Vengarse del enemigo es recibir una segunda vida». Con esta frase del escritor Publio Siro comienza 'Los asesinos del emperador', la última novela del valenciano Santiago Posteguillo, el aclamado autor de la trilogía histórica sobre el estadista romano Publio Cornelio Escipión 'El Africano'. Posteguillo narra en su libro el ascenso y gloria de Trajano, el primer emperador español que trazó los destinos de Roma.
Trajano alcanzó la cima.
Camps, también.
Pero el expresidente valenciano vive hoy sus horas más bajas. La venganza no parece estar entre sus sentimientos, aunque Francisco Camps (Valencia, 1962) sí lleva dos meses sumergido en una 'segunda vida'. Desde que el 20 de julio presentara su dimisión bajo el yugo de la acusación de haber recibido trajes regalados de la corrupta trama Gürtel, Camps se ha esfumado de la vida pública. Apenas una efímera presencia en la cena de apertura del curso político del PP valenciano en Benicàssim (muy criticada hasta en sectores de su partido por eclipsar al actual presidente de la Generalitat, Alberto Fabra), en la toma de posesión de su sucesor y una primera asistencia como miembro nato en el Consejo Jurídico Consultivo (con un sueldo que se acerca a los 60.000 euros), el órgano de asesoramiento de las administraciones valencianas. Más allá de esas apariciones, la vida de Camps se ha transformado en íntima y personal.
Lector empedernido, en la 'segunda vida' del exMolt Honorable (Muy Honorable, el tratamiento para los presidentes de la Generalitat Valenciana) no faltan los libros. 'Los asesinos del emperador', de Posteguillo (amigo suyo, además de uno de sus autores de referencia), es uno de los que está sobre su mesilla de noche. Estos días, Camps devora novelas históricas y bucea en la obra de la australiana Collen McCullough, elevada a la fama con 'El pájaro canta hasta morir', el libro que inspiró el televisivo y mítico 'El pájaro espino', y un ciclo de novelas sobre la Roma Antigua: 'La corona de hierba', 'Favoritos de la fortuna'... Seguro que Camps conoce la máxima que promulgan estudiosos como el hispanista Paul Preston: «Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores».
El expresidente no solo hinca codos con la literatura. En su casa del centro de Valencia, en la zona noble de la ciudad, al lado de una tienda de Nesspresso, Camps se afana en ultimar su tesis. Licenciado en Derecho, la reforma del sistema electoral es el tema de su trabajo doctoral. Trabaja codo con codo con Vicente Garrido, presidente del Consejo Consultivo y director de la investigación. Su objetivo, defenderla antes de que acabe el año en la Universidad de Elche.
Refugio espiritual
Aunque su tesis no es lo que más le quita el sueño... «Está volcado en su defensa. Tranquilo, pero muy volcado en ello», sostiene un íntimo de Camps, ex alto cargo del Gobierno valenciano y ahora en Madrid. El telón del juicio a Camps y al exsecretario general del PP Valenciano, Ricardo Costa, se levanta mañana en el Tribunal Superior de Justicia con la vista previa, la última oportunidad de las partes para presentar alegaciones. De la palestra ya se bajaron el exvicepresidente Víctor Campos y el exjefe de Turismo, Rafael Betoret. Ambos reconocieron haber recibido más de una veintena de prendas de Milano y Forever Young por parte de Gürtel. A los dos altos cargos no les queda otra que pagar una multa de 9.600 euros y devolver la ropa.
Que a Francisco Camps no le suceda lo mismo por cuatro trajes presuntamente regalados depende en buena medida de la cintura procesal de Javier Boix. Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia, académico de la Academia de Jurisprudencia y abogado penalista 'pata negra' encargado de defenderle. El expresidente ya proclamó al dimitir que lo hacía para demostrar que se marchaba «inocente, completamente inocente». Él y Boix han estado no pocas horas juntos o al teléfono en las últimas semanas. Claro que nada comparable con el tiempo que Camps pasa con los suyos. Con Isabel, su mujer, cuando esta no anda al frente de la farmacia familiar. Con sus tres hijos, sobre todo con el pequeño, en la siempre difícil edad adolescente. Con sus padres. «Y está muy unido a su suegro. Le dedica muchos ratos», señala el ex alto cargo desde Madrid. Su suegro, Fernando Bas, enviudó en mayo.
Pero si algo ha fomentado durante este tiempo es su vida espiritual. Camps siempre ha sido un hombre de los llamados 'de misa diaria'. Y ya en las semanas previas a su dimisión inició una relación especialmente intensa con Monseñor Carlos Osoro, Arzobispo de Valencia. Con él compartió unas cuantas cenas los día previos a tirar la toalla. Y con él ha pasado «muchas horas» en los últimos dos meses, como confirman personas de su círculo más cercano. En Osoro ha hallado su refugio espiritual.
Claro que no todo es recogimiento en las viñas del Señor. Camps también recupera buena parte del tiempo de ocio perdido. Solo unos días después de ofrecer «un gran sacrificio» por la victoria de Mariano Rajoy, como él mismo calificó su dimisión, el expresidente se marchó unos días a su refugio terrenal: el mar. Un hotel de tres estrellas, de ambiente familiar y al que lleva años acudiendo, se convirtió en su remanso y en el de su familia. En primera línea de playa de la turística Dénia. Por su arena dio largos paseos. Esos que le aconsejó el cirujano tras operarle de una hernia discal justo antes de las elecciones autonómicas y que Camps no practicó al venírsele encima el torbellino de la campaña. Las playas de Valencia y las calles cercanas a la Catedral también son escenarios de sus paseos. Anda, se sienta en una terraza, saluda a muchos ciudadanos que aún se acercan a estrecharle la mano...
La raqueta es otra de sus pasiones, compatible con su rehabilitación. Siempre que puede hace hueco para un partido de tenis o pádel en el Club de Tenis de Valencia. No todo gira en torno a los sets. Allí se reúne también con antiguos colaboradores. Camps no piensa dejar pasar ninguna bola desde la linea de fondo, quiere agotar sus posibilidades de regresar a la red de la política.
De momento aguanta los 'aces' que le cuelan. El último, la semana pasada. Al expresidente «le dolió mucho» que Mariano Rajoy no le dedicara ni una sola línea en las 255 páginas de su libro 'En confianza'. Ni una palabra y solo una foto de una cumbre de presidentes regionales de Mallorca en la que apenas se le ve el rostro. Poco agradecimiento hacia alguien cuyas 'voleas' se dice que salvaron algo más que la cara de Rajoy en el congreso popular de cuchillos largos celebrado en Valencia, después de perder el candidato del PP sus segundas elecciones.
Pero Camps sigue al quite. No se aleja del círculo del poder. Juan Cotino, presidente de las Cortes Valencianas y bastión del sector cristiano del PP valenciano, es su íntimo amigo y continua siendo su gran valedor. El expresidente sigue siendo uña y carne con Nuria Romeral, su eterna secretaria de Comunicación cuando gobernaba y catapultada a la dirección de la radio pública valenciana tras la caída del 'jefe'. Camps no va a dar una bola por perdida. Quizás piense como Trajano con su primera frase en el libro de Posteguillo: «No se puede matar al emperador de Roma».