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El futuro de Ezker Batua

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El futuro de Ezker Batua

09.07.11 - 02:07 -
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Tengo que empezar por reconocer que en estos precisos instantes no resulta fácil escribir sobre el futuro de Ezker Batua. Los resultados de las últimas citas electorales, las constantes divisiones y crisis internas, así como el escándalo de las negociaciones con el PNV en Araba, a corto plazo no nos auguran un futuro muy halagüeño. Sin embargo, la situación a medio-largo plazo se vislumbra mucho más optimista, si partimos de la premisa que en Euskadi existe espacio para una formación política a la izquierda del PSE y no independentista. Los campamentos en Euskadi de los 'indignados' así lo demuestran. No sugiero que sean de Ezker Batua, ni se me pasa por la imaginación pretender hacer un uso tan partidista de un movimiento que si hasta ahora algo ha rechazado, ha sido precisamente, los partidos políticos al uso y sus vetustas estructuras. Pero a nada que alguien preste un mínimo de atención a sus debates, se dará cuenta por un lado, de que el tema nacional no es una prioridad y por otro que se está exigiendo otro modelo de participación en las decisiones políticas.
El verdadero debate por lo tanto, no es si hay espacio para una formación política con un ideario como el de Ezker Batua, sino si Ezker Batua puede ocupar ese espacio y cómo puede hacerlo. Precisamente, ese es el principal debate que ahora mismo estamos teniendo también en nuestras asambleas locales de cara a la asamblea general extraordinaria del 12 de noviembre y que a partir de septiembre queremos abrir a todos los sectores de izquierda en Euskadi.
Lo que cada vez está más claro es que las estructuras cerradas, opacas y jerarquizadas de las formaciones políticas no conectan con la mayoría de hombres y mujeres que puedan tener interés por el bienestar colectivo. El hecho de que una vez cada cuatro años, todavía un amplio porcentaje de la población acuda a las urnas, no puede hacernos creer que satisface las ansias de participación de la mayoría de esas personas y desde luego, muchísimo menos las de las que no acuden a votar.
Que la clase política y los políticos seamos considerados, encuesta tras encuesta del CIS, como el tercer problema de la sociedad, más allá de situarnos a la defensiva nos debería obligar a realizar una verdadera reflexión que debería iniciarse en y desde la izquierda.
La izquierda por definición, debe ser transparente, horizontal, inconformista, transformadora y alternativa. Pero no sólo en sus programas, sino en su modus operandi habitual. Las familias, sensibilidades, guerras de poder, manipulaciones de censos, la búsqueda del beneficio personal por encima del bien colectivo, la presencia en actos e inauguraciones públicas con elegantes lunches, las relaciones privilegiadas con determinados ámbitos de poder, etc., deberían estar desterradas de la práctica de quien se reclama de la izquierda alternativa y transformadora. La votación para evitar el debate, la sobreexposición a los medios de comunicación y el distanciamiento de las demandas ciudadanas por vivir en un micro mundo político, también.
Soy perfectamente consciente de que no existe la arcadia feliz y que en toda organización humana existen diferencias, aspiraciones personales, visiones divergentes, pero es ahí precisamente donde se debe distinguir la derecha de la izquierda. Y ahí es precisamente donde una formación política como Ezker Batua debería hacer hincapié, para empezar abriendo las puertas de sus sedes, haciendo públicas sus finanzas, sus censos, y sobre todo sus propuestas políticas. Evitando buscar adhesiones inquebrantables a todo aquel o aquella que se acerque por las sedes, interactuando con las ciudadanía a través de las nuevas tecnologías, siendo capaces de resistir la crítica sin poner muros de contención, en resumen, estando al servicio de la ciudadanía y no sirviéndose de ella.
Los que no vivimos la transición y éramos demasiado jóvenes para conocer la concentración de fuerzas en torno al no a la OTAN, observamos con profunda esperanza el movimiento 15M por la capacidad de movilización que ha demostrado y por poner de manifiesto que tenemos una sociedad preocupada por lo que ocurre en su entorno, al contrario de lo que afirmaban con rotundidad los inventores de términos como 'Generación X' o 'ni-ni'.
La crisis económica ha puesto en evidencia que el sistema capitalista lejos de auto regularse como afirman las tesis más liberales, ha demostrado su insaciabilidad y búsqueda del beneficio por encima de todas las cosas. Una oportunidad como pocas para que la izquierda europea sea capaz de proponer modelos sociales, económicos y políticos alternativos, que, sin embargo en Euskadi no acaban de calar por el famoso mono tema nacional. Es precisamente en este ámbito, en el que miles de hombres y mujeres, vinculado al 15M o no, quieren tomar parte de las decisiones que les afectan, reclaman su derecho a indignarse, o son capaces de manera pacífica detener desahucios injustos, en el que la izquierda debe encontrar aliados para la consecución de objetivos comunes. Si bien para ello debe ser capaz de regenerarse desde el punto de vista político y organizativo.
Si somos capaces de actuar con coherencia, con ética y con la suficiente firmeza de principios, ese es el camino en el que podemos ubicar el futuro de una Ezker Batua que, sin lugar a dudas, tiene mucho que mejorar, pero está en disposición y con voluntad de hacerlo.
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