«Todo muy bonito y pedagógico, pero mis alumnos llegan sin saber escribir, tienen unas faltas de ortografía terribles», se queja un profesor universitario que prefiere no dar su nombre porque es consciente de que sus palabras no son muy correctas políticamente hablando. «Lo que pasa es que, como estudian en euskera, si se matriculan en una carrera en castellano vienen con escasas nociones ortográficas», asegura.
El bilingüismo es uno de los dos factores a los que se les suele achacar la mala ortografía de los alumnos. El otro son los SMS o redes sociales como Tuenti o Facebook, en las que los jóvenes se cruzan sin tregua mensajes cortos, palabras abreviadas y garrafales errores ortográficos. El Premio Nobel Mario Vargas Llosa no se mordió la lengua el pasado mes de abril cuando aseguró en una entrevista que «los jóvenes que chatean piensan como un mono» y afirmó que internet ha acabado con la gramática, «ha liquidado la gramática, de modo que se vive una especie de barbarie sintáctica».
«Estamos en una enseñanza bilingüe, lo que se nota en la ortografía porque se producen interferencias entre el euskera y el castellano, sobre todo en las bes, las ges y la ka», señala Jesús Grisaleña. Estas interferencias afectan sobre todo al castellano, que es donde se detectan más errores. «El caso del euskera es algo diferente porque no es una lengua tan normalizada y cometes faltas sin saber que lo son», asegura Ainhoa Ezeiza.
El problema de las interferencias puede convertirse no obstante en una oportunidad porque, como dice Ezeiza, «es más fácil enseñar ortografía a los bilingües que a los monolingües, que no tienen que diferenciar entre una lengua y otra».
En cuanto a Vargas Llosa, a Mari Mar Pérez sus palabras le parecen «un poco apocalípticas». «La lengua de los chavales en las redes ha sido creada para ese contexto. Ellos saben distinguir, no son errores, se trata de una utilización que tiene que ver con la rentabilidad del espacio y de los caracteres permitidos». Por eso, sostiene que vincular las faltas de ortografía «con los SMS, Tuenti o chatear es mezclar churras con merinas de una manera muy alarmista».
Ezeiza es algo más prudente. «Los investigadores no se muestran claramente en contra de este tipo de mensajes. Probablemente habrá incidido, pero no se sabe con certeza». Lo que sí es cierto, afirma, es que «el que escribe bien también lo hace en SMS y no porque usa todas las letras, sino por su capacidad de expresión». De todas formas, lo de ahorrar letras no es nada nuevo. «Es tan antiguo como las Glosas Emilianenses, que son abreviaturas de las transcripciones y se utilizaban continuamente», recuerda Mari Mar Pérez.