«El futuro es muy negro», dice Félix Goñi cuando se le pregunta por la salud de la ciencia española. Y para ilustrar la situación, el director de la Unidad de Biofísica de la Universidad del País Vasco (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) echa mano de un ejemplo que entiende cualquiera. «El sistema científico de un país es como un bebé. Necesita comer a sus horas y una cantidad determinada de alimento, ni más ni menos. Si come más, no crece más rápido y enferma; si come menos, su crecimiento se retrasa y puede morir. Por supuesto, si muere por no comer lo necesario durante una temporada, no podremos revivirle con un apetitoso biberón».
Las arcas del Estado alimentarán este año a la ciencia con 8.497 millones frente a los 9.274 de 2010. La partida para investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) de los Presupuestos de 2011 es un 8,37% inferior a la del pasado año, cuando ya había sido un 5% menor que en 2009. «Corrigiendo la ingeniería financiera, es muy probable que los fondos estatales para investigación se reduzcan un 40% entre 2009 y 2014. Eso significará la muerte del bebé o, en el mejor de los casos, que permanezca años en la UCI», sentencia Goñi. «Crear un grupo de investigación cuesta una década, pero puedes destruirlo en dos o tres si no hay fondos», asegura Fernando Cossío, químico y director de Ikerbasque, Fundación Vasca para la Ciencia.
Casi ningún investigador cree ya en la repetida promesa del presidente del Gobierno de que su objetivo es propiciar un cambio de un modelo económico cimentado en el ladrillo a otro basado en el conocimiento. Desde que estallaron la crisis financiera y la burbuja inmobiliaria, las buenas palabras del jefe del Ejecutivo se han estrellado contra los números. «La primera legislatura de Zapatero fue el periodo en el que más ha crecido la inversión en ciencia en España, pero después ha venido Paco con la rebaja. Ahora, no hay dinero ni para planes E», indica Juan Ignacio Pérez, titular de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV. «Si, cuando te dan un susto, de donde primero recortas es de la I+D, es que no es tu prioridad», constata José María Mato, director del CIC bioGUNE, para quien desde 2008 «se ha echado a perder todo el esfuerzo en ciencia del primer Gobierno de Zapatero». Y lo peor es que nadie espera que las cosas vayan a cambiar de la noche a la mañana.
«La comunidad científica percibe que esto va a prolongarse 4 o 5 años, lo que pondrá al sistema español de ciencia y tecnología en una situación complicada», advierte Begoña Ochoa, directora de Política Científica del Gobierno Vasco. Euskadi es, por fortuna, diferente, según los consultados. En un país donde casi todo es objeto de disputa partidista, nunca se ha puesto en duda la inversión pública en I+D desde que en 1981 Pedro Miguel Etxenike, físico y entonces consejero de Educación, pusiera las bases de la política científica vasca bajo el mandato de Carlos Garaikoetxea. Euskadi es, con el 2,06% del PIB en 2009, la segunda comunidad autónoma que más invierte en ciencia, después de Navarra (2,13%) y empatada con Madrid. Está, porcentualmente, en la onda europea en gasto en I+D+i, muy por encima de la media española (1,38%).
Aprovechar la situación
El actual inquilino de Ajuria Enea no parece que vaya a romper con esa tradición. «Mientras tengamos recursos, seguiremos apostando por la ciencia y la tecnología, y potenciando el sistema vasco para aventajar a nuestros competidores. Invertir en I+D es fundamental para el desarrollo y el bienestar», destaca Ochoa. Goñi suele decir que, si la electricidad dejara de fluir en todo el mundo de modo irreversible, nuestra sociedad tendría las horas contadas. Imagínese sin luz, agua corriente, calefacción, medios de comunicación y transporte...
«Aquí se están haciendo las cosas bien. Hay una inversión sostenida desde hace años, se han creado centros de excelencia, e Ikerbasque está atrayendo a gente muy buena del extranjero y el resto de España», asegura el astrofísico Agustín Sánchez Lavega, catedrático de la Escuela de Ingenieros de Bilbao y con tres portadas de la revista 'Nature'. El sistema vasco tiene carencias como la baja productividad, que hace que seamos la séptima región española en número de artículos publicados en revistas de prestigio. «No estamos donde deberíamos», admite Ochoa. Pero parece que, poco a poco, se están poniendo las bases para corregir esa situación. Así, según el primer informe anual de Ikerbasque, la Fundación Vasca para la Ciencia, entre 2003 y 2008, la producción científica vasca creció un 76%, frente al 49% del conjunto de la española y el 34% mundial.
Mato cree que, en contra de lo que está pasando, sería un buen momento para echar hacia adelante y atraer científicos e infraestructuras. «España podía haber aprovechado esta crisis para dar un salto cualitativo y colocarse entre los grandes, como hizo el País Vasco en los años 80». No es el único que ve en la crisis actual una oportunidad. «Finlandia y Corea del Sur aprovecharon la de principios de los años 90 para gastar más en ciencia y sentar las bases de una economía basada en el conocimiento», explica Cossío. España ahora está haciendo lo contrario que países como Alemania y Francia, que destinan más fondos a la I+D+i para seguir marcando distancias y garantizarse el futuro liderazgo.
Euskadi es, de momento, un oasis en la larga travesía del desierto que encara la ciencia española, y así empiezan a percibirlo en el resto del país. «El número de buenos científicos jóvenes españoles que quiere venir está creciendo. Recibimos más solicitudes. Es un buen momento para atraer gente», reconoce Mato. «Hay investigadores de otras regiones y países que quieren venir al País Vasco», confirma Cossío. Es la cara de una situación cuya cruz es que muchos equipos españoles con los que colaboran habitualmente los investigadores vascos atraviesan una situación precaria y eso perjudica a los proyectos conjuntos en una ciencia que una comunidad de poco más de dos millones de personas es incapaz de abarcar en su totalidad.
Centros de excelencia
Que el País Vasco no puede ser bueno en todo es algo asumido por científicos y políticos. «Hay que aplaudir la política de creación de Centros de Investigación Cooperativa (CIC) y Centros de Investigación Básica y de Excelencia (BERC)», dice Juan Ignacio Pérez. «Tenemos que buscar la calidad, apostar por los grupos que pueden competir en la Champions League de la ciencia», dice Sánchez Lavega. En esa liga juegan el BERC, el Donostia International Physics Center (DIPC), el Basque Center for Applied Mathematics, el Basque Research Centre for Climate Change y el Basque Center on Cognition, Brain and Language; el Centro de Física de Materiales del CSIC y la UPV; el CIC bioGUNE y el CIC nanoGUNE; la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC; grupos como el de química orgánica de Cossío y el de astrofísica de Sánchez Lavega; Ikerbasque; y la ESS Bilbao, la sede española de la Fuente Europea de Neutrones por Espalación. A pesar de su juventud -el primero nació en 1999-, los CIC y los BERC supusieron en 2007 el 8% de la producción científica vasca; en 2009, el 9%; y se calcula que el pasado año acapararon ya el 12%. «Ahora tenemos que consolidar lo que hay», advierte Mato.
El primer 'Informe sobre la ciencia en Euskadi' de Ikerbasque, hecho público hace unos días, constata que el País Vasco es fuerte en biomedicina, física, ciencias de los materiales y química, y que, aunque el número de tecnólogos y científicos ha aumentado un 69% entre 2000 y 2008, aún así, los más de 15.000 actuales sólo suponen el 0,94% de la población activa, todavía lejos del 1,15% de la UE-15 y la zona euro, y de Finlandia y Luxemburgo, que superan el 2%. Por el momento, el sistema científico vasco está bien alimentado: el Ejecutivo autónomo ha destinado en 2010 a I+D+i 312,7 millones, frente a 285,6 millones en 2009, lo que supone un aumento del 9,5%. En Euskadi, coinciden los expertos, se puede hacer ciencia en tiempos de crisis, y no es la crisis la que está poniendo en peligro la ciencia.