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«Las peores inundaciones que he visto»

INUNDACIONES

«Las peores inundaciones que he visto»

Vecinos de Hernani, Astigarraga y Ergobia explican los difíciles momentos vividos. «Estamos asustados; llevamos todo el día en casa con velas y linternas», afirma un hernaniarra

07.11.11 - 02:29 -
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Hernani y Astigarraga se convirtieron ayer en auténticos pantanos. El Urumea no paró de crecer durante todo el día, alimentado por las fuertes lluvias, conquistando a su paso barrios enteros. Completamente incomunicados desde por la mañana, los vecinos de las zonas afectadas veían impotentes desde sus ventanas cómo el agua sumergía por completo sus vehículos
Caos total el que se vivió ayer en Hernani durante todo el día, que además se fue complicando según fueron pasando las horas. Si ya se amaneció con los campos de rugby y fútbol de Landare y Zubipe inundados por el desbordamiento del río Urumea, lo peor estaba aún por llegar, ya que a media mañana el desbordamiento del río ya inundó por completo los barrios de Karabel y El Puerto, los más próximos al Urumea.
En estas dos áreas fue precisamente donde se vivieron los momentos más complicados. No hay que olvidar tampoco la situación vivida en el barrio La Florida, donde una inicial gran balsa de agua se acabó convirtiendo en una gran inundación que alcanzó zonas que no se habían inundado nunca en Hernani, como el punto en el que se encuentran los supermercados de Lidl y Dia. Ello impidió que se pudiera acceder al barrio Etxeberri, algo parecido a lo que sucedió también en Zikuñaga, que aunque tampoco se inundó sí contó con enormes dificultades para acceder al barrio. A ello hubo que sumarle que la conexión de Hernani con Astigarraga por la carretera tradicional también estuvo cortada desde el mediodía, lo que obligó en todos los casos a utilizar el nuevo corredor del Urumea.
«Me he levantado sobre las 10 y he visto que estaba todo inundado. En cuanto nos hemos enterado, mi padre ha ido a ayudar a mis abuelos, que viven en esa zona», comentaba Pablo, un niño vecino del barrio de Zikuñaga, muy cercano al de Karabel, mientras señalaba la casa de sus abuelos desde el puente.
Los vecinos de Karabel se llevaron la peor parte, sin duda alguna. Tras las grandes inundaciones del verano del 84, parecía ya olvidada esta pesadilla para una zona que en épocas pasadas había sido muy castigada por el agua del río. José atiende la llamada de DV a las ocho de la tarde, en una casa sin luz y rodeado de agua por todos los lados. «Estamos asustados. La verdad es que después de todo este tiempo, estas inundaciones están siendo peores que las del 84. Entonces sucedió en agosto y mucha gente estaba fuera, pero ahora todos estamos en casa. Todo Karabel lleva todo el día metido en casa, con velas y linternas, y mirando constantemente el nivel del agua».
«Se veía venir, el río estaba especialmente sucio, con mucho ramaje tapando el paso del agua por el puente y al final se tenía que salir», remarca un José que se muestra «indignado». «Es una vergüenza», se queja. Karabel, además de anegado, con el agua que en muchos casos llegaba hasta el acceso al ascensor de los portales, estuvo sin luz desde las dos de la tarde. Día complicado que se inició cuando sobre las once de la mañana llegó el aviso por medio de la Guardia Municipal.
Crecer y crecer
El nivel del agua crecía conforme pasaban las horas y llegó a sobrepasar los bancos del parque cercano al barrio hernaniatarra. Paqui Pozo contaba así su experiencia. «Ha estado toda la noche lloviendo y con viento. Que se inunde la zona del campo de fútbol es más habitual, pero el barrio de Karabel igual hace más de 15 años que no sufría una inundación así».
Félix fue uno de los que aprovechó las primeras horas de la mañana para sacar a su madre del barrio. «Vivo en el centro y ante la situación me he acercado para llevar a mi madre a casa. La verdad es que el tiempo que hemos estado en la vivienda de Karabel nos ha complicado luego el poder salir, casi nos tenemos que quedar. Ha sido impresionante».
Otra vecina, mientras observaba la situación con las calles repletas de agua, se congratulaba del consejo recibido por parte de su marido. «Ya nos habían avisado, pero como en otras muchas ocasiones daban la alarma y no pasaba nada, había dejado el coche aparcado en el barrio. Mi marido me ha comentado que pintaba mal y esta misma mañana lo he sacado», comentaba mientras miraba a un vehículo cubierto por el agua casi en su totalidad. Otro vecino, de los muchos que se acercaron a ver la situación de Karabel, lo tenía claro, «Por mucho que se haga, cada 20 ó 30 años Karabel se inundará. La naturaleza tiene mucha fuerza».
El Puerto también se vio muy afectado por la crecida del río, un barrio que muchos hernaniarras jamás habían visto anegado. Aunque en una situación no tan extrema como la de Karabel, buena parte de sus vecinos también tuvieron que pasar el día y la noche en casa, sin luz durante muchas horas. Con resignación, buena parte de ellos seguían desde las ventanas el nivel que alcanzaba el agua, mientras que los propietarios del bar Pedro Mari, en plena plaza del barrio, se afanaban por colocar un pequeño tabique para hacer frente a la crecida del río.
Por la tarde, cuando se vivieron los peores momentos, el agua llegó hasta las ventanas de las plantas más bajas. Un vecino lo comentaba resignado. «Está entrando agua, pero no puedo hacer nada hasta que baje el nivel del río». Aunque en líneas generales la situación la vivieron con tranquilidad, ello no impidió que tuvieran que verse imágenes de alguna persona mayor angustiada que tuvo que ser ayudada para poder salir de su vivienda.
Una anguila en el sumidero
El barrio de Ergobia, acceso a Astigarraga desde Hernani, fue otra de las zonas afectadas. Desde las once de la mañana, el agua irrumpió en las calles del pueblo e impidió por completo el acceso al mismo por carretera. Agentes de la Brigada Móvil de la Ertzaintza tuvieron que rescatar a vecinos de inmuebles cercanos al río, en los que el agua superaba ya el metro y medio de altura. Las viviendas evacuadas son casas bajas ubicadas junto al río Urumea que se encontraban, pasadas las cinco y media de la tarde, a un metro del desbordamiento. En la zona permanecían recursos de buceo y montaña de la Policía vasca. Al finalizar la tarde se habían rescatado a seis niños y a cuatro adultos. Además, el suministro eléctrico se interrumpió durante más de cinco horas, lo que generó una situación caótica.
Contenedores de reciclaje flotando a la deriva, coches completamente sumergidos y locales inundados eran algunas de las imágenes que se podían ver. «A las once he mirado por la venta y había un poco de agua, pero he visto cómo un autobús pasaba sin problemas. En media hora he vuelto a mirar y ya estaba todo completamente inundado. Ya no se podía entrar en coche al pueblo», explicaba Ana, una vecina de Astigarraga.
En ese mismo barrio un grupo de vecinos intentaba salvar todo lo posible de los garajes que habían sido conquistados por el agua. «Hemos visto por la mañana que estaba todo el garaje inundado y hemos intentado subir lo más alto posible todo lo que teníamos. Cuando hemos ido a sacar el coche no arrancaba, así que ahora estamos esperando al todoterreno de la Policía Municipal para que nos lo saque», explicaba Seila.
En el mismo lugar, Marimar relataba una curiosa anécdota fruto de la crecida del río. «Ha salido una anguila de uno de los sumideros y al verla hemos ido todos a cogerla. Con un plástico he conseguido agarrarla, pero se me ha escapado. Ha sido una aventura asquerosa pero emocionante a la vez», comentaba.
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