No era un comando más. El grupo desarticulado el martes por la Guardia Civil en Vizcaya había sido y era la vanguardia de la organización terrorista ETA desde su nacimiento en 2006, semanas antes de la penúltima tregua. El comando Otazua se ha revelado, según fuentes de la lucha antiterrorista, como el más activo en los últimos años. Acreditan en su cuenta de resultados 16 atentados en seis comunidades autónomas, dos de ellos mortales, el del inspector de la Policía Eduardo Puelles y el del militar Luis Conde, según dice la Guardia Civil que ha reconocido en los interrogatorios uno de los componentes del comando Iñigo Zapirain.
El núcleo central de la célula, según los responsables de la investigación, lo componían tres de los cuatro detenidos, el propio Zapirain, su novia Beatriz Etxebarria, y el jefe, Daniel Pastor, quien además se encargaba de almacenar el arsenal en el trastero de Galdakao, en el que se han hallado más de 200 kilos de explosivos, amén de armas. La cuarta arrestada, Lorena López, al parecer, no participó en las acciones terroristas, aunque las conocía. Todos ellos compaginaban su activa militancia en ETA con una vida de lo más normal como camareros, corredores de mountain bike, albañiles o técnicos de arreglos de fachadas, apuntan fuentes de la investigación.
2006, el nacimiento
Según la Guardia Civil, el interrogatorio de Zapirain ha permitido saber que el grupo nació a principios de 2006, cuando los tres terroristas aceptaron la propuesta de crear un comando legal que les planteó Saioa Sánchez Iturregi, 'Hintza', una de las etarras más buscadas por entonces y que fue capturada en diciembre de 2007 en la población francesa de Capbreton. Sánchez, que era la jefa del comando Bizkaia de ETA desarticulado en diciembre de 2006, había puesto en marcha un segundo talde en ese mismo territorio.
Cuando Sánchez puso sobre la mesa el nombre del nuevo comando, los recién incorporados terroristas decidieron denominarlo Otazua. Era su homenaje a Arkaitz Otazua, el etarra que falleció desangrado el 14 de septiembre de 2003 en un tiroteo con la Ertzaintza, a la que habían tendido una emboscada en el alto de La Herrera, en Álava. Otazua era conocido de los tres terroristas.
Los responsables de la investigación aseguran que los ahora detenidos pasaron a depender de la jefatura militar de ETA en Francia, que entonces ocupaba Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki'. De acuerdo a las investigaciones, tardaron sólo días en entrar en acción una vez que recibieron los primeros explosivos. Su primer atentado fue el 30 de enero de 2006 y consistió en la colocación de una mochila bomba en unas oficinas del Inem en Bilbao, un objetivo fácil para un comando inexperto que todavía no había tenido siquiera oportunidad de elaborar información.
El 9 de marzo de 2006 perpetraron otro atentado sin demasiada preparación, la colocación de cuatro pequeños artefactos en carreteras de Ontón (Cantabria), Gallur (Zaragoza), Miranda (Burgos) y Viana (Navarra) en apoyo a la huelga general. Y a partir de ahí un parón provocado por la tregua de ETA de marzo de 2006. Tras la ruptura del alto el fuego con el atentado de Barajas y la caída en diciembre de ese mismo año del otro comando que había activado en Vizcaya Saioa Sánchez, el Otazua se convierte en la vanguardia terrorista en ese territorio amparado en su legalidad, según fuentes de la investigación.
2007, órdenes de matar
El grupo, siempre según la declaración que la Guardia Civil asegura que hizo Zapirain, aprovechó la tregua para recibir más explosivos, mejorar su adiestramiento y, sobre todo, moverse para 'trabajarse' futuros objetivos, sobre todo fuera del País Vasco para demostrar la fortaleza de ETA.
Cuando el 6 de junio de 2007 ETA dio por finalizado el alto el fuego, uno de los grandes atentados que 'Txeroki' encargó a sus comandos lo ejecutan los detenidos, ahora ya más formados y que se atreven con su primer ataque preparado minuciosamente: un coche bomba el 9 de septiembre del 2007 junto a la sede del Ministerio de Defensa en Logroño. Y, a partir de ahí, recibieron órdenes directas no sólo de hacer ruido, sino de matar. La primera vez que buscan el asesinato es con la bomba lapa colocada en los bajos del coche del escolta Gabriel Ginés, el 9 octubre de 2007, que salvó la vida por poco y al que habían vigilado durante la tregua, ya que vivían muy cerca de la víctima. Desde ese momento se lanzan a una escalada contra objetivos cercanos a sus domicilios, como el artefacto en los juzgados de paz de Sestao en diciembre de 2007. En las imágenes de las cámaras aparece el propio Zapirain.
2008, bautizo de sangre
Debutaron en 2008 con otro atentado fácil, la bomba contra la sede la Seguridad Social de Arrigorriaga en mayo. Pero 'Txeroki', ante la efectividad del nuevo comando, al que volvió a enviar más armas y explosivos, encargó al Otazua volver a matar. Lo intentaron de nuevo el 16 de septiembre de 2008 con otra bomba lapa en el coche de un policía de Basauri, que salvó milagrosamente la vida tras viajar diez kilómetros con el artefacto explosivo adosado a su vehículo. Pero menos de una semana después, el 22 de septiembre, consiguieron su bautismo de sangre con el asesinato del brigada del Ejército Luis Conde mediante la explosión de un coche bomba colocado frente al Patronato Militar de Santoña, en Cantabria.
Durante todo 2008 alternaron los grandes atentados con otros tres ataques contra repetidores en Vizcaya y Navarra, dos de ellos con complejas bombas trampas para los artificieros que habían aprendido a hacer en unos cursillos en Francia.
2009, repescados por 'Ata'
El Otazua se había convertido ya en el favorito de 'Txeroki', pero en noviembre de 2008 el cabecilla etarra cayó detenido y, según el relato que la Guardia Civil atribuye a Zapirain, el comando quedó descolgado hasta que el nuevo jefe de ETA, Mikel Kabikoitz Karrera Sarobe, 'Ata', volvió a contactar con el que ya por entonces era el mejor talde de ETA. Las órdenes de 'Ata' eran matar y los terroristas escogieron otro objetivo que conocían bien por la proximidad a sus domicilios, el inspector de la Policía Eduardo Puelles, residente en Arrigorriaga. El agente fue asesinado el 19 de junio de 2009. Sólo 40 días después, el 29 julio, volaron la casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos con una potente furgoneta bomba, de cuya colocación no avisaron.