El automóvil de Amaia Azkue, la mujer que fue hallada sin vida en el embalse de Ibai-Eder, fue localizado a mediodía de ayer en el barrio azpeitiarra de Loiola. El coche tenía en las ruedas, así como en el interior de las aletas, restos de barro. De los bajos colgaban algunas hierbas, al parecer, producto del roce del coche con el suelo de la rampa de acceso al agua de la presa donde se halló el cuerpo. El automóvil está siendo examinado por la Policía.
El vehículo, un Renault Megane familiar, de color gris, que había sido adquirido recientemente por la familia, permanecía estacionado junto a la antigua estación del ferrocarril, en Loiola, cerca de los jardines del santuario. El coche fue descubierto por la Guardia Municipal de Azpeitia, después de que la Ertzaintza hubiese remitido a otroscuerpos policiales los datos relativos al vehículo que la víctima, cuyo paradero se ignoraba desde el miércoles.
Tras el hallazgo, unidades de la Policía autonómica se personaron en la zona y acordonaron el lugar. Posteriormente, el vehículo fue transportado por un camión grúa hasta la base policial, donde ayer mismo agentes de la Unidad de Policía Científica empezaron a analizarlo.
El coche, en una primera inspección, no presentaba signos de golpes en la carrocería ni tampoco desperfectos en sus lunas. No obstante, eran visibles unas manchas de barro en las ruedas, en las llantas y en el interior de las aletas. De igual manera, tenía restos de hierba en los bajos.
Todo parece indicar que el coche se manchó tras circular por la rampa de acceso existente entre la carretera que rodea el embalse y la lámina de agua, donde precisamente fue hallado el cuerpo sin vida de Amaia Azkue.
Los investigadores confían en que la inspección del vehículo les permita obtener un abundante número de pruebas que permitan la identificación del autor material de la brutal paliza que Amaia Azkue sufrió. En este sentido, los policías buscaban pelos o la presencia de restos biológicos que, cuando menos, posibiliten extraer muestras para, a través de ellas, obtener un perfil genético del autor de la agresión. También descubrieron algunas huellas dactilares que serán cotejadas con las existentes en su base de datos informática. Las labores de inspección del coche se podían prolongar todavía varios días.
Mientras tanto, la Ertzaintza ha reconstruido buena parte de las horas previas a la desaparición y muerte de Amaia Azkue. Se conoce que la mañana del crimen, la víctima tomó café en 'Errota Gozotegia', un establecimiento de venta de pan y que a la vez es cafetería. En este local estuvo en compañía de una amiga íntima suya y madre también de dos niños adoptados en China. Amaia y su amiga, acompañadas por la madre de ésta, permanecieron juntas en el local hasta las doce y cuarto aproximadamente. «Tomaban café todos los días, unas veces en el 'Errota' y otra en 'Lambroa'. El día que hace malo se quedaban en el 'Errota', ya que la madre de la amiga tiene ciertas dificultades de movilidad y prefiere quedarse más cerca de su domicilio», explica un allegado.
No fue a comer
La fallecida tenía por costumbre aparcar siempre el coche en una área de estacionamiento limitado existente junto al supermercado 'Día' de la localidad. El miércoles también lo hizo y por ello cuando dejó la compañía de su amiga y la madre de ésta dirigió sus pasos hacia el coche. Es entonces cuando se pierde toda pista.
Lo normal es que es Amaia Azkue hubiese entrado en su coche y sin detenerse en ningún otro lugar hubiese puesto rumbo hacia su casa, en el caserío 'Añadi', en la subida a Meagas. Sin embargo, no fue así.
La Ertzaintza sabe que la mujer asesinada no fue aquel día a comer a casa. Sin embargo, la alarma saltó cuando llegó la hora de la recogida de las niñas de la ikastola y Amaia no se presentó. «Una amiga que lleva a sus hijas a la misma ikastola llamó al marido, y éste, a su vez, se puso en contacto con la amiga con la que su mujer había estado por la mañana. Nadie sabía nada. Acudieron a la Ertzaintza, denunciaron el caso, pero entonces aún no se sabía que el cadáver que había aparecido en Azpeitia era el de Amaia», relata un allegado.
La Policía autonómica investiga si Amaia fue abordada por algún individuo que, mediante el empleo de la fuerza, le habría obligado a introducirse en el coche y luego a dirigirse a un punto que su secuestrador le habría indicado. No obstante, este comportamiento resulta un tanto extraño a ojos de los investigadores, toda vez que consideran que el asesino habría asumido riesgos innecesarios. Recuerdan en este sentido, que la zona en la que aparcó el coche es muy concurrida. «Si se hubiese producido un forcejeo, cualquiera lo habría visto. Al mediodía pasa mucha gente por ahí».
La Ertzaintza, sin embargo, tampoco descarta que Amaia Azkue accediese a llevar a una persona conocida a un determinado lugar. «Lo que está claro es que o bien el autor le atacó o era una persona que conocía, de la que jamás hubiera sospechado que fuera a hacerle algo malo. Lo que es seguro es que Amaia no abrió la puerta de su coche a un desconocido. Estoy convencido de que, a la mínima sospecha, habría bajado el dispositivo de cierre del vehículo. En ese sentido era muy precavida», afirma un amigo.