Al pasado minero de Irun se puede llegar en tren; concretamente, en el tren verde que une el Museo Oiasso y el coto minero de Irugurutzeta, un buen ejemplo de lo que fue la minería romana en el entorno del Bajo Bidasoa . Los hornos de calcinación de Irugurutzeta se encuentran en el barrio de Meaka, en la cañada de Aitzondo, en el Parque Natural de Aiako Harria. Según los expertos, son una de las mejores muestras de arqueología industrial de Gipuzkoa. Y es que la actividad minera de la época romana en Aiako Harria marcó un hito en la historia de Irun y sus habitantes.
'La ruta de minas' es una iniciativa del Museo Oiasso de Irun, en colaboración con la Asociación de Desarrollo Rural Behemendi y el Ayuntamiento de Irun, para dar a conocer ese importante patrimonio cultural. Según cuenta Idoia Castro, guía de la ruta que tiene como punto de partida el museo irundarra, «las primeras visitas se realizaron en el 2006, pero estos últimos años la zona ha estado inhabilitada por obras, y la verdad es que el coto minero ha quedado impecable».
Este verano el Museo Oiasso ha vuelto a poner en marcha las visitas, una actividad que «por ahora, está siendo un éxito total. Todos los días se forman grupos y la gente termina muy satisfecha», asegura Castro, aunque se lamenta de que «todavía hay muchos ciudadanos que desconocen todo este patrimonio cultural, y es una pena».
La tradición minera en Irun
La actividad minera en Irun se remonta a la época romana. Ya entonces se utilizaban los minerales que proporcionaba Aiako Harria, como hierro, plata o zinc. En la Edad Media, se dedicaron principalmente a la extracción del hierro con el fin de alimentar las ferrerías del río Bidasoa. Una de las más importantes es la Ferrería de Ola del siglo XVIII, conocida como 'Arantzateko Burniola', ubicada en el barrio de Meaka, y que hoy es la sidrería Ola.
Esa industria entró en una fase de decadencia que se alargó hasta el siglo XIX. La respuesta de la minería irundarra, sin embargo, fue cobrar un nuevo impulso, renovándose de la mano de grandes empresas francesas, alemanas y españolas, que desarrollaron nuevos sistemas para al extracción del mineral. Así, en el siglo XX, la producción minera de Irun llegó a sus más altas cotas.
De las minas de Aitzondo, Besakitz, Meagorri y Meazuri se extraía el carbonato de hierro y, a través de vagonetas que circulaban sobre vías de ferrocarril, se enviaba a los hornos de Irugurutzeta para ser calcinado y transformado en óxido. Para el proceso de calcinación era necesario añadir 30 kilos de carbón por cada tonelada de carbonato. Una vez calcinado el mineral, lo lanzaban desde las bocas de descarga de los hornos, y caía sobre las vagonetas del tren para transportarlo hasta la estación de Hendaya. Unas 400 personas trabajaban en ese proceso.
En Irugurutzeta se ven un total de nueve hornos. A pesar de las diferencias existentes entre ellos -unos tienen forma circular y otros cuadrada-, todos disponen de una cámara de calcinación, de bocas de descarga y de alimentación superior.
En 1937, los hornos de Irugurutzeta fueron apropiados por los alemanes y en 1944, en plena II Guerra Mundial, dejaron de funcionar. Desde entonces no han vuelto a ponerse en marcha.