deseos. Desde los tres años se puede aprender, poco a poco. A esa edad entra todo. Pero hay otras edades...
-Sí...
-Por ejemplo, mi alumna Karmele Urrutia, que empezó con casi cincuenta años, y tres después toca de todo y muy bien. Cuando se quiere aprender no hay edad que te frene. También tengo en clase a su hijo Telmo, que está conmigo desde los cinco años.
-¿Cuál es tu instrumento favorito?
-El piano (no duda), porque con él encuentro todas las posibilidades del espectro musical. Con un piano tienes acceso a todo tipo de música. Su timbre, que me apasiona, es cálido, denso y noble. Lo es todo, gracias a su gran versatilidad.
-Definamos, ¿qué es la música para tí?
-Es un arte y una creencia, dos partes en un solo cuerpo. Es alimento emocional y alimento intelectual, extrapolables a todos los aspectos vitales. La música es un placer, ya en términos coloquiales. Es una razón y un sustento de vida.
-¿Podrías vivir sin la música?
-Igual sí, pero mucho peor que con élla. La verdad es que no me puedo ni imaginar esa hipótesis. Creo que me moriría de pena.
-¿La música habla en idiomas o es un idioma universal?
-Totalmente universal. El ser humano, desde que nace, transforma los sonidos de la naturaleza en sonidos musicales y artísticos. Recuerda aquellos primitivos que sacaban música de un hueso.
-¿Se puede vivir de la música?
-Sí, pero sin muchos caprichos. Hoy día, el sistema no permite que los profesores libres examinemos a los alumnos y eso marca.
-¿Cuál es tu mejor recuerdo como profesora?
-Tengo uno muy reciente. Y ha sido conseguir un piano en donación para un niño de altas capacidades y sin medios. Te cuento.
-Te escucho.
-Sucedió que Aitor Manterola, del asador 'Patxiku Enea', conoció a un niño a quién escuchó tocar dos días después de la muerte de su padre. El crío (10 años) era Nicolás Cassinelli Rouet y no tenía piano. Se lo conté a Aitor y se puso en marcha. Total, que Aitor acabó consiguiendo el piano, que llegó a Hendaia desde Niza. Nicolás lo estrenó allí mismo, en la calle. Fue muy emocionante. En la operación también intervino mucho José Luis Velaz, un alumno mío de 63 años, muy generoso y que vive en Urruña.
-Y tu hijo ¿cómo va?
-Tiene un gran oído, pero no manifiesta una inclinación expresa por la música. Yo no le fuerzo, sería una equivocación; de hacerlo, incluso le podría cerrar el paso a otras posibles manifestaciones artísticas. Ya se verá, hay tiempo y mucha vida.
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«La música es para mí un arte y una creencia, es emoción e intelecto»

Aurora, apoyada en su piano y con su alumna más fiel, la perrita 'Muxu'. :: FERNANDO DE LA HERA

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