Manuel vive y regenta el caserío donde nació y creció. Su esposa trabaja fuera y él se hace cargo de todas las responsabilidades que requiere un baserri. Trabaja con varios tipos de ganado, pero el ovino es el que más esfuerzo exige.
-Es habitual que el marido o la mujer trabaje fuera ¿El caserío no es suficientemente rentable para que se dediquen dos personas íntegramente a él?
-Hay algunos caseríos que únicamente viven de eso, pero lo cierto es que en la mayoría uno de los dos trabaja fuera.
-Los jóvenes siguen sin verle atractivo al caserío.
-No se animan porque la rentabilidad es muy baja, exige mucha inversión y es un trabajo en el que hay muy poco tiempo libre. Pero también es gratificante, porque he nacido aquí, mis antepasados también y vivo aquí... Me da mucha pena pensar que algún día todo esto pueda desaparecer. Me encantaría que mis hijas siguieran manteniendo vivo el caserío, pero quiero que estudien y se formen, y que tengan la opción de elegir. Es una profesión muy bonita.
-¿Cómo es la vida de un baserritarra?
-Vendemos la leche a una empresa externa que elabora el queso, y aunque al ser producción ecológica se gana algo más, el beneficio aún sigue siendo muy pequeño. Es muy complicado sacar un caserío adelante. Los animales no descansan, aunque hay épocas más tranquilas, es un trabajo diario. Cuando nos vamos de vacaciones mi hermano se hace cargo y podemos salir unos días.
-¿Ha cambiado mucho el caserío en los últimos años?
-Sí, creo que ha cambiado mucho y el porvenir está en el cambio. Como en todo, el que se estanca desaparece. Antiguamente los caseríos tenían más tipos de animales y se producían más cosas, como el trigo, que era muy importante. Ahora, hay una tendencia a la especialización. Pero, ojo, al copiar otros modelos como el belga o el holandés nos hemos equivocado porque los terrenos son distintos.
-¿Cuál sería el mejor sistema para el desarrollo del sector agrario?
-Lo ideal sería producir los alimentos que cubran las necesidades de las poblaciones cercanas. Porque no solo producimos alimentos sino que mantenemos nuestro entorno en buen estado y los pueblos vivos con nuestra actividad. Hacemos un trabajo muy importante y no se valorará hasta que se comience a echar en falta. La venta directa sería la mejor opción. Tenemos que producir lo que quiera la gente de aquí, porque además, les interesa consumir el producto.