Después del varapalo del Labrit, al menos Mikel Urrutikoetxea le dio una alegría a su empresa al eliminar a Mikel Beroiz en un partido en el que el delantero de Zaratamo no las tuvo todas consigo hasta que consiguió llevar el 22 al luminoso.
Comenzó bastante nervioso y apenas si gozaba de la pelota. Dominado en todo momento, el vizcaíno deambulaba por la cancha. Beroiz hacía lo que quería. Aquello tenía muy mala pinta, pese a que el inicio del zaguero de Huarte fue nefasto. Las tres primeras pelotas las regaló él.
Pero luego se vino arriba. Con seis tantos de tacada cambió la dinámica del marcador (6-4) y empezó a imponer su ley. El pescado parecía vendido con el 13-7. No encontraba oposición en un Urrutikoetxea que bastante hacía con mantener el tipo ante el juego de su rival. Beroiz encontró un filón con el dos paredes y la dejada.
Hay veces que cuando todo parece decidido, de repente llega lo que nadie esperaba. Urrutikoetxea fue limando poco a poco la distancia en el marcador. Como una hormiguita. Tanto a tanto. Con cada uno que conseguía, se venía arriba. Ya no era el pelotari timorato del inicio. Ganó arrobas en tranquilidad. Y eso se trasladó a la cancha (13-12).
Su reacción no se quedó ahí, sino que se hizo con el mando del partido gracias a una tacada de siete tantos -entre los que se incluyen tres de los cinco saques que consiguió-. Ese 14-19 a favor provocó que el delantero vizcaíno sintiese muy cerca el dulce sabor de la victoria.
Beroiz, que nunca se entregó, tiró de orgullo para evitar la debacle. Lo consiguió a medias. Se acercó hasta un inquietante 18-21 tras cometer Urrutikoetxea dos fallos consecutivos -una pelota al colchón superior y la otra al fleje de la pared izquierda-. Pero, desgraciadamente para sus intereses, se quedó ahí.
Urrutikoetxea soltó un derechazo con toda su alma y Beroiz no pudo poner la pelota en el verde. La victoria le permite al de Zaratamo medirse en cuartos de final a Julen Retegi. Para un debutante como él, pasar la primera criba es más que un premio. Tratará de asimilarlo con el paso de los días, pero a buen seguro querrá que el sueño continúe otra semana más. Y otra, y otra, hasta la final. Soñar es libre. Al delantero de Asegarce nadie se lo puede impedir.