Victoria Kent fue directora general de prisiones en la Segunda República y revolucionó el mundo penitenciario. Defendía que el objetivo del sistema no era castigar al delincuente, sino rehabilitarle. Eliminó los grilletes y cadenas, mejoró la alimentación, cerró decenas de penales por sus pésimas condiciones, instauró la libertad de culto... Decía que el mejor indicador para medir el desarrollo de un país era el estado de sus cárceles. Euskadi no pasaría hoy por hoy esta prueba del algodón, que pretende superar con la apertura de dos nuevas prisiones en Álava y Gipuzkoa y que le permitirán doblar la capacidad de las actuales.
Los centros penitenciarios vascos, dependientes del Ministerio de Interior, están obsoletos y al borde del colapso. Según los datos de la Secretaría General de Instituciones penitenciarias, 1.412 reclusos se amontonan en el alavés de Nanclares de la Oca, el donostiarra de Martutene y el vizcaíno de Basauri. Un 40% más de las poco más de mil plazas de ocupación máxima que suman entre los tres.
La situación se ha cronificado desde hace muchos años. Ahora se prepara una revolución. Las dos cárceles más grandes, las que encierran a más internos -las de Nanclares y Martutene-, van a pasar a la historia en los próximos años. Serán sustituidas por dos modernos complejos con más capacidad, de modo que cuando entren en servicio Euskadi estará en disposición de acoger -sumando las 300 plazas de Basauri- a más de 2.300 reclusos, más del doble que ahora. Pero, sobre todo, los nuevos equipamientos tendrán mejores dotaciones para ayudar a cumplir con el objetivo de hacer de los penales centros de rehabilitación y no solo espacios de castigo.
Como pequeñas ciudades
El más adelantado es el alavés de Zaballa, que jubilará a Nanclares. Tendrá 720 celdas -que podrán acoger a más de 1.300 reclusos-, frente a las 527 de las que dispone el centro actual. Las obras finalizarán después de este verano, tras haberse realizado una inversión de 115 millones de euros. Es previsible que Instituciones Penitenciarias realice el traslado de reclusos el próximo año. Eso supondrá la desafección para uso penitenciario de la actual prisión alavesa.
También están en marcha desde el mes pasado las obras de la prisión de Zubieta -oficialmente Norte III-Gipuzkoa- para sustituir a la de Martutene, construida en 1948. Costará 103 millones de euros. Interior prevé que entre en funcionamiento en 2014. Tendrá 504 celdas y capacidad para más de 700 reclusos, frente a las 118 de la actual, capaces de acoger a 150 internos. El impulso a este nuevo equipamiento ha llegado fruto de una confluencia de intereses: el Gobierno central necesitaba una nueva prisión y el Ayuntamiento donostiarra tuvo buena disposición para ceder el suelo porque ve con ojos golosos el terreno que ocupa la actual, que será demolida, para el desarrollo urbanístico de la ciudad.
Lo realmente fundamental de las dos cárceles que se están construyendo son sus equipamientos. En realidad, serán como pequeñas ciudades. Cada una ocupará una superficie de 18 hectáreas -gran avance con respecto a la situación actual porque la de Martutene, por ejemplo, se encuentra en un terreno de dos hectáreas-. En ese suelo se repartirán distintos espacios. Por supuesto, habrá zona residencial y de talleres ocupacionales. Pero también biblioteca, canchas deportivas descubiertas, polideportivo, piscina, auditorio...
¿Hoteles con todo tipo de comodidades para delincuentes?, se preguntan indignados responsables de algunos colectivos al conocer los equipamientos de los centros penitenciarios más recientes y las actividades lúdicas que se desarrollan en ellos. Fuentes de Instituciones Penitenciarias achacan esta actitud al desconocimiento. «Una pena privativa de libertad es exactamente eso: restringe el derecho al libre movimiento, pero no otros derechos», subrayan. Es decir, los presos tienen derecho a la educación, al ocio, a hacer deporte...
Sin lujos
Y, en cualquier caso, la utilización de todas estas instalaciones está restringida. «Un preso no puede decir 'hoy me voy a la 'pisci'», explican las mismas fuentes. Cada día, y a cierta hora, le toca a un módulo o a determinado grupo de reclusos y durante un tiempo establecido. A quien no le apetece en ese momento, deberá esperar el periodo estipulado para volver a tener la oportunidad.
Además, desde Interior recuerdan que la práctica deportiva y de otras actividades - por ejemplo, el teatro- son fundamentales para la rehabilitación de los reclusos, para la recuperación en casos de adicción a las drogas o incluso como actividad formativa, ya que en las piscinas se imparten cursos de socorrismo. «Sería inhumano tener a gente encerrada durante 24 horas al día sin hacer nada», señalan portavoces de Instituciones Penitenciarias. Y eso no cumpliría con la obligación reeducadora que tiene el sistema.
Lo mismo opinan desde el sindicato de funcionarios de prisiones Acaip (Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias). «Cuantos más medios tengan los internos para ocupar su tiempo libre mejor será la convivencia», admite Juan Carlos Díaz, miembro de la ejecutiva nacional de Acaip y delegado de la central en Basauri. También señala que los dos nuevos complejos tendrán la capacidad para terminar con la actual saturación de los penales vascos. Pero duda de que vaya a ser así. «La gestión se hace desde Madrid y, por tanto, también pueden usarse para descongestionar otros centros de cualquier parte del Estado».
El sindicato de prisiones llama la atención sobre un conflicto laboral que arrastran desde hace años. «Los nuevos complejos tendrán más capacidad, pero los funcionarios seguimos siendo los mismos», señala.
Critica que la oferta pública de empleo para este año se restrinja a «60 plazas» en todo el país cuando cada ejercicio hay entre 200 y 300 bajas por jubilación, fallecimiento o excedencias. «Se está gastando un montón en piscinas, teles de plasma y todo eso, pero no hay dinero para contratar a más funcionarios», lamenta.