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Un museo que echa humo

CULTURA

Un museo que echa humo

Prosigue la polémica en torno al relevo del responsable en el Museo del Ferrocarril. La Fundación reitera que Juanjo Olaizola tiene un lugar en el equipo dirigido por Maitane Ostolaza

07.10.11 - 03:23 -
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Si normalmente es la chimenea de la emblemática locomotora de vapor 'Aurrera' la que humea en el trayecto que realiza entre el Museo Vasco del Ferrocarril de Azpetia y Lasao, en las últimas semanas el que echa humo, y en ocasiones hasta chispas, es el proceso que ha conducido al reemplazo del donostiarra Juanjo Olaizola, responsable del día al día del Museo desde que se inauguró su primera fase en 1992, por la zumaiarra Maitane Ostolaza. A Ostolaza le ha correspondido estrenar el cargo de directora de la Fundación del Museo Vasco del Ferrocarril, tras haberse impuesto a 114 candidatos -entre los cuales se encontraba el propio Olaizola, que quedó en cuarto lugar- en un proceso de selección que puso en marcha hace meses y que, como el propio relevo al frente del museo, se enmarca en la conversión en fundación de un equipamiento gestionado desde 1994 por Eusko Tren, empresa pública dependiente del Departamento de Vivienda, Obras Públicas y Transportes del Gobierno Vasco.
Mientras tanto, y según se detalla en un reciente escrito de la Fundación, Juanjo Olaizola es exactamente «el responsable encargado de la gestión de una parte importante de la actividad diaria del museo de Azpeitia». En cualquier caso, lo que la Fundación remarca es que Olaizola ni es ni ha sido director del Museo Vasco del Ferrocarril, aunque como tal haya figurado durante casi dos décadas en cantidad de publicaciones del propio Gobierno Vasco y lo siga haciendo en su tarjeta de visita, parte de la papelería corporativa de Eusko Tren. En esa empresa están todavía integrados a efectos laborales tanto él mismo como los restantes cuatro trabajadores del museo, un museo que, con esa plantilla y un presupuesto de menos de medio millón de euros, tuvo el año pasado más de 38.000 visitantes.
Reconocimiento del cargo
Al contrario de lo que ocurre habitualmente en los museos, muchos de esos visitantes han podido conocer personalmente al hasta ahora llamado por la mayoría 'director', que no es otro que el señor de buzo azul, a menudo con las manos llenas de grasa y la cara tiznada de carbonilla, que pone en marcha y conduce esos trenes que, para mucha gente, son la principal razón para desplazarse hasta Azpeitia. En cualquier caso, es preciso reconocer, y él mismo lo hace, que en su nómina nunca ha constado el cargo de director, tal como tampoco ha correspondido la nómina en cuestión a los emolumentos correspondientes a tal rango.
De hecho, la discusión sobre el cargo, que se ha revelado como algo mucho más sustancial que una mera disquisición semántica, es una de las facetas de las tensas relaciones que ha mantenido en los últimos meses Juanjo Olaizola con Eusko Tren, y que no parecen haber mejorado de manera destacable con la plena asunción de la gestión del museo por parte de la Fundación. Una fundación registrada el pasado año tras un larguísimo proceso de gestación por la que, por cierto, ya abogaba hace casi una década el propio Olaizola, que la consideraba el mejor instrumento para impulsar mediante acciones de mecenazgo la participación privada en el mantenimiento de un museo deficitario que genera menos de la cuarta parte de los recursos que consume cada año. Fue en ese contexto en el que, una vez puesto en marcha por parte de la Fundación el proceso de contratación del nuevo director, Olaizola interpuso una demanda de reconocimiento de categoría laboral, cuya vista se celebrará en pocas semanas.
Segundo 'round'
Antes de llegar a ese punto, sin embargo, ya se había producido otro episodio que dejó bastante claro el lugar que Olaizola ocupaba en los planes de los nuevos responsables de Eusko Tren, presidido desde la llegada al gobierno del PSE-EE por el consejero Iñaki Arriola, cuyo viceconsejero de Transportes es el concejal donostiarra Ernesto Gasco.
En diciembre de 2010 nombraron a Olaizola responsable de formación de Eusko Tren, lo que implicaba desvincularse del museo y trasladar su lugar de trabajo a Bilbao. Por las protestas que generó tal medida, o por alguna otra circunstancia que valoró Eusko Tren, la decisión fue rápidamente revocada y Olaizola nunca ocupó el puesto que le tenían reservado, desarrollando hasta el día de hoy sus tareas habituales al frente de un museo cuyo número de visitantes se ha incrementado en un 8% el pasado verano.
«Las aguas han vuelto a su cauce y nos las removeré», afirmaba Olaizola los primeros días de febrero de este año, aparentemente cerrado el episodio de su fulminante destitución y restitución. «No tengo muy claro lo que ha pasado», decía, en tanto que Ernesto Gasco, por su parte, aseguraba que lo sucedido entraba «dentro de lo normal», subrayando ya entonces que «el puesto de director del museo no existe, no está en el catálogo de Euskotren ni en ninguna parte». Por lo tanto, de las palabras del viceconsejero se deducía que, durante casi dos décadas, sucesivos consejeros de distintos colores políticos han tenido sin director uno de los museos del ferrocarril más importantes de España.
Formalmente, la elección de Maitane Ostolaza como directora de la Fundación subsana esa peculiaridad aunque, curiosamente, la figura de un Director-Conservador estaba prevista en el decreto de diciembre de 1991 sobre sobre creación y Régimen del Museo Vasco del Ferrocarril. Resulta también curioso constatar que la nueva Fundación establece en sus estatutos unos fines idénticos a las funciones que se atribuían hace veinte años al Museo Vasco del Ferrocarril, configurado entonces como un servicio de la Dirección de Transportes del Gobierno Vasco.
A efectos prácticos, la elección de Maitane Ostolaza ha dado lugar a una notable controversia, que no tiene visos de calmarse. Su nombramiento por el Patronato de la Fundación el pasado 8 de septiembre «tras analizar los resultados del proceso de selección realizado por OTEIC» dio lugar a una nota de la Asociación de Amigos del Museo, que también forma parte de dicho Patronato, en la que se criticaba el desenlace de un proceso de selección a cuya puesta en marcha, según Eusko Tren, se habían opuesto, argumentando que la seleccionada era una persona próxima a Ernesto Gasco.
Compañeros de estudios en su etapa universitaria, ni Ostolaza ni Gasco niegan conocerse y, por lo menos en el mundo virtual de las redes sociales, siguen siendo amigos, aunque ambos defienden la irrelevancia del hecho y la limpieza de un proceso que, previsiblemente, va a ser impugnado por otro de los candidatos.
¿Hay lugar para ambos?
Otro de los argumentos de los críticos es la nula vinculación de Ostolaza, historiadora al igual que Olaizola pero con campos de interés completamente distintos, con el mundo de los trenes. De hecho, según el anuncio que en su día se publicó en este mismo periódico, en la convocatoria no sólo no se pedían conocimientos específicos relacionados con la materia de la que se ocupa un museo altamente especializado como el de Azpeitia, sino que tan siquiera se valoraban de manera explícita, como tampoco se pedía experiencia en gestión museística.
Maitane Ostolaza «ya se encuentra ejerciendo desde esta misma semana» y ha realizado su primera visita al Museo, defendiendo la idoneidad de su nombramiento y enmarcándolo en el nuevo alcance que tendrán las tareas de la Fundación, «más ambiciosas y de mayor alcance que los existentes hasta ahora para el museo gestionado por Eusko Tren». «El museo es importantísimo para la Fundación y soy favorable a la colaboración. Mi trabajo es compatible con el de Juanjo Olaizola», declaraba a un medio de comunicación.
En respuesta a las preguntas de este periódico, la Fundación indicaba ayer mediante una nota que Olaizola -que como el resto de los trabajadores del museo debería subrogarse en la Fundación- «ha recibido una oferta para pasar a formar parte del equipo dirigido por Maitane Ostolaza». Olaizola, que no oculta su deseo de mantener, «siempre que las condiciones no sean draconianas», una actividad profesional que es, además, su pasión, opta por la prudencia y declina valorar el punto en el que se encuentra una polémica que parece lejos de su final. Sin ir más lejos, el Patronato mantiene la intención de «analizar la posibilidad de iniciar las acciones judiciales que correspondan contra la Junta Directiva de la Asociación de Amigos del Museo Vasco del Ferrocarril por las graves y falsas acusasiones» efectuadas en relación al proceso de selección.
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