Sí, sí. Han leído bien, de la innovación. La nueva competitividad nos muestra un escenario de globalización de la competencia en el que todo cambia. Cambian las cadenas de valor de los productos, cambia el modelo de funcionamiento de las empresas, aparecen nuevas necesidades sociales, hay que afrontar nuevos retos globales como la energía o el cambio climático, hay que atender nuevas demandas como el envejecimiento o el peso creciente del ocio, los cambios tecnológicos son más globales y simultáneos. Y, en medio de este escenario, nos encontramos a las TIC o las tecnologías de la información y la comunicación, con Internet y la telefonía móvil a la cabeza.
El hecho es que las TIC son una importante fuente de productividad, innovación y crecimiento, que contribuyen a incrementar la competitividad y crear empleo. Según datos de la Comisión Europea, este sector es directamente responsable del 5% del PIB europeo y, lo que es más importante, contribuye mucho más al crecimiento de la productividad general: más del 25% del crecimiento del PIB de la UE se explica directamente por el efecto de las TIC.
Por cada millón de euros invertidos en el sector se crean 33 empleos, directos o indirectos; este sector está en el origen del 40% de los incrementos de productividad; por cada euro público invertido en TIC se generan 7 euros de inversión privada; más de la mitad de las 'start-ups' o empresas de nueva creación lo hacen en el ámbito TIC. Todo ello se debe al elevado grado de dinamismo e innovación inherente al sector y a su capacidad para transformar el modo de funcionamiento de otros sectores. Además, el hecho de que existan más de 250 millones de personas que usan Internet a diario en Europa y de que casi todos los europeos dispongan de teléfono móvil está transformando el estilo de vida y la economía.
La propia Comisión Europea señala que el enorme potencial de las TIC puede movilizarse a través de un ciclo virtuoso, de modo que apunta a la necesidad de ofrecer unos contenidos y servicios atractivos en un entorno de Internet interoperable y sin fronteras. Con ello se estimula la demanda de velocidades y capacidades más elevadas, lo que a su vez justifica la inversión en redes más rápidas. Esto abre el camino hacia unos servicios innovadores que exploten las velocidades más elevadas.
El desarrollo de la banda ancha es vital para el futuro de nuestra economía. Un euro invertido en banda ancha supone 3 euros de crecimiento del PIB. El desarrollo de las redes de alta velocidad tiene hoy el mismo impacto revolucionario que tuvo hace un siglo el desarrollo de las redes eléctricas y de transporte. Con la evolución más reciente de la electrónica de consumo, se desdibujan las fronteras entre los distintos dispositivos digitales. Los servicios convergen y pasan del mundo físico al digital, accesible universalmente desde cualquier dispositivo. Se prevé que para 2020 los contenidos y las aplicaciones digitales sean entregados casi exclusivamente online.
¿Y cómo nos encontramos en Euskadi? Aunque la situación de partida no es mala, con solo un 0,25% de la población residiendo en lugares donde no es posible disponer de banda ancha de por lo menos 1 Mbps, no debemos dormirnos. Europa se está moviendo en el impulso de las redes de nueva generación (NGN) o redes de banda ancha ultrarrápidas, esto es, aquellas que permiten disponer de más de 30 ó 40 Mbps al usuario final. Gracias a la situación de competencia entre los principales operadores de telecomunicaciones, Euskadi dispone de un buen punto de partida en lo que a redes de nueva generación se refiere, con un 88% de la población con disponibilidad de velocidades superiores a los 30 Mbps. No es casualidad que los países europeos más innovadores sean los que mejor cobertura NGN disponen.
Hay iniciativas en las que el sector privado no considera su presencia debido a que los retornos de la inversión son muy dilatados en el tiempo. Y ahí entra el sector público. De entre las distintas iniciativas públicas de impulso a la expansión de redes NGN que se están implementando a nivel mundial, el Gobierno Vasco desea lanzar un planteamiento innovador y buscar alianzas con los actores privados que apuesten verdaderamente por el país. Se plantea la creación de un vehículo de inversión público-privado, de forma que permita disminuir la barrera que supone la inversión inicial para acercar estas redes a lugares donde, de otro modo, no sería viable. Esta reducción se plantea por varias vías posibles: compartir infraestructuras existentes o invertir en la creación de otras nuevas. De conseguirse, esta figura sería pionera en Europa al menos en el sector de las telecomunicaciones.
Hay más retos ligados a la sociedad de la información. La nueva Agenda Digital de Euskadi, con el horizonte 2015, tratará de dar respuesta a todos ellos.