El comando Erreka de ETA no sólo era el responsable de gestionar el mayor depósito de explosivos de ETA en España. El detenido Aitor Esnaola y el huido Andoni Goikoetxea también pasaron información a otro talde, el Zartako, para asesinar en julio de 2001 al jefe de la Unidad Disciplinaria de la Ertzaintza y jefe de la Comisaría de Irun, Mikel Uribe, quien falleció tras ser tiroteado cuando iba a cenar a una sociedad en Leaburu, a escasos kilómetros de Legorreta, donde el grupo ahora desmantelado tenía su base logística. Aunque nunca llegaron a participar directamente en ningún atentado, el Erreka hizo seguimientos a otro objetivo, un concejal del PSE en Lezo, que no llegó a ser asesinado.
Así lo desvela el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, quien ayer decretó prisión incondicional para Esnaola por los delitos de integración en banda armada, tenencia de armas y explosivos con fines terroristas y un delito de conspiración para el asesinato. También envió a la cárcel al segundo detenido, Lander Etxebarria, por integración o colaboración con banda armada, ya que le acusa de haber sido quien captó a Esnaola para ETA .
El magistrado, en su extenso auto de prisión, hace recuento del material hallado en los caseríos de Olalde y Aldaola y en otros tres zulos. «Teniendo en cuenta el material , herramientas y productos incautados», esas instalaciones, señala el juez, se habían convertido en «un nodo logístico para la fabricación y almacenaje de material explosivo, así como su posterior distribución a los comandos», a los que el material llegaba a través de un sistema de siete zulos-buzones donde recogían los envíos ya elaborados del Erreka. Como prueba de que los caseríos eran «fábricas» el instructor apunta el hecho de que es la primera vez que en España se incauta nitrato amónico en bolas, en su formato de fertilizante, antes de ser molido para usarlo como explosivo.
«La intención de la organización terrorista era el establecimiento de un depósito/laboratorio de explosivos en la Comunidad Autónoma Vasca, con la finalidad de evitar los constantes pasos de muga para realizar entregas de material a los comandos, con el fin de minimizar los riesgos», explica Grande-Marlaska.
El juez confirma que el Erreka probablemente sea el comando más antiguo de ETA en activo y desvela que sus orígenes se remontan a 1998, cuando, con la intermediación de Lander Etxebarria, la entonces dirigente etarra Ainhoa Mujika Goñi reclutó a Esnaola para la organización y éste, a su vez, captó a su amigo, el huido Andoni Goikoetxea, para formar el talde. Casi desde el inicio, relata el magistrado, este grupo «recibió directrices» de la cúpula para «gestionar un gran depósito» de explosivos. Es más, en principio Goikoetxea llegó a recibir de la banda diez millones de pesetas para construir zulos en un caserío que acababa de comprar y que luego tuvo que vender por problemas económicos.
Un dato desconocido es que Luis Iruretagoiena, 'Suni', uno de los mayores expertos de explosivos de la historia de ETA , detenido en 2007 en la denominada 'fábrica de bombas' de Cahors, formó parte del Erreka a partir de 2001.
Diez años de investigación
Grande-Marlaska resume los diez años de investigación de la Guardia Civil para determinar quiénes eran los componentes del misterioso comando, del que se supo por primera vez en septiembre de 2002 tras la caída del jefe etarra Juan Antonio Olarra Guridi.
El juez recuerda que datos sobre este talde se encontraron también en poder de los cabecillas Ibon Fernández Iradi, 'Susper' (2002) o José Antonio Aranibar (2007), pero que no fue hasta la captura del abogado de ETA Jon Enparantza, en abril de 2010, cuando los agentes centraron su investigación tras los papeles hallados en poder del letrado.
Según el auto, a raíz de los documentos incautados a Enparantza los funcionarios centraron las vigilancias sobre Esnaola, a quien el pasado 18 de septiembre siguieron a una cita de seguridad en la localidad francesa de Gan. Allí se encontró con dos de los terroristas más buscados, el veterano José Ignacio Reta, quien ya cumplió 14 años de condena, y el huido de Segi Xabier Goienetxea. Los agentes, sin embargo, no pudieron detenerles porque los dos se zafaron por carreteras secundarias.