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En busca del tren perdido

SAN SEBASTIÁN INSÓLITO

En busca del tren perdido

Viajamos al Ulia del ayer pero lo hacemos con los ojos y la mirada del hoy. ¿Cómo era aquel glorioso parque de recreo del que solo quedan románticas ruinas?

16.04.11 - 02:21 -
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Esto es un juego. Primero nos desplazaremos por el tiempo hasta llegar a un día festivo cualquiera del verano de 1903. Queremos hacer una excursión al monte Ulia, al primitivo parque que abrió sus puertas en 1902. ¿Cómo llegaban hasta él los donostiarras? ¿Qué se podía hacer allá en lo alto? ¿Qué queda de todo aquello? Lo veremos en las próximas líneas, donde desglosaremos los atractivos de la vertiente sur del Parque. De la peña del Ballenero, el transbordador aéreo y otros tantos 'juguetes' de Ulia hablaremos en otra ocasión. Para la realización de este reportaje ha sido básica la información recogida en el libro de Fermín Muñoz 'San Sebastián, el monte Ulia y arenales, ayer y hoy' y el de Laurentino Gómez Beldarrain, 'San Sebastián. Historia de los parques de recreo a través de la tarjeta postal', así como los conocimientos y amable disposición de Juanjo Olaizola, director del Museo Vasco del Ferrocarril de Azpeitia.
09.00 Nos despertamos en un día cualquiera de finales de agosto de 1903. El sol todo lo invade y parece gritarnos el plan perfecto para hoy: ascender al flamante Parque de Ulia. Le hacemos caso.
11.45 Nos dirigimos al Boulevard donostiarra para tomar el ferrocarril eléctrico que nos llevará hasta Ulia. Aunque el trenecillo fue inaugurado en julio de 1902, no ha sido hasta este verano cuando se puede coger desde el corazón de San Sebastián. Antes, había que desplazarse hasta la estación de Ategorrieta, de la que luego hablaremos. El tranvía es, hoy por hoy, la única forma de ascender hasta lo más alto sin sudar la camiseta: la carretera no será construida hasta 1911 y la mayor parte del monte está sembrada de prados y bosques tupidos, apenas habitado por unos pocos caseríos y surcado por caminitos antediluvianos. Antes de la construcción de este ferrocarril (y del parque), Ulia era para los donostiarras el monte-cantera del que se extraía (y en 1903 se sigue extrayendo) la piedra arenisca con la que se levantarán los edificios de los ensanches de San Sebastián.
12.02 El ferrocarril se pone en marcha puntualmente. La excitación es palpable, en parte porque estamos montados en lo que es el primer tren electrificado de España, toda una novedad. El vagón se desplaza de forma limpia y silenciosa: aquí no hay caballos tirando de él -los llamados 'motores de sangre'-, ni engorrosas máquinas de vapor que ensucian de tizón el rostro de los señoritos y señoritas donostiarras. La electricidad es una cosa maravillosa y limpísima.
12.17 Hemos cruzado medio San Sebastián, enfilado la Avenida de Ategorrieta y el tranvía hace la última parada antes de iniciar el ascenso al monte. Muy cerca del famoso 'Reloj' de Ategorrieta, se encuentran las cocheras en las que 'duermen' los vagones de la Compañía del Ferrocarril del Monte Ulia. Ciento y pico años después de escribir estas líneas, en 2011, todavía permanecerá en pie el edificio principal del complejo, su estación: se encuentra en la calle Mikel Gardoki, junto al frontón construido sobre los terrenos de las citadas cocheras.
12.22 El tren prosigue su recorrido, dejamos Mikel Gardoki y enfilamos el Paseo de Arbola que, metro arriba, metro abajo, discurre paralelo a las vías del antiguo convoy. Justo donde se acaba el asfalto y comienza el camino de tierra obtenemos una impresionante panorámica. Las vistas de San Sebastián debían ser absolutamente espectaculares en 1903, sobre todo si tenemos en cuenta que a principios del siglo XX eran pocos los que podían ver San Sebastián desde las alturas: el monte Urgull era un recinto militar e Igeldo era una especie de hermano pobre de Ulia: en 1903 por no existir no existía ni la carretera (se trazaría a partir de 1911) ni por supuesto el funicular. Para ascender a él había que caminar y sufrir caminos polvorientos. Cuesta imaginar cómo fue aquel primitivo barrio de Gros: una gigantesca playa abierta al mar y manoseada por el Urumea en su desembocadura y una gran masa de dunas y roquedales que, desde hacía pocos años, estaba siendo domesticada con villas.
12.27 Tras una curva de casi 180º (situada en el mismo sitio en el que se ubica la 'curva hermana' de la carretera principal), el tranvía se adentra en un tupido bosque. Los rayos del sol apenas consiguen penetrar entre la maleza: hay tanto pino y laurel que los postes de madera del tendido eléctrico que mueve el ferrocarril se confunden con los árboles. Rastreado el recorrido de arriba abajo, en 2011 no hemos hallado ninguno de aquellos mástiles pero sí las piezas de cemento que servían como base a estos. Son fácilmente reconocibles por su agujero de un palmo de diámetro en el que se ensartaba el poste: dos de ellos se ubican muy próximos al Albergue de Ulia.
12.35 El tren enfila la última recta antes de llegar al cenit de nuestro trayecto. Ya se intuye el principal atractivo del recinto: sus increíbles vistas sobre la ciudad. Dejamos a la izquierda el caserío Mendiko Etxeberri sobre cuyos terrenos se levantará en un 'futuro lejano' -en 2009- el Albergue de Ulia. Tras unos pocos metros más de traqueteo, el tranvía llega a la estación. Ya estamos, oficialmente, en el Parque del Monte Ulia, el primero de todos los espacios de entretenimiento de San Sebastián, nacido en 1902, cinco años antes que el de Martutene (del que hoy casi no queda ni el recuerdo) y diez antes que el de Igeldo, el único y gran superviviente de todos ellos. ¿Qué actividades nos oferta este lugar a nosotros, donostiarras del año 1903? Pocas para una mentalidad hiperactiva de 2011, pero muchísimas para una de aquella época. De entrada, sentarse en la amplia terraza que mira a San Sebastián o tomar algo en el restaurante del Parque, también asomado al valle del Urumea.
12.45 Paseamos y paseamos a lo largo de la barandilla sin quitar el ojo a Gros. Por cierto, la plaza de Toros del Chofre -inaugurada hace nada, el 9 de agosto de 1903- luce espectacular desde las alturas. Los promotores del parque han llevado a cabo un encomiable trabajo de desbrozamiento. Hay visitantes que recuerdan haber estado en esta cima varios años atrás, cuando los árboles y la vegetación -espectaculares hortensias, por ejemplo- lo cubrían todo e imposibilitaban las panorámicas. En 2011, un murallón de piedra ha sustituido a la antigua balaustrada de fundición y las ramas de los árboles impiden apreciar las vistas con la generosidad de antaño.
13.15 Ha llegado el momento de acceder al restaurante, prologado por una apacible terraza. El edificio es una bella construcción de piedra con entramado de madera, un guiño neovasco a la arquitectura rural de Iparralde formado por dos partes bien diferenciadas: el torreón y el edificio principal. En la actualidad, del primero apenas queda la base y unas pocas escaleras, mientras que del segundo se pueden apreciar los muros de piedra, devorados por la maleza del monte, como si fuera un templo maya en las selvas de Guatemala. Es fácil toparse con las escaleras de acceso a las instalaciones o, incluso, las lustrosas baldosas hidráulicas que decoraban el suelo de las salas principales. En 2011, también asoma entre la hojarasca alguna jeringuilla usada, un guiño sórdido al mutar de los tiempos.
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Una de las bases de los postes del antiguo ferrocarril de Ulia.

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La antigua estación desde la que partió inicialmente el tren, junto a Ategorrieta, y la calle Mikel Gardoki.

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