Se inició ayer la temporada de pesca en aguas fluviales en Gipuzkoa, y muchos tenían el día marcado en el calendario. Había ganas, y no fueron pocos los que se acercaron a cotos como el de Oiartzun y Leizaran o a los embalses de Lareo y Arriaran a lanzar la caña. El río Araxes, en su tramo entre Tolosa y Lizartza, fue también testigo: decenas de pescadores madrugaron para acercarse a sus orillas a capturar, sobre todo, truchas. O al menos a intentarlo.
Desde primera hora, ahí estaban caña en mano. Pacientes y perseverantes. Concentrados, inmóviles, siempre atentos al movimiento de la pita. Disfrutando. La lluvia dificultaba la pesca, «el agua se pone verdosa», comentaba algún experto. Nada que unas buenas 'katiuskas', un gorro de lluvia y una capa no pudieran soportar. Tampoco parecían obtener resultados, a pesar de que el departamento de Desarrollo del Medio Rural asegure que se trate del segundo año con mayor densidad de trucha desde 1994. La temporada se prolongará hasta el 31 de julio.
El eibarrés Emiliano López Ortega, de 58 años, acudió junto a Juan José Torres Ruiz, de Ermua, y una cuadrilla de cuatro amigos más. Mientras gran parte de los guipuzcoanos dormía o trasnochaba, ellos decidieron madrugar. Era un día especial, y llegaron a Tolosa a las 6 de la mañana. «Venimos todos los años al Araxes el primer día de la temporada... llevamos alrededor de diez. A lo largo del año también pescamos en el mar, pero el río es más divertido», aseguraba López. Mientras, su compañero, que admitía haber nacido «con una caña en la mano», se mostraba un poco pesimista mientras añadía la lombriz de tierra al anzuelo. «No hemos sacado más que dos truchas y tres barbos. Todavía está un poco atontada la trucha», aclaraba Torres.
El número de truchas que los pescadores pueden capturar es de tres por jornada de pesca, y la talla mínima y máxima de captura continúan siendo 22 y 35 centímetros. Aunque para alguno, tres era un número utópico todavía. Javi, un hernaniarra de 27 años habitual del Araxes, también se quejaba de su mala suerte tras tres horas inmerso hasta el pecho en el río sin resultado alguno. «Llevo desde las 9 metido y no he pescado ni una sola trucha. Luego iré a Leizaran a ver si hay más suerte». Achacaba los malos resultados a la afluencia masiva de pescadores. «Hoy estamos demasiados, se nota que había ganas».
Una cuadrilla de Ibarra disfrutaba de un buen 'hamaiketako' con chuletillas y tocino en el merendero de Txarama mientras rememoraba tiempos mejores para la pesca de la trucha en Gipuzkoa. Juan Miguel Goya, de Ibarra, aseguraba venir «más que nada por inculcarle la pasión por la pesca a mi sobrino y para pasarlo bien, porque hace años que yo perdí la afición». ¿La razón? «Sencilla, los ríos están quemados, ahora solo hay trucha de plástico. La echan por interés meramente económico. Yo creo que habría que cerrar los ríos unos tres años para que se recuperen, como han hecho en Navarra». Su amigo Bittor apuntaba que «con lo que esta zona era cuando yo venía a pescar de crío... la trucha común ahora casi ha desaparecido... cuando sacamos una es un auténtico hito. Ya solo hay de piscifactoría». Una sola habían pescado.
José Luis Méndez Calvo, la voz de la experiencia del grupo, advertía de que «cuando se pesca es más adelante». Eso sí, aunque la trucha escaseara, «hay anguila, sorprendente en esta zona... tenemos cuatro o cinco».
Campeonato de Euskadi
Ya en Lizartza, a partir de la serrería Goikotxeaundia, en el tramo de pesca sin muerte, se disputaba la segunda de las seis mangas del Campeonato de Euskadi de trucha con mosca. Los veinticuatro participantes pescaron de 9.00 a 19.00, y no se quejaban de falta de trucha. Rodolfo González, organizador del evento, aseguraba que «se están pescando diez, o incluso doce. Además, trucha autóctona».
Gipuzkoa cuenta con «muy buenos» pescadores, según González. «Estamos en la elite europea, sin duda». Ayer mismo, en el Araxes se pudo ver en acción a los jóvenes Ander Perez Larruskain de Hondarribia, o a Eneko Lasa de Alegia, dos de las 'figuras emergentes' de este deporte.