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Cien años, muchas estrellas y un 'lifting'

TURISMO. EL CAMBIO DE UN HOTEL

Cien años, muchas estrellas y un 'lifting'

El María Cristina cierra hoy para acometer una reforma de nueve meses. Su historia y sus anécdotas reflejan un siglo de Donostia. Inaugurado por la reina María Cristina en 1912, fue símbolo de la Belle Epoque, barricada en la guerra civil o antesala del cielo para Bette Davis. Su historia es también de 5 estrellas

09.10.11 - 04:05 -
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Empleados del María Cristina saludan en la puerta del hotel. [J.M. LÓPEZ]
Leon Trotsky dijo que le encantaba el hotel, pero se quejó de lo caro que era todo en San Sebastián. El actor Glenn Ford fue tan feliz en su suite que no había forma de echarlo: los responsables del Festival de Cine tuvieron que invitarle a que se fuera. A Bruce Springsteen le sedujo tanto que repitió, como los Rolling Stones. Y Bette Davis salió de su habitación en ambulancia para morir en París días después.
Es más que un hotel: un espejo fiel del último siglo de San Sebastián. La reina María Cristina fue la primera persona que traspasó oficialmente su umbral, el 9 de julio de 1912. En los dulces años de la Belle Epoque durmieron en sus habitaciones Mata Hari o Coco Chanel. En 1936 los fieles a la república y los insurgentes se enfrentaron a tiros junto a sus paredes y los impactos de bala siguen ahí. A partir de los 50 el Festival de Cine trajo el desfile de estrellas, de Elizabeth Taylor a Julia Roberts. Cientos de parejas se han casado en sus salones, donde se han cerrado negocios, se han suscrito pactos políticos o han impartido conferencias intelectuales de primer nivel.
La leyenda continúa. El 'cinco estrellas' donostiarra cierra hoy sus puertas para acometer una profunda rehabilitación. A mediodía saldrán los últimos clientes y mañana mismo comenzará una reforma que cambiará las tripas del edificio y la decoración de salones y habitaciones. El hotel volverá a abrir en julio de 2012 para celebrar su centenario por todo lo alto.
El arquitecto del Ritz
La construcción del María Cristina supuso una inversión de casi 1.800.000 pesetas; la reforma actual costará veinte millones de euros, algo así como 3.000 veces más. De esa cifra 16 millones de euros es aportada por la cadena Starwood, concesionaria hasta 2038, y el resto lo financia el Ayuntamiento, propietario del edificio, pero no en 'cash', sino 'perdonando' varios años el canon que paga la empresa hotelera.
«La cadena Starwood apuesta a fondo por San Sebastián», dice el actual director del hotel, Michel Nader. Se repite la historia: el María Cristina fue concebido en su momento en el marco de un «proyecto espectacular» que permitiera a Donostia «competir con Ostende, Spa o Biarritz», las grandes ciudades balneario del momento. El proyecto incluía el hotel, el vecino teatro Victoria Eugenia (inaugurado una semana más tarde) y un palacio de cristal, previsto en los actuales jardines de Oquendo, que no llegó a construirse.
El arquitecto francés Charles Mewes, autor también de los hoteles Ritz de Madrid y París, fue el autor del edificio, aunque las obras fueron dirigidas por el donostiarra Francisco Urcola, arquitecto del Victoria Eugenia. Pronto comenzarían los años de esplendor: durante la Primera Guerra Mundial San Sebastián se convirtió en ciudad de moda y refugio de las clases acomodadas que huían del conflicto.
El salón principal del hotel, con 32 metros de largo por diez de ancho, se complementaba «con el restaurante de la rotonda, el coquetón saloncillo de conversación para señoras, la 'pastisserie' y el 'bar-fumoir' para caballeros», según la prosa de la época.
Batalla en el hotel
Pero la guerra estalló después en casa. El entorno del María Cristina fue en julio de 1936 escenario de los enfrentamientos entre leales a la República y seguidores de los entonces llamados 'nacionales'. Según la memoria del veterano comunista Mateo Balbuena, «los franquistas se hicieron fuertes en el hotel y nosotros les atacábamos desde el Victoria Eugenia». Los impactos de bala de aquella batalla aún pueden verse en sus paredes, como recuerdo de aquel episodio negro.
Tras la segunda Guerra Mundial se realizaran sucesivas ampliaciones y renovaciones en el hotel. En 1948, de la mano del arquitecto Manuel Urcola, se añadió un ala al edificio y su antigua planta, en forma de L, se convirtió en una U.
El María Cristina siguió siendo espejo de la historia ciudadana. Tras la muerte de Franco, en plena transición, el hotel languidece. En 1982 vuelve a ser propiedad del Ayuntamiento y el entonces alcalde Ramón Labayen, con experiencia en el sector hostelero, apuesta por una reforma integral que sitúe al establecimiento como símbolo de un renacimiento de la ciudad. El arquitecto José Miguel Martín Herrera dirige la obra. Labayen contacta con la cadena hotelera del Aga Khan, que se hará cargo de la gestión, y en 1988 se reabre con una estrella más: el María Cristina se convierte en el primer cinco estrellas de la historia de Donostia.
Pero este hotel está asociado sobre todo a un nombre: el Festival de Cine. Desde que el 21 de septiembre de 1953 se celebrara la primera edición las estrellas han brillado en los salones y habitaciones del edificio.
En una de sus habitaciones estuvo Elizabeth Taylor ajustando su peinado mientras un Victoria Eugenia abarrotado esperaba más de una hora la llegada de la actriz. En el bar del Cristina bebía Richard Burton de madrugada «porque le daba pena que terminase el día», según revelaba a los camareros. Aquí bromeó con los botones Mario Moreno, Cantinflas, o metía miedo a las camareras un travieso Alfred Hitchcock.
Y en el Cristina vivió su renacer Glenn Ford. El viejo actor, ya apartado del cine, fue invitado por el Festival para recibir el Premio Donostia. Ford, aburrido en Hollywood, se encontró de nuevo bajo el foco. Dice la leyenda que cada noche dejaba una flor bajo un retrato de Rita Hayworth. Y prolongó su estancia más de lo previsto: no había forma de que se fuera, hasta que los oficios «diplomáticos» del Festival le devolvieron a California. El hombre que abofeteó a Gilda en la pantalla se convirtió en el mejor propagandista de San Sebastián: «Un lugar fantástico», decía a sus colegas.
La 'borrachera 'de Mitchum
A colegas de Ford como Robert Mitchum. Otra leyenda que quería estar a la altura de su pasado: cuando llegó al hotel, agotado y de noche, se negó a entrar por la puerta, expuesto a los objetivos de las cámaras, y accedió por la cocina. Días después le llevaron a cenar a la Parte Vieja en plena apoteosis de barricadas y pelotazos de goma de aquellos años de plomo. Entró al restaurante sin entender nada. Al salir, reinaba la paz. «¿Estaba borracho antes o lo estoy ahora?», preguntó a sus acompañantes.
Lo cuenta Diego Galán en su libro de memorias festivaleras, que es también una crónica del María Cristina. Para Galán hay un personaje único en el Festival, en el hotel y en su propia biografía personal: Bette Davis. La actriz aceptó recibir el Premio Donostia en 1989. Estaba ya muy enferma de un cáncer de pulmón, y hay quien piensa que vino a San Sebastián para representar el último papel de su vida. Literalmente: recibió el premio en la ceremonia más glamurosa de la historia del Festival, abandonó el hotel días después, viajó a París en un avión hospital y allí falleció.
La huella de Bette Davis es tan honda en la historia del hotel que su figura presidirá el bar tras la remodelación. «Imágenes de la intérprete marcarán la personalidad del bar», explica Elena Garbizu, directiva del establecimiento.
La lista de visitantes del mundo del cine es larga, de Kirk Douglas a Robert De Niro, de Woody Allen a Meryl Streep. Pero no sólo cineastas llenan las páginas doradas del hotel. La nómina relacionada con la música es también larga, de Teresa Berganza a Liza Minelli. Sobre la estancia de los Rolling Stones y sus largas noches de vino y rosas circula una leyenda. Bruce Springsteen fue más tranquilo: vino con su mujer y sus hijos y lo más extraño que hizo fue tomar el sol en uno de los balcones de su suite.
Hoy se cierran las puertas
Eso es pasado. El futuro empieza mañana. Ayer se celebraron dos bodas en el hotel y esta mañana salen los últimos huéspedes. Comienza una larga obra. Los muebles actuales que no se volverán a utilizar, propiedad del Ayuntamiento, irán a un almacén. El personal se acoge a un ERE y volverá cuando culminan las obras.
Tras el 'lifting', en julio se reabre el cinco estrellas con sus 136 habitaciones y suites. Cambiará la decoración de salones y habitaciones. Se mantendrá el gimnasio-spa pero ya no con Hydra. Seguirá un restaurante asiático. Se buscan nuevos mercados de clientes (en el último tramo de vida del hotel los noreamericanos han dominado sobre los europeos) y se insiste en la idea de abrir el María Cristina a la ciudad.
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