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Normas para el nuevo inquilino

EDUCACIÓN CANINA

Normas para el nuevo inquilino

Las pautas de educación canina ayudan a estrechar el vínculo entre dueño y perro. Tres expertos en adiestramiento canino consensúan etapas y normas básicas para la educación del animal

08.08.11 - 02:07 -
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Una vez decidida la presencia de un perro en el hogar, llega implícita la obligación de educar al nuevo miembro de la familia. El respeto de ciertas etapas de socialización primarias, cariño y muchas dosis de paciencia, deben ser ingredientes indispensables para lograr que nuestro nuevo inquilino pueda compartir una vida plena y feliz en su nuevo entorno.
Los adiestradores profesionales Richard García Calvo y Ainara Gozategi (Guhau), junto con el veterinario especializado en etología clínica Marco Villén, departieron en DV sobre unas bases y normas de educación consensuadas para poder lograr una convivencia equilibrada entre perros y amos.
La socialización
Los dos primeros meses de vida son vitales para la educación de un cachorro. «En la camada se les dan enseñanzas de vida por parte de su madre y sus hermanos. Aprenden la comunicación canina. Los perros que no viven esta etapa suelen padecer un déficit comunicativo entre perros» advierte Marco. Una vez que llegan a casa «los veterinarios solemos prohibir que salgan a la calle antes de que terminen las vacunas. Es un error. Nos olvidamos de la proyección de problemas de comportamiento que se pueden fijar. Se puede salir a la calle de forma controlada, evitando zonas donde pueda haber restos de deposiciones», añade. Ainara prefiere «correr un riesgo mínimo de enfermar en un entorno controlado que poder tener problemas de conducta futuros».
En este periodo, en la carga genética del cachorro «viene la pérdida de miedo» agrega Marco. «Tienden a etiquetar sus nuevas vivencias de forma positiva, negativa o neutra. Antaño, en el medio rural, no había casi problemas de comportamiento. En la ciudad se han agudizado. Hay más ruidos, personas...».
Richard recalca la necesidad de que el proceso de socialización sea «gradual, sin causar estrés, y sin obligar nunca al cachorro». Ainara añade que sacarles tiene que ser «una experiencia agradable. A veces el dueño va nervioso, e interfiere cuando exploran. Para los primeros encuentros, yo suelo prepararlos con perros que ya conozco». Si nos topamos con perros en las primeras salidas a la calle «conviene preguntar al dueño si es bueno para evitar sustos», agrega Richard.
Evitar malas experiencias, llevar un juguete y algún premio comestible pueden ayudar a favorecer un buen clima en cada salida. Los expertos hablan de premiar cada nueva experiencia. «Más que el estímulo vaya al perro, lo ideal es que el perro vaya al estímulo. Por ejemplo, que el cachorro se acerque a un persona, y que ésta le premie», añade Ainara.
Sacarles con correa es vital para protegerlos. «Llevar a un cachorro suelto es muy arriesgado. Se despistan por cualquier cosa». Los tres profesionales coinciden en llevar preferiblemente una correa larga, para que el perro «no note tu tensión, que explore por sí solo», concluye Ainara.
La capacidad de adaptación de los cachorros es muy alta, y toda experiencia que se les premia tienden a repetirla. Sin embargo, cuando actúan de forma negativa «es mejor ignorarlo. El castigo más efectivo es el aislamiento social», según Ainara. «Castigar es algo inevitable muchas veces», aceptan los contertulios, pero hay que tratar de «no castigar nunca a un cachorro. El reñirle destruye el vínculo con el dueño».
Un hábito extendido para enseñar a no hacer las necesidades en casa es la de «untar con pis el morro. Un error. Ellos no lo entienden. Hay un periodo de unos cuatro segundos en los que los perros pueden asociar un reproche con lo que hacen. Sólo vale corregirles cuando son pillados 'in fraganti'», coinciden. «Si se actúa después de esa fracción de segundos el perro no entiende nada», recuerda Richard.
Enseñar a a no hacer las necesidades en casa requiere paciencia por parte de los amos. Ainara recomienda para los primeros días en casa que haya «muchos periódicos donde decidamos que lo haga, así casi siempre acertará. Cada día iremos reduciendo ese perímetro, mientras acierte. Si les vemos haciéndolo fuera, hay que levantarlo al momento. Los esfínteres se le cierran, y le ponemos en la zona de periódicos. Si lo ha hecho fuera, y no lo hemos visto, no debemos hacer nada».
El estímulo que reciba el cachorro al hacer sus necesidades en ese sitio de la casa debe ser neutro. «Si les premiamos, creerán que se debe hacer siempre ahí. Hay que premiarles cada vez que lo hacen fuera de casa», prosigue Ainara. Una vez en la calle, «deben acostumbrarse primero a hacer sus cosas, y luego jugar. Tienen que entender qué es lo primero». Crear una rutina horaria «les ayuda mucho. Sacarles de forma regular 'mañana-tarde-noche', y también trucos como salir a la mañana nada más despertarse, o al mediodía justo después de comer», apunta Marco. «Fuera de casa también conviene dejarles explorar con el olfato, que huelan pises. Y sobre todo tener paciencia con este tema. A muchos perros les cuesta meses aprender».
Por último, dentro de la etapa de socialización Marco señala que «quedar con cuadrillas de perros es genial. Juegan, se socializan», a lo que replica Ainara que «conviene también cambiar de entorno de vez en cuando. Tienen que aprender a estar relajados entre ellos y con otros perros».
La juventud
Los adiestradores lo tienen claro. Aprender es constante, y consiste en fomentar actitudes positivas. Siempre en positivo. «La única diferencia en cuanto a enseñar en la etapa de socialización o en la juvenil es la exigencia», resume Ainara Gozategi.
El sitio ideal para empezar puede ser en casa, «donde menos estímulos tenga, y donde lo más interesante seas tú y la comida», coincide Richard. Ainara explica una de las bases que deben entender los dueños para enseñar estas pautas. «Aprovechamos un momento en el que 'Bobby' está viniendo hacia nosotros para darle la orden 'ven Bobby'. En cuanto llegue, le premiamos». Muchas veces ocurre lo contrario, y «le pedimos que venga cuando se va hacia otro lado», explica Ainara.
Llamar a nuestro perro por su nombre tiene que asociarse a algo bueno. Hay que evitar llamarle para decirle que está haciendo algo mal. Es inevitable utilizar el castigo, pero todos coinciden en que nunca se debe utilizar como sistema. Los refuerzos negativos como tirones o gritos «pueden funcionar, pero creamos un estado emocional negativo. El perro hace cosas para evitar algo malo. Hay perros de trabajo que pueden digerirlo, pero incluso los de rescate están adiestrados en positivo, siempre jugando», resalta Marco. «Se saca un mejor partido de ellos».
«El aislamiento social como castigo no les afecta tanto como el jerárquico. Asociar un 'no' a un aislamiento temporal lo gestionan mejor», prosigue Ainara. «Cuando utilizo el 'no', lo hago en tono informativo, como si jugara a 'frío-caliente'. El 'no' le dice que se aleja del camino correcto. Puede ser el sonido que elijamos, y es importante manejar los tonos. Los entienden muy bien».
Entre estos tres expertos, es unánime la idea de que no existe una técnica única para todos los perros, «hay que investigar, y adaptarte a sus circunstancias». Las teorías sobre que los perros funcionan igual que una manada de lobos que tanto se ha extendido en programas de TV, «se ha rebatido científicamente. Ya no nos ligamos a la manada. Estamos sugestionados por la TV. Esa relación social piramidal que se nos vende no es tal», argumenta Marco. Ainara habla de esta convivencia en casa como «respeto social. Hay que tener ciertas normas». Marco va más allá: «Ahora se habla de 'control de recursos'. El perro tiene necesidades vitales. Algunos protegen, otros reaccionan. Durante miles de años se han conseguido moldear sus instintos. Son plastilina. Con la domesticación han cambiado mucho, y ya no son comparables a los lobos».
Evitar problemas de conducta futuras pasa por marcar normas. «Pautas de respeto social», sostiene Ainara. «Cada vez hay más problemas de comportamiento porque el perro reclama comida o duerme en la cama. Humanizarles les crea un lío mental». Acciones a priori tan inocentes como darles un pedazo de nuestro filete en la comida puede crearles problemas. «Tu perro no tiene esa necesidad, se la creas tú. Es una faena para el perro. Le enseñamos a rogar. Si además la comida va a ser el estímulo principal del aprendizaje, requiere disciplina. La comida tiene que ser motivante, se la tienen que ganar. Si no, pierden interés por ella. Utilizamos la comida en las fases iniciales de aprendizaje de un ejercicio. Una vez conseguido, no hace falta seguir dándoles. Le agasajaremos de forma emocional», explica Ainara.
Sobre el sitio de descanso hay más discrepancias. «Si no genera problemas por qué no convivir en la misma habitación», dice Marco. «Yo prefiero que como norma básica que el perro esté en su txoko, y separado de los dueños. Aprenderá a estar tranquilo él solo. No dependerá de ti para todo y se habituará mejor en otros entornos», aduce Richard. Ainara opina que «la casa es un sitio para estar tranquilos. Si le enseñas a que sea un parque de juegos, estará más excitado».
En cuanto a la relación de los canes con niños, todos opinan que merecería un debate a parte. Les parece muy positivo que jueguen en un entorno controlado, pero ven vital educar a los niños para convivir e interactuar con mascotas. «Los perros dan señales de molestia cuando por ejemplo les agarran las orejas o les meten el dedo en el ojo. Si se dan muestras notorias de agresividad como gruñidos, enseñar los dientes, o marcarles en un brazo, el riesgo a correr debe ser cero» y aconsejan llamar a un profesional cuanto antes.
Existen en el mercado juguetes y herramientas que pueden ayudar a a que la mascota fije un comportamiento más equilibrado. «Instintos como el olfato están infrautilizados en un perro que vive en un piso», comenta Marco. «Juegos tan simples como esconder comida dentro de una bola de papel para que la rompan y consigan el alimento son ejercicios que les relajan. No hay que olvidar sus instintos cazadores. Existen juguetes como el Kon, en los que se puede esconder comida, y que les ayudan también a ejercitar la mandíbula». El Clicker, es otra herramienta muy en boga y «válida para construir conductas», según Ainara. Los canes asocian una acción que están realizando con un click que oyen al instante, que les informa de que lo han hecho bien, y se empieza dando premios en cada click. El problema está en el mal uso. «Mucha gente utiliza el clicker como si fuera un silbato, les estresan, es importante asesorarse con un profesional. Saber su uso», indica Richard.
Adultos y veteranos
«Antes se creía que a partir de una edad era imposible enseñarles. Se puede adiestrar, pero no igual», coinciden todos. En los adultos se detectan más problemas de comportamiento, pero casi siempre hay una solución», incide Richard. El ladrido es uno de los más tratados. «Es una expresión normal del animal. El perro se expresa, llora, ladra. Es algo que se demoniza, y no otros ruidos como el de un coche. Eso sí, si es excesivo lo podemos tratar», agrega Ainara.
Finalmente, cuando el perro ya es veterano, «hay que valorar su estado físico y cognitivo, que les limita. Hay que adaptarse. Se puede educar hasta que se mueren, pero con otra exigencia», concluye Marco.
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