Los dermatólogos anuncian una epidemia de cáncer de piel. Se calcula que en los próximos 20 años la enfermedad puede afectar a la mitad de la población blanca. «Si este dato no nos hace pensar y replantearnos nuestra relación con el sol, está claro que no vamos a avanzar», afirma Elena Aramburu, médico del servicio de Dermatología del Instituto Oncológico de Donostia. «Los rayos ultravioleta que el sol emite constantemente nos llegan desde que amanece hasta que oscurece. Si encuentran la piel destapada, en cada contacto la dañan. Es como un bombardeo que no percibimos».
La dermatóloga especializada en cáncer de piel describe que un rayo ultravioleta es capaz de penetrar en la piel y dañar , en el núcleo de las células que la forman, al ADN. «Ese daño no se repara y ahí está el quid de la cuestión. A medio o largo plazo una o dos de esas células que han conservado ese daño en el tiempo terminan sufriendo una transformación de ese núcleo, que empieza a dividirse a lo loco, sin freno y sale un tumor, dependerá también de otros factores. Pero cuantas más células vayas teniendo tocadas, más serán las posibilidades de desarrollarlo».
A su juicio, el curso de la enfermedad confirma este enunciado. «Un paciente que debuta con un tumor de piel es fácil que lo vuelvas a ver en un futuro con otro u otro más. Como consecuencia de ese bombardeo puedes tener una lesión en el hombro derecho. Y dentro de dos años, en la mejilla izquierda. O en la oreja».
Son pacientes que quedan incorporados en la consulta para control y seguimiento. Ellos sí que asumen que hay que extremar el cuidado y el control. «Y no sólo con cremas de protección, sino valorando horarios, ropa que se lleva puesta o itinerarios, tener todo eso en cuenta».
¿Mantenemos la mala costumbre del abuso del sol? «El ir a la playa y pasar allí un buen rato sigue siendo algo perjudicial para la piel», expone Aramburu. «Es cierto que la gente se ha concienciado y cada vez más se utilizan cremas de protección solar. Pero hay un pequeño error que conviene no enmascarar: mucha gente piensa que, con la crema, puede seguir haciendo lo que hacía, es decir pasar horas en la toalla. Las cremas frenan las radiaciones, pero no todas».
Un cambio de actitud
Desde las consultas de dermatología se recomienda un cambio de actitud. «Pedimos recuperar algo del estilo de vida de nuestros bisabuelos: no a la noche cerrada y al aspecto vampírico, pero sí a la idea de que hay que cuidarse del sol».
La luz solar es necesaria para nuestro metabolismo. «Pero con un paseo capturamos la cantidad de sol necesaria. El metabolismo de la vitamina D se moviliza con ello de forma suficiente con una hora de paseo al día, sin una exposición excesiva al sol».
La moda no acompaña aún al discurso de los dermatólogos: los cuerpos relativamente bronceados se asocian a la salud y a la belleza. «El bronceado es un grito de alarma de la piel, que nos está pidiendo socorro. La piel se broncea en un intento de defenderse de esa radiación ultravioleta dañina, pero no lo consigue del todo».
La idea de que el bronceado es señal de problemas no ha calado. «Pero calará porque es una cuestión estadística. El día en que el tema entra en casa es cuando espabilamos. Si el tema se dispara estadísticamente y se anuncia que va a afectar a la mitad de la población, entra en casa. Y es entonces cuando con las charlas, revisiones, en la consulta, la gente se va concienciando. No hay que llevarlo al extremo del burka. Pero en la puerta de casa pararse a pensar qué se va a hacer. Es decir, no ir de mañanera a Peñas de Aia con tirantes. Y cosas así. Este mensaje en las familias de los pacientes va cundiendo».
¿Cómo es el día a día en la consulta de la doctora Aramburu en el Oncológico? Una mañana tipo puede tener 23 pacientes: 4 de ellos de control de melanoma. «Es un tumor muy serio donde lo importante es el diagnóstico precoz. Una vez que se lo quitas al paciente, lo mantienes a control semestral los 5 primeros años y, anual, de por vida». Vendrían 8 casos de revisiones, personas que en el pasado han tenido un tumor de piel y se citan periódicamente. «A veces hay novedades y a veces, no».
En esta mañana 'media' la doctora Aramburu tendría 2 nuevas visitas, una de ellas con melanoma, que pasaría a manos del cirujano. Y habría 9 consultas dentro del grupo de prevención. «Es un programa de control de lunares, que realizamos con dermatoscopia digitalizada, una lupa de mano de 20 a 40 aumentos», explica. «Se valoran todas las lesiones y, ante un mínimo cambio, la decisión es más rápida. Es el día a día. Y la parroquia va creciendo».