Con más de mil millones de hablantes, el chino ya es el primer idioma del mundo, por encima del inglés. Y una lengua con un enorme futuro por delante gracias a la imparable expansión del gigante asiático y a la paulatina apertura de sus fronteras. Pero también tiene un presente floreciente. La progresiva implantación de empresas en ese país, al que deben trasladar a profesionales cualificados, el gusto por el exotismo o simplemente la apertura de nuevos horizontes han convertido su aprendizaje en un reto -o una obligación- para un creciente número de ciudadanos. Un millar de vascos están embarcados en esa aventura. Ellos han dicho 'ni hao' (hola) a una cultura milenaria.
Sin embargo, a su enseñanza aún le queda mucho camino por recorrer para dar el gran salto: las escuelas oficiales de idiomas de Euskadi no imparten chino, que solo se ofrece, fuera del horario lectivo, en un puñado de colegios. Además, el Instituto Confucio, la única entidad autorizada por el Gobierno de Pekín para ofrecer títulos oficiales en España, tiene su sede más cercana en Madrid. Esta situación limita las opciones para zambullirse en esa lengua a las academias privadas y los profesores particulares.
Say Ching, profesora del colegio Santa María, de Vitoria, el primero de Euskadi en ofrecer el chino mandarín como asignatura optativa, defiende que no es tan complicado como parece. Sus clases van orientadas a que los alumnos sean capaces de 'leer y entender textos escritos'. «Yo siempre lo comparo con el castellano. Para nosotros resulta mucho más difícil porque en el chino los verbos no se declinan», apunta.
Fang Xiao, directora del centro de estudios Lu Xun, de Bilbao, apuntala esa tesis. «La gramática es mucho más sencilla, pero la escritura sí que puede resultar muy complicada para los occidentales porque la forma de memorizar cada carácter es trazo a trazo», explica. «De todas formas, lo más importante es quitarle el miedo», añade. Para manejarse en el día a día, haría falta conocer entre 3.500 y 4.000 caracteres, que son aproximadamente los usados en los periódicos del gigante asiático.
Perfil del estudiante
Las perspectivas de negocio también empujaron al colegio Santa María, de Vitoria, a impartir esta lengua entre sus materias. «Muchas empresas han decidido establecerse allí y conocer su idioma puede ser una ventaja competitiva para nuestros alumnos», explica Xabier Galarza, director de la ESO del centro educativo.
Otro gran núcleo de estudiantes lo forman los niños nacidos en China y que ahora residen en Euskadi, ya sea porque sus padres les trajeron con ellos o porque han sido adoptados por familias vascas. Su objetivo es profundizar en el conocimiento de su idioma materno para comunicarse en él con desenvoltura.
La mayor parte de los 200 alumnos de Lu Xun, de Bilbao, encaja en uno de esos dos perfiles. «Pero cada vez viene más gente joven que no quiere aprender el idioma solo por trabajo, también les interesa la cultura china», añade su directora. Este centro ofrece cursos que ahondan en las costumbres del país oriental y tocan aspectos como la cocina, la caligrafía o la pintura.
Este último colectivo de estudiantes, aunque en constante crecimiento, es el más reducido. Además, se enfrenta a las dificultades de no poder acceder a una enseñanza pública de la lengua, con el consiguiente gasto añadido. Y si intentan conseguir titulaciones oficiales, la oferta en Euskadi es aún más limitada, por lo que muchos acaban buscándose la vida por su cuenta o con profesores particulares.
Frases como «hablo chino en la intimidad» o «chino a nivel coloquial» pueden servir para rellenar el currículum, pero lo que realmente interesa a las empresas son los títulos oficiales. La única alternativa viable es recurrir a una de las cuatro sedes del Instituto Confucio, situadas en Madrid, Barcelona, Valencia y Granada. El examen oficial se llama HSK y tiene seis niveles en su versión escrita y tres en la oral. La prueba se realiza un par de veces al año y se envía al Gobierno del gigante asiático para corregirla.
'Dragones donostiarras'
En Euskadi ya existe una academia especializada en la enseñanza del idioma y centrada en preparar a sus alumnos para ese examen. En el Instituto Chino Gipuzkoa llevan un par de años trabajando para sacar los títulos HSK basándose en un «método propio». «Ellos tienen una forma muy diferente de aprender la lengua a la nuestra, con esta metodología hemos intentado adaptar la enseñanza del idioma al punto de vista occidental», explica Miren Gabilondo, su directora del centro.
Otro de sus elementos diferenciadores es que todos sus profesores son nativos, pero «a diferencia de otras academias» buscan personas con una carrera en la docencia.
Su estrategia parece que funciona. En la última convocatoria del HSK, los 'dragones donostiarras' arrasaron. En noviembre se presentaron 21 alumnos a 31 pruebas diferentes -algunos realizaron varios niveles de la titulación de golpe- y solo suspendieron en dos de ellas. Un par de niños que se vieron sorprendidos por algunos cambios «de última hora» no superaron el examen oral.
Su éxito es tal que hasta el propio Instituto Confucio destaca su labor. Su directora tiene claro cuál es su objetivo: «Los del Confucio dicen que hasta ahora sólo personas de origen chino se han presentado al sexto nivel del examen en España, pues los euskaldunes seremos los primeros», vaticina.