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«Yo soy un niño robado y tengo la suerte de haber conocido a mi madre»

ADOPCIONES IRREGULARES

«Yo soy un niño robado y tengo la suerte de haber conocido a mi madre»

A María le arrebataron a Manuel hace 37 años en San Sebastián. «Mis padres vinieron desde Extremadura a las puertas de la residencia Aranzazu y pagaron a una mafia más de un millón de pesetas por mí»

30.03.11 - 02:14 -
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Los protagonistas de este relato no tienen sospechas de lo ocurrido años atrás porque lo vivieron en primera persona. Para ellos, los casos de niños robados en los hospitales durante el franquismo y los primeros años de la democracia hace tiempo que dejaron de ser 'presuntos'. «Nuestra historia es real. Yo soy un hijo robado y tengo la suerte de haber conocido a mi madre».
Quien pronuncia con tanta rotundidad esta afirmación es Manuel, un maestro de escuela extremeño de 37 años, que vino al mundo «en 1974 en la entonces residencia sanitaria» (hoy Hospital Donostia) de San Sebastián. «Mis padres vinieron a adoptarme a las mismas puertas del hospital y me llevaron a Zafra. Les hicieron pagar más de un millón de pesetas por mí», asegura. Desde «siempre», supo que era un niño adoptado, pero nunca pudo imaginar que su madre biológica fuera una víctima de las redes de adopciones irregulares que ahora están saliendo a la luz pública. «Ahora sé que no me abandonó».
36 años después, el destino ha querido que este extremeño conociera a su madre biológica. El reencuentro, ocurrido hace poco más de un año, fue una de las experiencias «más emotivas» que ambos pueden recordar. «En cuanto le vi, supe que era mi hijo. Es rubio y tiene los ojos claros y la piel blanquita como yo», explica la madre, de 56 años, que actualmente reside en un municipio vizcaíno. Casualidades de la vida, el pequeño, a pesar de criarse en Zafra (Badajoz) y de lucir un dulce acento extremeño, tiene «DNI vasco» y es de «la Real Sociedad a muerte». Su caso será denunciado en breve ante la fiscalía.
La historia de Manuel (nombre falso) se remonta al 8 de febrero de 1974. Ese día, María (nombre falso), una joven navarra soltera de 18 años que por aquel entonces trabajaba de cocinera en Donostia, dio a luz a un bebé en la residencia de Aranzazu. El pequeño nació de forma prematura. «Yo iba a diario a darle el pecho», cuenta María.
«Tu bebé ha muerto»
Uno de esos días, alguien del centro hospitalario le dijo unas palabras que nunca olvidará: «Tu bebé ha muerto». María, sola en Donostia, se vino abajo. «Todo este tiempo he pensado que estaba muerto. Entonces, ¿cómo iba a desconfiar de los médicos?», recuerda.
El matrimonio extremeño no vino a Donostia a recoger a Manuel. «Vinieron a por otro bebé pero, por azar del destino, al final no lo pudieron adoptar porque estaba enfermo», afirma el hijo.
Según explica Manuel, «la mafia» que se dedicaba a la compraventa de niños tuvo que buscarse un plan B. «Mi madre biológica reunía una serie de características que la hacía un blanco perfecto. Era soltera, yo había nacido prematuramente y pasaba la mayor parte del tiempo solo en el hospital. A ella le dieron el alta y venía a diario a darme el pecho», asegura el extremeño.
«A mis padres les pidieron dinero a cambio del bebé. Les engañaron diciéndole que el dinero era para pagar trámites y los gastos de hospitalización de mi madre biológica que, según les contaron, ni tenía seguridad social ni podía costearse los gastos de hospitalización. Una mentira gordísima». Según le ha contado familiares de sus padres que aún viven, pagaron «más de un millón de pesetas».
Lo que nadie se imaginó es que aquella joven de 18 años inscribiera al pequeño en el registro civil de Donostia el 14 de febrero de 1974, lo que a la postre ha servido para hacer posible el reencuentro.
Además, Manuel y María conocen el nombre de una enfermera que les atendió hace 37 años. «Mi madre me dijo un día el nombre de una enfermera que la primera vez no me sonó a nada. Luego, revisando mi partida de bautismo, que se celebró en San Sebastián, aparece el nombre de esa mujer como mi madrina de bautismo, cuando no tiene ninguna relación con nosotros». Por ese motivo, «pensamos que esa enfermera estaba dentro de la mafia y fue quien me sacó del hospital para entregarme a mis padres extremeños»
Pasó el tiempo y Manuel se crió en Zafra. «Pero yo desde muy pequeño siempre supe que era adoptado. No por mis padres, que nunca me lo dijeron, sino porque los niños del pueblo de pequeño eran crueles y me lo decían por la calle».
Ya de joven le llegó la hora de contraer matrimonio. «Tuve que pedir mi partida de nacimiento, que se encontraba en San Sebastián, puesto que siempre me habían dicho que había nacido allí durante un viaje», asegura. De hecho, la partida de nacimiento no está falsificada. «En mi DNI consta que soy de San Sebastián, donde nací y se llevó a cabo la adopción», afirma.
Cuando se hizo con la partida de nacimiento, se llevó la primera sorpresa. «Aparecen mi verdadero nombre y el de mi madre biológica. En un margen, aparecen los datos de mi adopción. Mi caso es un poco extraño porque no hay falsificación en la partida de nacimiento porque mi madre nunca me quiso dar en adopción. Hicieron que pareciera una adopción legal», cuenta Manuel.
Al leer el documento, al joven le «dio un vuelco al corazón». Pero guardó silencio. «Cuando confirmé que era adoptado no se lo dije a mis padres. Pensé que había sido un adopción regular como tantas otras. Me planteé no hacer ningún movimiento mientras mis padres vivieran». Su padre adoptivo, el último en fallecer, lo hizo hace ahora cinco años.
Tras la muerte de sus padres, se decidió a buscar a su madre biológica. «Tardé un tiempo en decidirme. Me tenía que poner en el lugar de ella porque no sabía si tenía derecho a inmiscuirme en su vida». asegura.
Y se decidió. Dar con María fue sencillo. En primer lugar, contactó con un hermano de su madre, que le fue allanando el camino. «Cuando le dijo que un hijo le estaba buscando se quedó de piedra. Ella ha vivido toda su vida pensando que yo estaba muerto. En su día le enseñaron hasta una partida de defunción falsa», explica Manuel, que también se quedó «de piedra» al conocer lo que le sucedió a su madre.
El reencuentro
El esperado reencuentro tuvo lugar hace ya más de un año. La primera conversación telefónica fue el 8 de diciembre de 2009. «Fue de ponerse los pelos de punta. Los dos nos pasamos llorando toda la conversación». El 19 de diciembre se vieron las caras en Vizcaya. «Fue espectacular, emotivo y una mezcla de sentimientos que no se pueden explicar. A ella le vinieron muchos recuerdo encima. Enterarse de que tu hijo está vivo es muy fuerte y difícil de asimilar», cuenta el hijo.
A María le temblaron las piernas. «Cuando le vi fue como si no lo hubiera perdido nunca. Lo reconocí entre una multitud. Dije, ese es», asegura María, que lamenta el tiempo perdido. «Lo mal que lo he pasado no me lo va a devolver nadie»
Ahora llevan más de un año de relación. Manuel ha estado varias veces en Vizcaya y María ha visitado Zafra. «He conocido a mis dos hermanos. Me han recibido bien». ¿Y eso de la afición a la Real Sociedad? «Por que en mi DNI pone San Sebastián. De pequeño lloraba siempre que perdía la Real».
Eso sí, Manuel sigue considerándose «totalmente extremeño» y guarda un buen recuerdo de sus padres adoptivos. «Me han dado todo lo que soy. Pienso que ellos también fueron víctimas de la trama», concluye.
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«Yo soy un niño robado y tengo la suerte de haber conocido a mi madre»

Reunión de afectados por el robo de niños en Donostia. :: MICHELENA

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