La noticia de la aparición del cadáver de Amaia Azkue Aldabaldetreku en aguas de la presa de Ibai-Eder de Azpeitia se conoció a media mañana en Zarautz y Orio, localidades estrechamente vinculadas a la fallecida, ya que aunque residía en Zarautz desde que se casó hace catorce años, era natural de Orio y siempre que podía tenía por costumbre desplazarse a a las calles donde creció para disfrutar de la compañía de su familia y amigos. Ayer ambas localidades lloraban su muerte.
Nadie se explica lo que le pudo suceder. Amaia, una chica alegre y jovial como pocas, fue vista por última vez sobre las 11.30 de la mañana del miércoles delante del ayuntamiento de Zarautz. A partir de ahí se pierde su pista. Tenía por costumbre comer en casa, tomar el café con una amiga y acudir sobre las 16.30 a Orokieta Herri Eskola donde estudian sus dos hijas, Libe y Sara, de 9 y 7 años, respectivamente, ambas adoptadas hace unos años en China.
Amaia tenía 39 años y sus amigos y conocidos la recuerdan como una chica alegre y extrovertida, aparentemente sin problemas. Su marido es Manu Aizpurua, transportista de profesión, muy conocido también en Zarautz y en diferentes localidades del territorio histórico, donde trabaja en el reparto.
La fallecida residía a un kilómetro y medio de Zarautz, en la carretera de Meagas. En una vivienda residían ellos y en la otra sus suegros y siempre que bajaba a Zarautz lo hacía en coche, en su coche familiar de color gris.
«Una etxekoandre»
Todos sus allegados la recuerdan como una mujer siempre de buen humor, alegre y responsable. «Era una chica que le gustaba mucho estar en casa con sus hijas y cocinar. Solía llevar a las niñas a primera hora de la mañana y las recogía por la tarde. Ella aprovechaba para hacer las compras, tomarse un café y preparar la comida. Una etxekoandre. Cuando era más joven trabajó cuidando niños, pero ahora se dedicaba a sus labores», recuerda una amiga suya. Otra destaca su buen humor. «Me acuerdo en una despedida. Todos de parranda y ella que no bebía, la más alegre y divertida».
Todo eran ayer comentarios y conjeturas de lo que le pudo pasar. Se trataba de una chica muy guapa, de mucho estilo a la hora de vestir y en un principio se rumoreaba que detrás del suceso pudiera estar el móvil sexual, conjetura descartada horas después.
«Lo ves en la televisión pero como casi siempre ocurre lejos y no te toca de cerca, pasas página. Pero cuando ocurre a una ciudadana y además conocida, te quedas aturdida, más si ha sido como parece con ensañamiento», señalaba una vecina. Otra mostraba su preocupación sobre todo por las hijas. «Las dos pequeñas estaban muy unidas a la madre, aunque con el padre también se arreglaban bien. Les solía ver en la playa, en los playeros».
La familia Aizpurua-Azkue solía pasar el verano en una vivienda que tienen en la localidad riojana de Ezcaray. «Solían ir en Semana Santa y también en verano. Tienen piso en una urbanización con piscina, donde las niñas se lo pasaban en grande. En Navidades, por su parte, pasaban una semanita en Canarias», nos relataba otra conocida de Amaia, apesadumbrada por el asesinato, como estaba en la tarde de ayer todo el pueblo de Zarautz y Orio, donde también era muy conocida y querida.
Como madre adoptante de sus dos hijas nacidas en China, Amaia pertenecía a la asociación Ume Alaia, de familias adoptivas de Gipuzkoa. Miembros de esta organización expresaron ayer su pesar y consternación en cuanto tuvieron conocimiento de lo sucedido. «Nos hemos quedado helados. Amaia era una de nuestras socias más joviales. Cada vez que nos reuníamos siempre destacaba por su alegría, por su carácter extrovertido. Se le veía feliz con sus dos pequeñas», señalaron.