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TEATRO

Aquellos cómicos

Recuperamos la memoria de un grupo de hombres y mujeres que en los locos años 20 del siglo pasado hizo teatro en Donostia

23.01.11 - 02:22 -
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En una casa de la calle Prim de Donostia, las nietas de José Egilegor atesoran hermosos álbumes crujientes por el paso del tiempo. Álbumes llenos de fotos que cuentan muchas historias. La de la familia, por supuesto. Pero también la de un tiempo, una ciudad, un país, unas propuestas teatrales, unos sueños musicales. La de muchos ciudadanos guipuzcoanos que cuando venían a la capital acababan yendo al teatro. En el Principal. También en el Victoria Eugenia. Incluso en el Kursaal. O en el Teatro del Príncipe, donde S. M. la Reina Doña María Cristina honraría con su presencia la función benéfica de aquel 30 de octubre de 1928, organizada para ayudar a los «damnificados en el incendio del Teatro Novedades de Madrid y en la catástrofe del Fuerte de Cabreriza, Melilla». En el acto intervinieron el Orfeón, la Banda Municipal, la Orquesta Sinfónica de San Sebastián y la Agrupación Artística 'Saski Naski'.
Al teatro, sí. Que Toribio Alzaga, el hermano de Valeriano, hijos los dos de Pedro Juan, el carpintero de la calle 31 de Agosto, estrenaba su obra 'Osaba' y a diferencia de lo que sucedía a principios del siglo XX, cuando no había mujeres en el escenario, el cronista de la ciudad deja constancia de que el reparto incluye a las señoritas Alkorta, Lizarraga y Martiarena. Al teatro, sí. Que actúan José Egilegor y Gregorio Beorlegui, la pareja de actores con mayor vis cómica de la primera mitad del siglo XX. Herederos directos de otro grande, Pepe Artola, inspiradores de Pello Kirten, con quien charlaban en la trastienda de la Villa Mouriscot. Pero no eran sólo 'cuentachistes'. Gregorio fue director teatral del Orfeón y cuando la guerra se llevó todo por delante (de muchos álbumes de fotos desaparecieron por miedo lauburus y escudos del 'Zazpiak bat') fue actor en películas del cine español ('Inés de Castro', 1944) y queda constancia de que el 8 de mayo de 1943 dirigió para los enfermos del Dispensario Santa Isabel una representación de 'Morena Clara' con el tenor cómico Carlos Munguía. Fue muy aplaudida la «graciosa desenvoltura escénica» de Carmen Belaustegi y Alicia Arce.
José Egilegor fue su compañero y cómplice. Juntos tiraron millas, actuaron en asilos, hospitales y fiestas de pueblo. La foto que publicamos nos lo muestra como un patricio romano en 'Loreti' pero otras veces hizo de miquelete, angulero o solterón. E interpretó al gran personaje de 'Garbiñe' y anduvo por esos mundos de Dios y del Diablo, de los teatros de los Campos Elíseos y los escenarios de Madrid con aquella aventura escénica que se llamó 'Saski Naski'. Un bisnieto guarda bajo siete llaves la pistola alemana de fogueo con la que le mataron una y otra vez en la temporada del Principal en la obra 'Dollorra', estrenada en 1915.
'Tuxur a la votre, Mesieu'
Si los herederos de Egilegor guardan hasta su estudio de las temperaturas de un mes de febrero de la década de los 50, cuando Donostia pareció congelarse día tras día, los descendientes de Gregorio conservan un dietario donde Beorlegui, que actuó con extraordinario éxito la noche de 1945 en la que María Fernanda Ladrón de Guevara y su hija Amparo Rivelles, grandísimas señoras de la escena, fueron homenajeadas en el Victoria Eugenia, anotaba sus gastos cotidianos. Gracias a eso sabemos que le gustaba ir 'a las comedias' bien vestido: empleaba mucho dinero en trajes. Quienes fueron niños cuando él era cómico le recuerdan también en las gradas del legendario Atocha.
Dominaban Egilegor y Beorlegui el euskera, el castellano y el francés, así que en sus juegos cómicos ante un público popular y entregado no dudaban en bromear en los tres idiomas mezclándolos 'a la remanguillé'. José era un copista nato; pasaba a mano, y después en alguna de aquellas históricas máquinas de escribir, todas sus escenas de comedia, algunas escritas por el mismísimo Toribio Alzaga (por ejemplo, 'Aide', diálogo jocoso interpretado en beneficio del aviador argentino Sr. Candelaria, en un acto organizado por el mecánico del hidroavión 'Plus Ultra' que hizo la travesía de España a la Argentina). Así, todavía hoy podemos leer el discurso que en 'Porru-salda' lanza un semi ilustrado francés (uno de los dos, Gregorio o José salía vestido como un pincel, 'frantzes apainen antzera jantzita'): «Yo no sabo hablar español e non conose pli que trus palabras en vasq...ce se...alor... mutur beltz... bisar aundi e arrayus... e por eso señor cet nui difisil pour moi. Ma bien espero de la... de la...(coman se dice pa) de la benevolensia del público ilustrado y respetable. Yo soy siempre a la votre disposision. Tuxur a la votre Mesieu. Dame Voila».
Tampoco les faltaba el puntito reivindicativo a José y Gregorio. En la escena -hoy diríamos 'sketch'- titulado 'Kabiroya', uno de ellos era un arrantzale que cuenta lo que le sucedió en una sidrería cuando se puso a cantar y un alguacil «kankelu eta erdaldun» le hizo callar. Le dice el marinero: «¿Hoy no cantar? ¿Por qué? Más te vale paseos agora pronto ir y no a txuliar». Responde el celador uniformado: «Bete de aqui, porque tengo arrason. Si no te voy a llevar kartzel de prevension». Contesta entonces el del Muelle: «Obe ukek euskeraz ikasi eta ez lege zarrak galerazi!».
Toribio y María Dolores, 1914
Pero, ¿por qué en los locos años 20 e incluso mucho después, sobreviviendo a trancas y barrancas al hambre, la tristeza, la barbarie y el miedo de la guerra en una ciudad pequeña como Donostia y en una provincia no mucho más grande hay tantos cómicos, tantos autores, tanto público? Tal vez deberíamos remontarnos a 1914. Avelino Barriola, concejal del ayuntamiento presidido por el alcalde Uhagón, acuerda la creación de la Academia de la Lengua y Declamación Vasca que estudiosos como Arozamena o Labayen consideran principio y cuna del «auténtico teatro vasco».
En 1914 Alzaga era autor bien conocido. Tenía ya cinco obras publicadas. Escribiría 23 más. Una de ellas a petición del departamento de Printed Books del British Museum. Le encargaron la traducción al euskera de 'Macbeth'. Él la tituló 'Irritza' y se la entregó en 1924. El señor Alzaga fue elegido director de la Academia de Lengua y Declamación Vasca. Al año siguiente, 1915, el Ayuntamiento nombró auxiliar suyo a María Dolores Aguirre, una bravísima dama de Errezil capaz de traducir 'El Quijote' al euskera y 'Garoa' al castellano. Llegó a dirigir teatro casi hasta los 93 años y con ella se representó a García Lorca y a Tennessee Williams. Surge así la Academia. En su primer año ya hay en el cuadro de actores, aparte de Beorlegui, Egilegor, Arostegi, Torregaray, un puñado de actrices: Ramona Goya, Victorina Artola, Victoria Arrieta y Pepita Aramendia.
El libro 'Teatro Eúskaro', editado por Auñamendi en 1965, los muestra a todos, ellas vestidas como auténticas 'flappers', muchachas díscolas de la época, y ellos como verdaderos dandies, asumiendo plenamente su papel de cómicos de la legua. Rodaban por los caminos. Una de las fotos, tomada en 1924 en Lapurdi, nos los enseña dentro de un carromato motorizado, casi una limousine abierta. La ilustración del 12 de diciembre de 1926 (hace más frío, ellas llevan abrigo y estolas de piel y se tocan con boinas a la moda francesa) nos dice que habían ido a Eibar a representar 'Ramuntxo'.
El cuaderno de Pepe
Es de esa troupe magnífica de donde salen los protagonistas de la muy celebrada obra 'Garbiñe', situada en el medievo vasco, ganadora ya en 1916 de varios premios y ovacionada por el público. En sus primeras representaciones ya aparecen Egilegor y Beorlegui. No encontramos a Pepe Artola, a quienes los espectadores realmente veneraban y de quien muchos consideran a José y Gregorio sucesores. No estaba en el reparto de 'Garbiñe' porque seguramente andaría de gira por Madrid, París o Barcelona con el Orfeón.
Como la mayoría de casi todos los citados en este artículo, Artola era orfeonista. Pertenecía al coro y a la orquesta. Un viaje con él para cantar lejos de casa significaba juerga total. Sus chistes corrían como la pólvora por toda la Parte Vieja y alguno llegaba incluso hasta el mercado de Tolosa, de donde era su padre, poeta. Pepe era, aparte de orfeonista, músico, traductor y autor de teatro (no del todo bueno, a decir verdad) y monologista. Un siglo antes de los de 'El club de la comedia', de los de la Paramount, de Eva Hache y de todos los demás, él se subía solo al escenario, armado simplemente de un sinfín de chascarrillos, sucedidos, versos chispeantes y anécdotas que alargaba lo justo. Y se metía al público en el bolsillo.
Esa gente corría a comprar revistas como 'Euskal Erria', 'Novedades' o 'Baserritarra', donde aparecían publicadas sus mejores ocurrencias. Murió, ciego, en 1929, cuando a Egilegor el taxista que vivía en el piso de abajo de su casa ya le llevaba 'a las comedias', es decir, desde la calle Prim a Mayor, a que actuase en el Principal. Pepe Artola dejó en herencia a los suyos un cuaderno de 580 páginas, con muchísimas (no todas) de sus chirigotas copiadas con finísima caligrafía. Algunas de ellas las publicó Auspoa bajo el título 'Ustez laguna detan' y 'Beste bertso asko'.
¿Dramaturgia donostiarra?
Con la Academia de Lengua y Declamación Vasca resistiendo los embates de l paso de tiempo, liderada hasta casi finales del siglo XX por María Dolores Aguirre, con Antzerti, el sueño roto de la Escuela de Teatro Vasco, tomando el relevo en los años 80-90, cuando se instaló en Zorroaga, entre el Tanatorio, la iglesia y lo que fue la famosa facultad de Psicología; con tanta actriz, tanto actor y tanto autor hoy veteranos surgidos de aquella casa en la colina, con los grupos de teatro, los talleres, las escuelas que aguantan el caos de la crisis, acaso ahora podamos comprender por qué algunos investigadores hablaban ya entonces sin reparos, sin recelo y sin falsa modestia de una posible (¿probable?) 'dramaturgia donostiarra', encendidos los ánimos por un libro de los años 60 titulado 'Hamburgische Dramaturgie', dramaturgia de Hamburgo.
Sea como fuese, lo maravilloso es comprobar cómo toda esa gente que se embarcó en la aventura del teatro en la época en que en Europa estallaba la Gran Guerra y no la abandonó hasta su muerte (Beorlegi moriría en 1959, así se rompió la pareja cómica más popular de los escenarios de Euskal Herria. Egilegor desaparecería un poco después) dejó un recuerdo imborrable en quienes los vieron actuar. Más de un lector de este periódico ha escrito recordando que aquellos teatrantes eran capaces de lo imposible. José y Gregorio hacían incluso teatro de guiñol usando únicamente sus manos. Cerraban los puños, se los cubrían con una servilleta, se ponían unas simples piezas de madera entre los dedos y la marioneta se materializaba sobre la mesa. Sólo faltaba el dialógo, que siempre resultaba chisporroteante y jaranero. Mientras, en el teatro del Príncipe los admiradores de Toribio Alzaga discutían con los de Barriola, del que muchos apreciaban su toque más urbano. Sucedía en Donostia,y Madrid, París y Nueva York se maravillaban.
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