Podía haber sido una afroamericana sin recursos que desilusionara a los cámaras y alimentase la teoría de la conspiración mediática contra él, pero la primera mujer que da la cara en público para acusar a Herman Cain de acoso sexual es rubia, de buena presencia, graduada universitaria, madre de un hijo de 13 años, afiliada al Partido Republicano e incluso simpatizante del ultraderechista 'Tea Party' que ha abrazado a Cain.
Sharon Bialek es la cuarta de la que tienen noticia los medios. Las otras tres han optado por evitar el escrutinio público y la humillación de repetir las acusaciones en voz alta. Parecidas, según el abogado de una de ellas, a las que Bialek ni siquiera se había atrevido a contar hasta ayer, «porque, francamente, estaba avergonzada», admitió con la voz temblorosa. «Aparcó el coche, me metió la mano por debajo de la falda y me tocó los genitales mientras me llevaba la mano a los suyos», contó. Cuando ella puso el grito en el cielo, su respuesta fue: «Quieres un trabajo, ¿no?».
Ella lo había buscado para eso, pero no estaba dispuesta a pasar por su cama. O por la de la suite presidencial del hotel Capitol Hilton que él acababa de conseguirle. La reserva la había hecho su novio para una habitación sencilla. El mismo que le sugirió que contactase al entonces presidente de la Asociacion Nacional de Restauradores que tan amable había sido con ellos en dos ocasiones, para ver si podía lograrle otro puesto de trabajo en la organización que acababa de despedirla con la excusa de que no recaudaba suficientes fondos para una fundación de Chicago. «Parece que el señor Cain te tiene en alta estima, ¿por qué no le llamas a ver si te ayuda?», le sugirió el novio, que ya no está unido a ella sentimentalmente pero ha firmado una declaración jurada que corrobora esta versión.
«Te he ascendido»
Cuando Bialek llegó al hotel de Washington DC en el que había quedado con Cain para tomar café, se encontró con una suite presidencial. Al principio pensó que su novio intentaba agasajarla, pero pronto Cain le dejaría claro a quién se lo debía. «Te he ascendido», le informó. La tarde derivó en un
restaurante italiano y la oferta de enseñarle las oficinas de la asociación, antes del incidente narrado que arruinaría para siempre la memoria de esa noche.
Hace un mes, Bialek volvió a encontrar a Cain en una conferencia del 'Tea Party' y se le acercó «para ver si era suficiente hombre de reconocer lo que había hecho». El la saludó incómodo y se quitó de en medio. Cuando Politico.com publicó la existencia de dos demandas de acoso sexual contra él que la Asociación de Restauradores enterró con una compensación económica, Cain negó que hubiera tenido un comportamiento inapropiado con ninguna mujer.