Tiene los 85 años que cumplió el pasado día 17 muy bien llevados por cierto, que la que tuvo, retiene. María Dolores Larramendi Emparan nació en Pasai Antxo, pero está en Irun desde que naciera Luis, su segundo hijo. Estamos en 1958. Antes llegó María Jesús (Make, para todos) y después, con cierto retrasillo, Nekane. Enviudó de aquel popular carnicero que fue Santos Urbieta y que nos dejó en 2002 con toneladas de bonitos recuerdos. Tiene cinco nietos: Mikel y Gorka, de Make y Javier Salas Mendia; Ariane e Íñigo, de Luis y María Jesús Rodríguez; y Eneko, de Nekane y José Ramón Aragón. Estudió en las Escuelas Públicas de Pasaia hasta los doce años. Entonces, ya había que ayudar en casa. A los quince, empezó a darle a la raqueta, pero en serio. Siguió hasta los 20 y ahí lo dejó. Con 45 años empezó a trabajar en el puesto familiar del antiguo Mercado de Abastos, donde estuvo hasta su jubilación. A partir de ahí mete todas las horas posibles en la música, en la Sagrada Familia o en el Betiko Ametsa. Está estupenda, se cuida, hace gimnasia y yoga. Y la pelota le sigue cautivando. Es una gran mujer. Lo asevera su primogénita Make, presente en la conversación.
-Cuéntame lo de tu nombre...
-Mira, en casa y en familia, siempre soy María Dolores; en Irún, para la vecindad y en la gimnasia, Lola; y desde que me jubilé, Nekane.
-Paces en Irun pero naces en Pasaia.
-En Antxo, de donde guardo grandes y buenos recuerdos de infancia. Vivía con cinco 'mayores' más: mi amatxo, Valentina; mi amona, María; mi aitona, Isidro; mi tío-abuelo, José Gabriel; y mi tío Joxé Larramendi, una persona que me marcó en la vida. Me miraba en él.
-¿Cuándo aterrizas por aquí?
-Con 32 años. Antes, en 1954, me casé y vivíamos en Pasai Antxo. Make nació en 1955, pero tres años después, cuando llegó Luis, nos vinimos para Irun, que Santos tenía que hacer muchos viajes semanales a Pasaia. Eran otros tiempos. Recuerdo que vivía por la Alhóndiga y solía llorar. Me decía a mí misma: «me han traído al campo» y me daba pena, porque en aquellos tiempos, por ejemplo, en el almacén 'El Pozo' había vacas y cerdos, que chillaban como no te puedes imaginar.
-Y os venís, por Santos, que era mucho Santos, ¿no?
-Ya lo creo que sí. Menuda cuadrilla se juntaba en el Mercado, con Otatze, Raku Etxegaray, Manolo de la Puente, Joxe Arruabarrena o Andrés Txapartegi. Se pegaban unos almuerzos de órdago en 'Arocena' y donde Martín Solbes.
-Pero antes llega tu etapa pelotazale, como raquetista. ¿Por qué raquetista?
-Porque jugábamos con raqueta. Desde los ocho años ya vivía ese deporte por mi tío Joxé (Larramendi). Desde txiki he palpado el ambiente pelotazale, viendo cómo le preparaban la ropa antes de jugar en el frontón de Atotxa, en el 'Moderno', que estaba en la zona del Hospital Militar. Luego...
-¿Sí...?
-Ya con 14 años se inaugura el frontón de Gros y es cuando empiezo a ensayar y a jugar. Había gente de de toda Gipuzkoa. Éramos muchas y muy pronto me llevaron para Sabadell. Creo que no era mala con la raqueta. Lo cierto es que nos lo pasábamos muy bien, aunque no había mucho más dinero que para pagarnos la pensión. Vivíamos en una casa particular y por no haber, no había ni pan ni mucha comida.
-O sea que os pagaban, ¿no?
-Teníamos contrato, pero no para echar cohetes. Eso sí, el que más se alegró de esa nueva etapa era mi aitona Isidro. Para que te hagas una idea, se alegró más que si en su día me hubieran elegido cantinera.
-Y socialmente, ¿cómo se llevaba eso de ver a las mujeres en un frontón?
-Este era un tema serio. No estaba bien visto, aunque con el tiempo, la cuestión se normalizó. Y es que jugábamos chicas de todas las clases sociales. Fue una forma de abrir brecha en mentes que muchas veces no admitían los cambios.
-¿Sólo jugaste en Sabadell?
-Y también en Madrid, en el frontón del barrio Salamanca; y en Logroño, donde juega Titín.
-¿Cómo vestíais?
-Normal, aunque no sé yo. Llevábamos una falda algo por encima de la rodilla, blusa blanca y faja roja o azul, según tocase. Me sentaba bien el uniforme, creo que gustaba y ya tenía detrás a más de uno.
-¿A cuánto jugabais?
-Ya sabes, como a pala, pero con raqueta. Los partidos eran a treinta tantos y podían durar una hora. Yo jugaba de delantera y se me daban muy bien los 'dos paredes'.
-¿La gente se jugaba la pasta?
-Claro y había apuestas, como siempre en el frontón. Recuerdo que a mí me llamaban 'La remiendos', en vez de Larramendi. Pero era legal.
-Ahora no hay mujeres pelotaris...
-Y es una pena, aunque creo que hay algún movimiento por Zumarraga. Que siga adelante.
-Total, que acabas en la carnicería, con Santos.
-Dejé la pelota a los veinte años, que es cuando empecé con mi marido. Entré en el puesto con 45, cuando el negocio derivó de carnicería a charcutería y a la venta de quesos, mantequillas y pan. Fue una experiencia muy bonita y todos los del Mercado nos llevábamos muy bien, genial. También hacíamos nuestras buenas juergas.
-Y luego te implicas en la música, una vocación escondida, ¿no?
-Siempre he llevado la música dentro, desde niña, que era solista en el 'cole' los domingo de mayo, cuando se cantaba a la Virgen. No me falta voz, como a mi tío Joxé, que estuvo sesenta años en el Coro Easo. Llegó a dirigirlo. Siempre he vivido la música en el ámbito familiar.
-Ahora en el Betiko Ametsa.
-Sí, desde que murió mi marido. También llevo veinte años en el coro de la Sagrada Familia. No me pierdo un ensayo y los setenta que somos nos llevamos muy bien.
-También le das a la gimnasia.
-Y al yoga en los jubilados. Hay que mantener la forma. Mira, tomo menos pastillas que mis hijas.
-Oye, que te veo divina.
-Me echan menos años. ¿El secreto? Estar en forma y no quedarte en casa. O tener alegría perpetua, como dice mi hija Make.