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Cuando la diálisis se hace en casa

SANIDAD

Cuando la diálisis se hace en casa

La diálisis peritoneal permite al paciente mantener su vida activa. La cuarta parte de los 900 enfermos renales dializados en Euskadi sigue esta técnica

15.06.11 - 02:05 -
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Para muchos enfermos con insuficiencia renal crónica, cada día de hemodiálisis supone un día malgastado. Por mucho que sepan que pasar cuatro horas, tres veces por semana, enganchados a la máquina depuradora que hace las funciones de sus maltrechos riñones es la única forma que tienen de mantenerse con vida -a la espera de un trasplante renal que casi siempre tarda en llegar-, el cansancio, las horas de espera, los traslados de casa al hospital en ambulancia y el parón laboral obligado por las circunstancias acaban pasándoles una factura añadida al desgaste de la propia enfermedad. En la actualidad, unas 900 personas precisan un tratamiento renal sustitutivo en Euskadi, de los cuales casi una cuarta parte (22%) ha optado por una modalidad con menos ataduras hospitalarias: la diálisis peritoneal.
Se trata de una técnica que cumple las mismas funciones que la hemodiálisis, esto es, la eliminación artificial de las sustancias tóxicas que el cuerpo no puede expulsar de forma natural porque los riñones han dejado de funcionar a causa de alguna enfermedad asociada, diabetes y dolencias vasculares en cada vez más casos. La 'limpieza' de estos desechos se realiza a través de la membrana del peritoneo, en el abdomen, y no a través de accesos vasculares. «Para ello al paciente se le coloca un catéter que es el que permite llevar hasta la cavidad abdominal la solución de diálisis», explica el doctor Fernando Vidaur, responsable del servicio de Nefrología del Hospital Donostia.
Una vez superado el tiempo de aprendizaje en el centro sanitario, una fase que dura varias semanas, el paciente se convierte en su propio enfermero, supervisado lógicamente por el equipo sanitario que atiende las dudas y las urgencias las 24 horas del día. Así, puede realizar su propia diálisis en casa, bien de forma manual mediante bolsas en tres sesiones diarias, o automática, a través de una cicladora que funciona durante toda la noche. Si no surgen complicaciones -la peritonitis es la más frecuente-, el enfermo sólo acude al hospital para las revisiones cada uno o dos meses. Las ventajas son evidentes. «Es una técnica eficaz, que permite mantener la función renal residual del paciente -puede orinar-, y una mayor autonomía», resume el doctor Vidaur. El principal inconveniente respecto a la técnica 'tradicional' es la caducidad del tratamiento. «Pasados unos años, el peritoneo pierde la eficacia para poder seguir depurando. Entonces el paciente, si no ha recibido el trasplante antes, pasa a hemodiálisis», precisa el especialista.
Un estudio sobre la situación socio laboral y el costo social del tratamiento de la enfermedad renal crónica, en el que han colaborado ocho hospitales, entre ellos el Hospital Donostia, acaba de desvelar que de los dializados que mantienen su trabajo, el 63% sigue la técnica peritoneal. Además, el informe, presentado ayer, demuestra que casi la mitad de los enfermos dializados mediante esta técnica está trabajando (48%), frente a sólo el 22% de los que utilizan la hemodiálisis o el 39% de los trasplantados, concluye el informe del Grupo de apoyo al desarrollo de la diálisis peritoneal en España.
A las ventajas sociales para el paciente, se le une otra de vital importancia para las cuentas sanitarias, más ajustadas que nunca por la crisis: la hemodiálisis es hasta un 44% más costosa que la peritoneal, por lo que la extensión de la técnica domiciliaria podría suponer un ahorro de 500 millones al Sistema Nacional de Salud en quince años.
«Ahora que se está potenciando la estrategia de la telemedicina y de los autocuidados del paciente crónico en otras especialidades, esta técnica es un modelo que viene funcionando desde hace tres décadas», sostiene María Teresa Rodrigo, responsable de la unidad de diálisis peritoneal del Hospital Donostia, que supervisa a 45 pacientes, la cuarta parte del total que está siguiendo un tratamiento de diálisis en el centro sanitario. Un médico, dos enfermeras, una auxiliar de enfermería conforman el equipo que 'entrena' a los pacientes para que puedan aprender a dializarse en casa.
«Mejor así»
María Ángeles Thomen, vecina de Hondarribia de 62 años, es una de las últimas en haber iniciado el tratamiento. «Cuando empecé con los problemas de insuficiencia renal me pusieron un tratamiento a base de pastillas, pero poco a poco empezaron a dejar de hacer efecto, o de no hacer el suficiente. Cuando no se pudo prolongar más tiempo, empecé con la diálisis peritoneal manual. Nunca había oído hablar de ella, pero tuve que asumirlo. No me quedó otra. Desde hace tres años yo misma me hago la diálisis, tres veces al día. Pero cada vez necesitaba más horas, así que he pasado a la técnica automatizada. Y estoy aprendiendo. Sé que estaré mejor así».
Koro Melero es su enfermera de referencia. Con ella empezó las 'clases' de diálisis peritoneal y con ella sigue todo el proceso. La conexión es total, hasta el punto de que cuando el paciente recibe el alta y está preparado para iniciar las sesiones en casa por su propia cuenta la separación del entorno hospitalaria, donde el enfermo siempre se sienten más seguro, puede ser «igual de traumática» que la decisión de empezar la diálisis. «Cuando el médico le da la noticia es un mazazo, pero también les cuesta mucho recuperar esa autonomía, hacerse a su nueva vida. Nosotras, evidentemente, no les dejamos de la noche a la mañana. El contacto telefónico es continuo y, con cualquier duda o urgencia, vuelven», resume Melero acompañada de Charo Zugasti, enfermera de la unidad.
La doctora Rodrigo recuerda que el objetivo «es que el paciente de diálisis esté lo más integrado posible en su vida, porque el enfermo con insuficiencia renal crónica es un enfermo para toda la vida, incluso si llega a ser trasplantado. Y eso es muy duro de asumir».
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Las enfermeras Koro Melero y Charo Zugasti y los doctores Fernando Vidaur y María Teresa Rodrigo.

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María Ángeles Thomen, vecina de Hondarribia, está aprendiendo en el hospital a utilizar la cicladora para luego seguir el tratamiento desde su casa. :: FOTOS: LUSA

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