Uno no piensa en ello cuando cada mañana enciende el motor del coche, pisa el acelerador y completa la ruta hasta su trabajo. Por la cabeza pueden aparecer las montañas de papeles apiladas en la oficina, pero no los kilos de gases de efecto invernadero que emite el vehículo, que no dejan de subir a la atmósfera por el aumento del parque móvil. En Euskadi, donde a pesar de todo la calidad del aire obtiene «los mejores resultados de la historia de los registros», el principal culpable de la polución son los coches, y no la industria, que aún arrastra la mala imagen de los años de actividad descontrolada.
Francisco Olarreaga, director de Planificación Ambiental de la Viceconsejería de Medio Ambiente, ofrece varios datos para ilustrar este vuelco que requiere de nuevas estrategias medioambientales y, sobre todo, «de un cambio de mentalidad», dice. La industria vasca, obligada a corregir sus actuaciones por una normativa ambiental mucho más exigente, ha reducido un 34% sus emisiones de CO2 en diez años. En el mismo periodo, la contaminación de gases de efecto invernadero atribuible a los coches se ha duplicado (94%). Otra cifra que se ofrece para la reflexión es la referida a las emisiones de dioxido de carbono derivadas de la producción energética, que han aumentado un 15% en ese mismo periodo. Lo curioso es que fabricar un megavatio resulta mucho más limpio para el medio ambiente, pero el consumo se ha disparado un 42%. «Los responsables somos nosotros», afirma Olarreaga, a quien le gustaría que empezara a calar el mensaje de la concienciación, no sólo entre el ciudadano particular «también en la Administración y los ayuntamientos». «Es curioso -apostilla- que si preguntas a la población qué hay que hacer para mejorar el medio ambiente, un porcentaje muy elevado sugiere que hay que poner una legislación más estricta y sanciones más duras a las empresas. Está recogido en el Ecobarómetro vasco. Sin embargo, los datos objetivos de CO2 emitidos y de calidad de aire dicen otra cosa. Nos estamos engañando».
A pesar de esa realidad contrastada con cifras, seguramente el imaginario colectivo ha dibujado esta semana chimeneas humeantes en lugar de coches en la carretera tras conocerse las conclusiones del informe de la OMS sobre la contaminación atmosférica en el mundo. De las 28 ciudades españolas que incluye esta base de datos, que analiza la situación de casi 1.100 ciudades de 91 países, sólo tres aprueban el examen: Santiago, Logroño y Badajoz. Las tres capitales vascas superan el límite fijado por la OMS, aunque en el caso de San Sebastián y Vitoria, por muy poco. Un día más tarde, Ecologistas en Acción volvía a situar el foco en la polución del aire que respiramos con un dato cuanto menos sorprendente. El 87% de la población española respira un aire que supera los índices recomendados por la OMS. En el caso de Euskadi, la zona del Bajo Nervión es la que peores resultados arroja, según las mismas fuentes.
Sin embargo, los datos de los setenta medidores fijos y los cinco móviles desplegados por toda la geografía vasca, dentro de la red de control y vigilancia de la calidad del aire del Gobierno Vasco, animan a respirar mucho más tranquilos. La información que se registra cada día permite conocer la calidad del aire que se respira en las once zonas en que se divide el mapa para esta tarea. El Departamento de Medio Ambiente asegura que la calidad del aire en Euskadi en 2010 ha sido «buena o admisible en el 99% de los días», una cifra nunca antes registrada. Sólo en 31 ocasiones el aire inhalado fue de calidad «moderada». Los indicadores superaron el umbral máximo únicamente en cuatro días. El problema se localizó en Zumarraga, por una avería puntual de una fábrica, que se solucionó, añaden las mismas fuentes. Todas las estaciones cumplieron los valores establecidos para el dióxido de azufre, partículas en suspensión con diámetro inferior a 2,5 micras y el monóxido de carbono. También se miden las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2). El valor límite horario de esta partícula no se ha superado en ninguna de las estaciones vascas, indican desde el departamento, sí lo ha hecho en el cómputo anual, en un lugar muy concreto, en la estación de Mazarredo, en Bilbao, por las obras de urbanización en la zona, justifican.
En relación a las partículas en suspensión, otro de los valores que se controlan, todas las estaciones cumplieron los límites de PM10 (partículas en suspensión con diámetro inferior a 10 micras) para el valor límite anual. No así para el valor límite diario, rebasado en la estación de Larraskitu, junto a la Supersur, la nueva autopista abierta en Bilbao. El Gobierno Vasco especifica que desde 2008 las obras de la carreteras han supuesto movimientos de tierras en los alrededores de esta estación de medición, a los que ha habido que añadir un mayor tránsito de vehículos a las obras. «En cualquier caso, los únicos picos que registramos en Euskadi están perfectamente localizados, así como las causas que los producen: obras y tráfico, en ningún caso la industria», zanja el departamento. Por eso, lo normal es que las áreas urbanas sean las más contaminadas como consecuencia del tráfico.
¿Cómo se casa esa lectura positiva con el suspenso otorgado por la OMS? Francisco Olarreaga, del Departamento vasco de Medio Ambiente, subraya que Euskadi se ajusta «perfectamente a la legislación española derivada de las directrices existentes» y que los valores que maneja la OMS son en todo caso recomendaciones, el escenario ideal al que debería intentar llegar cualquier comunidad. «Los datos que se manejan desde el Gobierno Vasco provienen de los equipos de medición distribuidos por toda la comunidad autónoma y estos no coinciden con los publicados por la OMS. No nos consta que nos hayan solicitado información a este respecto y desconocemos cuál ha sido su fuente de información», apuntan desde la consejería.
Un ejemplo de la diferencia en las mediciones entre los dos organismos se refleja en el estudio anual de la concentración de las partículas PM10, en clara tendencia descendente en las tres capitales vascas y en el resto de Euskadi. En 2006, 14 estaciones superaron el umbral permitido; el año pasado solo fue una, la citada de Larraskitu. Las medias en 2010 en Bilbao, Donostia y Vitoria fueron de 27 microgramos por metro cúbico, 20,75 y 16,5 respectivamente. Para este valor la legislación vigente establece que no se pueden superar los 50 microgramos por metro cúbico como límite diario, ni el valor de 40 microgramos por metro cúbico más de 35 días al año. La OMS estima como referencia los 20 microgramos por metro cúbico, un umbral que no sobresapasa Vitoria, prácticamente iguala Donostia y sólo supera Bilbao. Las cifras no coinciden, subrayan desde el departamento, con las ofrecidas en el informe de la OMS (Vitoria, con 21 µg/m3; San Sebastián, 23 y Bilbao 30).
Zumarraga, Pasaia y Añorga
La mejora en la calidad del aire en Euskadi no debiera ser erróneamente interpretada como la desaparición de las agresiones a la atmósfera. «La contaminación existe. Contaminan los coches, las centrales eléctricas, las industrias...», apunta Olarreaga. Y evidentemente en el mapa de Euskadi existen varios focos de polución -los dos anteriormente citados en Bilbao- que son seguidos muy de cerca para las autoridades. Pero en esa radiografía del aire también es cierto que se han reducido las fuentes de contaminación ambiental. Álava y especialmente Gipuzkoa han dado ejemplo en este sentido, dice.
Tres han sido los puntos negros históricos responsables del deterioro ambiental en el territorio guipuzcoano. Uno, el de Zumarraga, por la actividad industrial, sigue siendo objeto de un seguimiento estrecho a través de un plan de acción de la calidad del aire desplegado por el Departamento de Medio Ambiente, que se suma a los planes de autocontrol de la propia industria. A los setenta medidores 'oficiales' desplegados por los tres territorios, hay que añadir los dispositivos colocados en las chimeneas de las principales industrias contaminantes, lo que permite vigilar que las acerías, térmicas, químicas o plantas de gas no superen los límites legales establecidos por la actividad que desarrollan.
La aplicación de medidas correctores ha permitido a localidades históricamente situadas en ese mapa de contaminación atmosférica salir de la lista negra, explica Olarreaga que insiste en subrayar «el esfuerzo» del sector para ajustarse a la normativa. Pasaia y los municipios del entorno de la bahía respiran aire mucho más limpio que hace años, pone como ejemplo de recuperación. La apertura de la variante de Pasaia, que evita el paso de camiones por la antigua N-I, supuso un balón de oxígeno para los vecinos. Otro de los problemas habituales también es el del movimiento de chatarra en la zona portuaria, que ha mejorado gracias a la colocación de pantallas protectoras, entre otras barreras para proteger a los vecinos de ese polvo roñoso. A la central térmica se le mira muy de cerca, con las cabinas propias de la empresa eléctrica que mide las emisiones y la estación del Gobierno Vasco que hay en la zona. «Son valores buenos, dentro de lo normal», afirma Olarreaga.
En el mapa de Gipuzkoa los técnicos también ponen la lupa en Añorga, el barrio donostiarra 'castigado' durante años por el intenso tráfico de la N-I, ahora con una densidad mucho menor, con otro foco añadido de polución que es la empresa de cementos Rezola, obligada como el resto de industrias contaminantes a instalar equipos de medición y control. Las obras de desdoblamiento del Topo a su paso por el barrio han añadido un plus de preocupación y, aunque en 2010 los parámetros medidos estaban «razonablemente controlados», desde la consejería de Medio Ambiente no ocultan que ese punto ha sido un foco de «problemas» a los que se está intentando poner solución.
No cabe duda de que el impacto de la crisis ha tenido un efecto beneficioso para la atmósfera: a menor producción, menor polución. «Evidentemente ha influido», dice Olarreaga, pero no ha sido el factor determinante, añade. «El esfuerzo de la industria en los últimos diez años ha sido muy importante», aunque no se ha bajado la guardia y las inspecciones siguen haciendo de pepito grillo. En la actualidad, el Gobierno Vasco tiene abiertos dos expedientes sancionadores a empresas vascas por contaminación del aire y otros cinco por temas relaciones con el medio ambiente.
La vía que toca ahora abrir para reducir el deterioro de la atmósfera pasa por la reducción del tráfico en las zonas metropolitanas y potenciar el transporte público, especialmente el eléctrico, un mensaje en el que coinciden ecologistas y administración: emitir menos.