Un partido de mucho oficio le permitió al Mirandés mantenerse como el líder de la categoría. El Sanse, mermado en defensa y con un ataque inédito, no dejó de competir hasta que se notó cuál de los dos equipos se jugaba más. Al Mirandés le esperaba el premio del liderato. Y era un caramelo demasiado goloso como para dejarlo escapar.
Con todo, el filial txuri urdin puso en serios aprietos al equipo de Carlos Pouso, que si algo de mérito tiene es que llega a la recta final con una plantilla dosificada y capaz de plantar batalla en cualquier escenario. Precisamente esa característica, el no sentirse derrotado en ningún momento, le posibilitó remontar el gol inicial de Illarramendi, que cabeceó un córner botado por Barcina. Era el minuto 19.
El Sanse se había adelantado cuando menos lo merecía. Quizá por eso lo hizo. El Mirandés, mejor plantado y con su público empujando hasta el último aliento -gran afición-, tuvo la primera oportunidad en las botas de Iribas.
Lambarri, lesionado, dejó su plaza a Mujika y a partir de ahí el cuadro burgalés jugó con los cinco guipuzcoanos: Borda, Raúl García, Martins y Mujika con el citado Iribas. Con el gol, con el tiempo, el Sanse mejoró. Como el buen vino. Y antes del descanso estuvo cerca del gol en sendos cabezazos de Eneko Eizmendi y Etxabeguren.
La remontada
El Sanse, con el marcador a favor, tenía el partido donde quería. Porque juega al gato y el ratón con el balón. Y es un equipo muy difícil de remontar. En realidad, superar un marcador adverso es la asignatura más complicada del fútbol. Por eso tiene mucho mérito lo que hizo ayer el Mirandés.
Primero empató por medio de un penalti un tanto ingenuo cometido por manos de Aldalur. Pablo lo tiró con tranquilidad por el centro y puso la igualada en el marcador. Por un momento, pareció que ambos equipos brindaban por el punto. Al Sanse le otorgaba prestigio; al Mirandés seguir mandando en la clasificación.
Pero la resistencia del Sanse, bravo y competitivo como siempre, duró ochenta minutos. El Mirandés sacó un córner en corto y el balón llegó al corazón del área, donde el exrealista y el exunionista Borda cabeceó para gloria del medio millar de aficionados rojillos.
El Sanse volvió a mover el balón con criterio. Jugó con rapidez para superar la línea de presión, pero tiene muchos problemas para marcar. Se ha quedado sin gol. Con todo, el partido se lo llevó el Mirandés porque se jugaba más. Fue la clave.