Alberto Ongay solventó con solvencia su estreno en el Campeonato del Cuatro y Medio de Segunda al apabullar a Cecilio Valgañón en un duelo en el que el delantero navarro fue amo y señor. El de Satrustegi no sabe aún quién será su próximo rival. Saldrá de los ganadores de los enfrentamientos entre Argote-Untoria y Tainta-Iza. Tendrá tiempo para descansar y afinar su puesta a punto para compromisos más exigentes que el de ayer en Etxarri.
Ongay apenas tuvo que apretar el acelerador para desembarazarse de un Cecilio que dio una imagen surrealista en la cancha. Desplazado, sin sitio, con la cabeza en otro sitio, el zaguero de Ezcaray se condenó a sí mismo por sus errores. Ni siquiera los consejos de Joaquín Plaza desde la silla surtieron efecto. Cecilio estaba en otra onda. Así le fueron las cosas...
Muchas facilidades
Ongay hizo lo justo para llevarse la victoria. No le hizo falta emplearse a fondo porque el contrario le allanó el camino. Desde el principio, cuando cometió dos faltas de saque. Cecilio trató de sorprenderle con el disparo inicial, pero a quien realmente sorprendió fue al público. Las dos pelotas botaron más allá de la raya de contracancha. Del ancho al ancho y del txoko al ancho. Efectividad nula.
Por contra, quien sí la tuvo con el saque fue Ongay, que se anotó cinco -también hizo una falta por tiro corto-, la mayoría sin ningún misterio. El quinto supuso el 19-6. En ese instante Cecilio ya estaba prácticamente fuera del partido y Ongay esperaba a que su rival cometiese un nuevo error para irse cuanto antes a la ducha. Le hizo caso el riojano, que antes había subido el cartón siete a su casillero gracias a un dos paredes. Falló de volea y se acabó la historia.