EL CAIRO. Alaa al-Aswany siempre fue optimista y creyó en el poder revolucionario del pueblo egipcio. Pero su propensión al entusiasmo no ha podido evitar el insomnio que padece desde hace una semana. «Es muy diferente novelar la historia que vivirla», afirma el escritor, cuyas obras han inspirado a una generación de jóvenes que hoy piden cambio y libertad en las calles.
«El mayor honor que he podido recibir es que algunos manifestantes me han dicho que están hoy aquí por lo que yo escribí», se enorgullece Al-Aswany, que recibe en su consulta de dentista a un puñado de medios internacionales. El autor, el mayor fenómeno literario árabe de la última década y uno de los intelectuales más activos de Egipto, es odontólogo de formación, y mantiene su consulta en el barrio cairota de Garden City, aunque, cada vez más, delega el trabajo en sus asistentes.
Ha pasado casi una década desde que Alaa al-Aswany escribiera ‘El edificio Yacobián’, pero su temática está más de actualidad de nunca. Los males que corrompen a la sociedad egipcia, como la opresión, la tortura, la pobreza o la injusticia, que tan crudamente reflejaba la novela, han acabado por estallarle en la cara al régimen de Hosni Mubarak.
«Moralmente, el régimen está acabado, está viviendo sus últimos momentos, aunque políticamente aún no ha muerto», asegura el escritor, que habla con admiración de los jóvenes blogueros que han iniciado la revolución y que han conseguido movilizar a cientos de miles de personas. «Yo creo que existe lo que se llama un momento crucial. Se produce un llamamiento a manifestarse cuando todo el mundo lo está esperando», explica.
Al-Aswany es uno de los fundadores del movimiento Kifaya, una agrupación de intelectuales y activistas que ha pedido con fuerza un cambio político en Egipto. En 2005, el grupo organizó manifestaciones y consiguió, al menos, despertar la conciencia colectiva de muchos egipcios. Su influencia ha ido diluyéndose desde entonces, aunque ha vuelto a resurgir en las últimas semanas. «Kifaya nunca tuvo ambiciones políticas», reconoce Al-Aswany, que defiende el papel del intelectual como agitador social: «Creo que todos los artistas deben estar estos días en las calles defendiendo la revolución».
Su activismo, que ha reivindicado no solo en la calle sino en centenares de tribunas en diarios árabes y occidentales, le ha valido el ostracismo del régimen. «He pagado un precio por mi postura. No se me permite salir en la televisión pública y he sido atacado por los escritores afines a Mubarak». Un precio pequeño, sin embargo, comparado con el que han pagado otros «camaradas», que han sufrido la tortura o la cárcel por defender la libertad, asegura el escritor.
Defensor de El-Baradei
Al-Aswany es un gran defensor de Mohamed el-Baradei, el exdirector de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, que se ha postulado para liderar la transición. «El-Baradei no habla en nombre de la revolución sino de todos los egipcios», dice el escritor, que considera que es una cara «aceptable» para todo el país. Pero reconoce que «en Egipto tenemos líderes suficientes para dos o tres países», personas que han sido sistemáticamente machacadas por el régimen, que sólo se ha servido de los leales, asegura.
El autor de ‘Chicago’ considera que aún queda mucho por hacer. «La revolución no te ofrece el paraíso de forma instantánea, pero te pone en el camino», asegura. Pero, por muy difícil que sea la tarea, Al-Aswany, el eterno optimista, el incansable opositor, cree que todo es posible. «Mi última intervención fue una operación para extraer una muela del juicio que estaba terriblemente arraigada. Mi asistente me decía que iba a ser imposible, que no íbamos a conseguir sacarla, pero al final salió. Me llevó una hora, pero creo que con Mubarak vamos a tardar más».