Redonda, áspera, ligeramente dulce. Perfecta para acompañarla con queso y membrillo. La galleta de avena fue elaborada con semillas orgánicas de la primera cosecha comercial de Duchy Home Farm, la granja del príncipe de Gales que colinda con su residencia rural de Highgrove, en el condado de Gloucester, a unas dos horas en tren desde Londres. Con la rústica galleta, lanzada al mercado en 1992, el heredero del trono británico dio a conocer su marca de productos orgánicos, Duchy Originals, y recogió el primer fruto productivo de un sueño que le obsesionaba desde décadas atrás.
El príncipe cuidó de niño una pequeña huerta de verduras y plantas aromáticas. Compartía con su hermana Anna una parcela en el césped del palacio de Buckingham, pero no sintió la llamada de socorro de la tierra hasta que adquirió Highgrove a principios de los años ochenta. «Deseaba sanar el campo. Vendar sus heridas y revestirlo de la forma apropiada», explica en la introducción de un libro sobre su finca, 'El jardín de Highgrove', que escribió en colaboración con Candida Lycett Green. En el texto, Carlos alerta sobre las consecuencias de la agricultura y la jardinería modernas que, según denuncia, «consisten en una furiosa batalla contra la naturaleza y, en mi corazón de corazones, siento que solo puede terminar en lágrimas».
En 1986 dio los primeros pasos para crear en Highgrove un «círculo virtuoso» para producir alimentos de alta calidad respetando y preservando el medioambiente. Desde entonces, los campos de Home Farm se dejan periódicamente en barbecho y se rotan cultivos de verduras y granos para maximizar la nutrición de la tierra sin abonos ni fertilizantes químicos. La homeopatía veterinaria tiene prioridad sobre los antibióticos para tratar al ganado común y los ejemplares raros de ovejas y cerdos británicos que pastan libremente. Una década más tarde, en 1996, la granja obtuvo el certificado de producción orgánica que avala en Reino Unido la Soil Association (Asociación de la Tierra).
Los principios orgánicos se aplicaron inicialmente en los jardines de la mansión. Pero a medida que Carlos recuperaba flores silvestres, reponía lindes con arbustos y piedras de la región y creaba «entornos espirituales» en su propiedad rural, también crecían las burlas de la prensa popular. «El príncipe de Gales está como una regadera: se comunica con las plantas», sugirieron los tabloides cuando el amo de Highgrove dijo que «para obtener los mejores resultados, uno debe hablar con sus vegetales». En cambio, con el experimento de la granja, el príncipe se ha ganado el respeto del movimiento verde.
Los reproches proceden de los sectores más críticos de la sociedad británica. El grupo de presión Republic recuerda que el rico heredero cobra subvenciones de la Unión Europea en torno al medio millón de euros para la explotación de su Home Farm.
Ocho millones
La última voz de alarma saltó recientemente contra un par de ungüentos de fitoterapia comercializados por Duchy Originals. La empresa del príncipe promociona gotas con extractos de flores de echinacea o dandelion como efectivos remedios contra catarros y asma, que también favorecen la eliminación natural de toxinas y ayudan a mantener una digestión saludable. Un comité parlamentario ha advertido que este tipo de productos homeopáticos son tan útiles como un placebo, es decir, solo sirven como estímulo psicológico más que real para aliviar dolencias en los humanos. Edzard Ernst, catedrático de la Universidad de Exeter, ha comparado a Carlos con un «vendedor de aceite de serpiente».
Las cosechas de Highgrove no dan abasto para elaborar los cerca de 300 productos que ahora se elaboran y comercializan bajo la marca Duchy Originals. De la primera galleta de avena, la empresa se ha diversificado al resto de los sectores alimentarios y hoy se puede degustar algo del imperio del príncipe de Gales en cada comida del día: cereales, mermelada y yogur con el desayuno; carne de vaca, cordero o cerdo, al mediodía; infusiones de hierbas y onzas de chocolate para merendar; verduras y salsas de frutas para la cena. Pero el ecosistema orgánico y las fórmulas de producción sostenible se exigen al parecer a todos los proveedores de la firma, cuyos beneficios se destinan a las fundaciones benéficas del hijo granjero de la reina Isabel II.
Duchy Originals comenzó a dar réditos en 1999, nueve años después de su fundación. Una década más tarde había repartido cerca de ocho millones de euros entre proyectos benéficos, según afirman los gestores de una marca cuyo nombre hace referencia al ducado de Cornualles, fuente de ingresos del heredero de la Corona británica desde el siglo XIV.
La crisis financiera castigó duramente al sector orgánico, pero el príncipe de Gales ha encontrado una salida milagrosa a la recesión que alejaba al consumidor de sus artículos de alta calidad y precios desorbitados. Duchy Originals aseguró su supervivencia cediendo a una cadena de supermercados de élite, Waitrose, la licencia en exclusiva para producir y distribuir su género. El acuerdo garantiza la expansión del sueño comercial del príncipe, que retiene retiene además la propiedad de su negocio y ejerce de asesor en la toma de decisiones de sus nuevos socios.
Los gustos de la abuela
Waitrose pertenece a los grandes almacenes John Lewis, la cooperativa más grande de Reino Unido, con un plantilla de 76.500 empleados que son a su vez socios accionistas. El holding corporativo quiere ampliar hasta el medio millar la gama de productos de Duchy Originals, además de acercarlos a Europa y reforzar su presencia en Estados Unidos.
El plan de expansión europeo ha comenzado en España. Desde este verano, El Corte Inglés ofrece galletas de avena, biscotes de mantequilla y jengibre, pastas de naranja y chocolate, mermeladas, té e infusiones de hierba bajo el rebautizado nombre Duchy Originals from Waitrose. La elitista marca se ha estrenado con fuerza en los 'rincones gourmet' de Alicante y Madrid (Paseo de la Castellana), aunque El Corte Inglés prevé ampliar la distribución a medio centenar de sus establecimientos.
Lo que todavía no ofrece la empresa de Carlos es el plato favorito de su abuela, la Reina Madre Isabel. El heredero al trono acaba de publicar otro libro, 'Taste of Mey' (Sabor de Mey), donde desvela que Elizabeth Bowes-Lyon se pirraba por el Oeufs Drumkilbo, una especie de cóctel de gambas que incluye langosta, anchoas, huevos y tabasco. El plato ha desaparecido de los menús de palacio, pero los nostálgicos todavía pueden degustarlo en el hotel londinense The Goring, donde Kate Middleton se alojó la noche antes de su boda con Guillermo. Todo muy retro, pero de orgánico nada.