Los habitantes de la isla canaria del Hierro llevan meses angustiados por la presencia junto a sus costas de un volcán submarino. Ha habido gente que incluso ha tenido que ser evacuada de sus domicilios. Pues que no se les ocurra a las autoridades del Cabildo Insular o al Ayuntamiento de Valverde, la capital, invitar a pasar allí unas vacaciones a Martínez de Irujo. Seguro que el volcán se pone en erupción cuando menos lo esperan.
El de Ibero fue un volcán incontrolable de juego y gracias a que es como es pudo sumar su primer punto de la liguilla de semifinales del Campeonato del Cuatro y Medio a costa de Aimar Olaizola. Al partido, jugado a un ritmo endiablado, le sobraron los errores que cometieron ambos pelotaris. Lo que no le faltó fue emoción por las alternativas en el marcador. Y buen juego, aunque de forma intermitente. El público se lo pasó en grande y despidió a los protagonistas con una gran ovación.
El volcán Irujo parecía estar dormido cuando comenzaron las hostilidades. No pasó mucho tiempo hasta que despertó de su letargo. La primera réplica llegó cuando Aimar hizo subir el tercer tanto a su casillero. El saque del goizuetarra, corto, botó justamente en la raya, pero el juez de adelante decidió que continuara la jugada. Irujo se lo recriminó y tras no poder llevar a buena la pelota más tarde, se fue hacia él visiblemente enojado. Estaría fundido de lava en ese mismo instante si nos atenemos a la mirada que le dedicó el de Ibero. De sus ojos salían cenizas y fuego.
Y es que las cosas no comenzaron nada bien para sus intereses. Aimar llevaba la voz cantante en la cancha y en el marcador, mientras que Irujo, acelerado al máximo, caía una y otra vez en la tela de araña que tejía con paciencia el menor de la saga de los Olaizola. Del 3-0 inicial se pasó en una abrir y cerrar de ojos a un 7-1. Aimar encontraba los huecos necesarios para entrar de gancho y a Irujo no le quedaba otro remedio que ver cómo su rival ponía tierra de por medio.
Los consejos de Eugi
Accedió por fin a prestar atención a los consejos que Patxi Eugi, su botillero, le daba desde la silla. Ya más pausado, sin exceso de revoluciones, Irujo fue poco a poco limando diferencias en el luminoso. Su moral subía enteros con cada tanto que lograba. Llegó a ponerse a un tanto (11-10) y después tuvo la osadía de colocarse por delante (13-15) gracias a una tacada de cinco tantos consecutivos. Habían cambiado las tornas.
Pero al igual que sucede cuando Irujo está en la cancha, a Aimar no se le puede dar nunca por vencido. Es competitivo por naturaleza. No le gusta perder ni a las canicas, y menos ante Irujo.
Alternancia en el marcador
El marcador fue cambiando de dueño alternativamente hasta que Aimar alcanzó el cartón veinte, que parecía definitivo. Nada más lejos de la realidad porque el goizuetarra no pudo hacer ningún tanto más. Un Irujo en tromba se fue directo al 22. No había quien le parase, ni siquiera el mismísimo Aimar.
Cuando el goizuetarra no pudo poner en el negro la última pelota, Irujo dio rienda suelta de forma espontánea a todo lo que llevaba dentro. Un gesto de rabia para sacudirse la tensión acumulada. Irujo supo sufrir para llevarse la victoria ante un Aimar al que quizás se le vio con menos chispa que en anteriores partidos, pero aún le quedan otras dos oportunidades.
Un dato. Aimar jugó todo el partido con las pelotas de Irujo, mientras que el de Ibero sólo utilizó una vez el material de su rival y perdió el tanto. Desistió de inmediato.