Si alguien creía haberlo escuchado ya todo sobre la estación de autobuses, se equivocaba. Tras la moción aprobada en el Pleno de septiembre en la que se pidió al gobierno municipal el inicio inmediato de las obras, el ejecutivo local se descolgó ayer con una rueda de prensa para pedir a los grupos de la corporación que «reflexionen» sobre la conveniencia de trasladar la estación a Riberas de Loiola. Bildu cree que las afecciones al tráfico, los condicionantes que tiene Atotxa, y la opinión de las empresas de transporte favorables a Riberas hacen necesario repensar la ubicación de este equipamiento. Pero los concejales de Movilidad y Urbanismo no concretaron cómo materializar su idea (a la vista de que en Riberas ya no hay parcela municipal), ni cuál sería el coste de la operación, en base a qué proyecto, ni en qué plazos podría ser una realidad. Todos los partidos de la oposición -19 votos de 27 en el Pleno- rechazaron la idea.
La comparecencia de Albizu y Burutaran sonó ayer al último cartucho de un asunto que debe quedar despejado para el próximo miércoles, cuando el alcalde presentará el programa de gobierno para la legislatura en el Debate sobre el Estado de la Ciudad que se celebrará en el Pleno del Ayuntamiento.
Uno de los argumentos que emplearon los miembros del gobierno municipal es que en Atotxa la intermodalidad entre la estación de autobuses y el Topo «no existe», obviando que hay un proyecto de ramal entre Egia y la plaza de Zaragoza para conectar la estación de Atotxa con el Metro. En Riberas está prevista la construcción de un intercambiador ferroviario que unirá en una misma estación a los pasajeros de Euskotren y Adif, pero preguntados por el tipo de intermodalidad que habría en Riberas de Loiola entre tren de alta velocidad y estación de autobuses la respuesta fue que «todos los trenes de largo recorrido podrían técnicamente detenerse en Riberas».
Las principales objeciones a ubicar la estación de autobuses en Atotxa se centraron en la congestión que supondría para el paseo Bizkaia la conducción de los autobuses hasta el paseo Federico García Lorca. Burutaran señaló que los estudios de tráfico de la estación de Atotxa están calculados en base a «modelos del año 2004». También apuntó que cuando la Diputación dio su visto bueno a este equipamiento, lo hizo con la necesidad de despejar «dudas» que a día de hoy siguen presentes. Entre ellas, la definición de unas «dársenas de reserva a ubicar en superficie» por si la estación no diera de sí en horas punta o ante un previsible aumento futuro de los servicios. Otra de las pegas es que al tener sólo 23 dársenas, la estación de Atotxa reducirá de 30 a 20 minutos el tiempo máximo de estacionamiento de los autobuses, lo que podría provocar que los vehículos tuvieran que salir, circular y volver a entrar de nuevo para cumplir con este precepto, lo que aumentaría la congestión de los viales alrededor del río. El proyecto contempla la habilitación de un tercer carril de circulación en el paseo Federico García Lorca, lo que «quitará aparcamientos» a la zona, y exigirá probablemente la realización de un carril reservado para los autobuses en el paseo Bizkaia.
Burutaran también fue taxativo al señalar que la Diputación les ha asegurado que «los diez operadores de transporte de la estación preferirían Riberas a Atotxa».
Finalmente, Albizu señaló que el acceso de los autobuses a la estación de Riberas se podría hacer habilitando una nueva salida de la A-8 a la altura de Ciudad Jardín. Esta idea, que se barajó hace años en el Ayuntamiento, ayudaría también a la eliminación del viaducto de Carlos I y a su «peatonalización». El concejal de Movilidad defendió que Riberas ofrece una mejor conexión con las líneas urbanas e interurbanas de autobús.
Los representantes de Bildu enumeraron las pegas de la estación de Atotxa, pero no supieron aclarar cómo se materializaría su opción, teniendo en cuenta que la parcela de Riberas de Loiola destinada en su día para la estación de autobuses fue vendida al Gobierno Vasco para la construcción de su sede administrativa en San Sebastián. Tampoco precisaron cuánto costaría este traslado -compra de parcela, cambio de planeamiento urbanístico, indemnización a la UTE empresarial que ha ganado el concurso de Atotxa, construcción de un nuevo acceso a la variante-. Y sólo acertaron a decir que «para 2016» podría estar construida la estación de Riberas. Albizu y Burutaran hicieron «un llamamiento a la sensatez» de los grupos de la corporación para que se adopte «la mejor solución estratégica para la ciudad».