Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo elevaron el mano a mano moderno a la categoría de arte en el formidable encuentro que el de Goizueta ganó 18-22 al de Ibero ayer en el Bizkaia de Bilbao. Olaizola II espera en semifinales del Manomanista al vencedor del Patxi Ruiz-Bengoetxea VI de hoy en el Labrit. Pero ese cruce para dentro de quince días es mera anécdota ante lo visto en Miribilla. Fue un honor.
Mucho se había hablado durante la semana de la conveniencia de cobrar 75 euros la butaca de cancha del Irujo-Olaizola II. «Demasiado caro en tiempo de crisis», argumentaban. «Es casi el doble de los 40 que valdrá el Patxi Ruiz-Bengoetxea VI, que también es de cuartos de final», añadían.
Ninguno de los pelotazales que pagó 75 euros su localidad salió defraudado del frontón. Son los 75 euros mejor invertidos o gastados, como más les guste, desde hace tiempo en un mano a mano en toda la cancha. Valió el doble. Fue un partidazo de 150 euros. Por lo menos. Y, vamos, los que pagaron 20 por un asiento de rebote, por alto que fuera, tuvieron un chollo.
No hace falta ver una final para rendirse ante las excelencias de una disciplina tan criticada en los últimos tiempos y a la que los dos protagonistas de ayer devolvieron su esencia. Aunque lo hicieran con un estilo actual, con un juego de aire descomunal, con acciones que hasta hace bien poco eran consideradas locuras. Qué va. Estos pelotaris están bien cuerdos.
Irujo pasará a la historia por las txapelas, no cabe duda. Pero también por el estilo de juego que ha creado e implantado en el Manomanista. Aquel funambulista que caminaba sobre el alambre con sus ocurrencias, con sus soluciones, con una manera de jugar revolucionaria, se ha convertido en referencia. Casi todos intentan copiarle. Buenos y no tan buenos. Habilidosos y no tan habilidosos. Pegadores y no tan pegadores. Delanteros y zagueros.
Olaizola II entró más de aire
También Aimar Olaizola se ha afiliado a un estilo que ayer alcanzó su cima. El de Goizueta buscó el saque-remate desde el principio, restó más saques de aire que a bote, empleó el sotamano para tomar la iniciativa, prefirió dar tres pasos adelante que recular -algo a lo que recurrió sólo cuando no le quedaba otro remedio-, defendió la pared izquierda con alma de guerrillero... Entró 62 veces de aire, tres más que Irujo. Más de uno de cada tres pelotazos, concretamente el 38%, se pegaron antes de que botara la pelota. Una barbaridad.
El encuentro tuvo un ritmo infernal, tantos rápidos, intercambios de aire, remates inverosímiles, una defensa de órdago, un despliegue físico propio de dos titanes... Por si fuera poco lo que vimos durante los primeros tres cuartos de hora, el tono del juego subió cuando Olaizola II e Irujo comenzaron a notar síntomas de cansancio. Crecieron la intensidad y la incertidumbre, los tantos necesitaban mayor número de pelotazos, nadie daba nada por perdido... Un espectáculo en toda regla.
Olaizola II, muy motivado y con unas ganas enormes de recuperar presencia en el Manomanista, mandó en el marcador de principio a fin y no dejó nunca que Irujo le igualara. El de Ibero se aproximó a un tanto en el 7-8, a dos en el 8-10 y en el 16-18 -después de ir rezagado 8-17-, a uno en el 18-19. Pero encontró la negativa tozuda de un Aimar consciente de la importancia de ir por delante.
El partido tuvo de todo, incluida la batalla psicológica. Irujo desapareció entre pitos por una puerta del frontis cuando perdía 8-17. Apareció minutos después por la de vestuarios, situada justo al lado contrario, para iniciar su reacción. Olaizola II respondió con otra entrada al vestuario en el 14-17 para cortar la racha. Disfrutamos como enanos.