La comisión Ego Ibarra desarrolla desde hace años el programa Eibartarren Ahotan, que recoge la historia oral de la ciudad a través de los vecinos. La industria armera ha sido la más característica de la ciudad. De todo ello habla uno de los últimos entrevistados en esta iniciativa, Periko Iriondo. Después de una intervención que le ha impedido ir a la próxima excursión del 'Periko taldea' del grupo de montaña del Club Deportivo Eibar, repasa el momento y la historia de un trabajo que se mantiene con talleres menores que los de antaño.
-¿Jubilado ya?
-No, yo empecé aquí con 15 años y ahora tengo 66. Ahora estoy enseñando a un chico, pero si lo dejo yo... suelen decir que nadie es imprescindible pero quiero que el chaval aprenda, va por buen camino, le gusta.
-¿Esa es la clave?
-Lo primero que yo pregunto a cualquiera que venga a aprender es si le gusta. Si no le gusta no hay manera de aprender, pero es algo que ocurre en cualquier oficio.
-Así es como aprendió usted.
-A mí me enseñó mi padre, que fue uno de los fundadores de este taller. Por eso, fabricar escopetas es algo que he vivido desde siembre.
-Pero algo habrá cambiado en tanto tiempo.
-Era diferente, antes se hacía una variedad de escopetas, desde la corriente a la fina. Ahora ya no hacemos la corriente y en mi opinión la que hacemos es aún más fina que la de antes. A mi el padre siempre me inculcó que había que hacer las cosas bien. Si vas a hacer cantidad, la calidad se va a ver relegada a un segundo término, las dos cosas no pueden ser.
-A usted le gusta viajar, ¿qué le dicen fuera de Eibar cuando saben que es armero?
-Acabo de venir de Patagonia y todos se quedan sorprendidos por conocer a un armero, alucinan. La mayoría son maestros, enfermeras, médicos... normalmente me encuentro con gente que no había conocido nunca un armero. Sí que identifican Eibar con las armas, aunque hay que estar metido en el mundo de las escopetas para conocer nuestro taller Pedro Arrizabalaga. Pueden conocer Víctor Sarasqueta que desapareció hace años.
-Habrán tenido encargos de todo tipo.
-Nos vino una persona de Estados Unidos, descendiente de vascos de Bermeo, y quería una escopeta 'eibarkua', con el grabado de la iglesia de Bermeo. Yo fui un día a sacar fotos de la iglesia, pero no encajaba. Entonces, se sacó el grabado de una foto de un libro antiguo de Bermeo. Cuando vino y lo vio se puso a llorar de la emoción.
-Cada trabajo es muy personal.
-Sí, hay que tener en cuenta que están hechas a medida. Hay que ver incluso la anchura de la cara de cada uno. Unos cogen de una manera la escopeta, otros de otra manera, unos tienen el brazo más largo... son detalles que mucha gente no conoce. No es lo mismo hacer una escopeta a un tuerto... menos mal que no hay muchos.
-Es mucha dedicación detrás de cada escopeta. ¿Es un trabajo duro?
-Te tiene que gustar, hay que tener paciencia. Nosotros sabemos cuándo empezamos a hacer una escopeta, pero no cuándo terminamos. Hay que tener en cuenta que hacemos la culata partiendo del tocho de madera, que te da muchas posibilidades que no te da el mecanizado. Pero también requiere más tiempo.
-¿Qué tipo de personas encargan escopetas hoy en día?
-Normalmente es gente que tiene dinero. Este taller es pequeño y no se pueden hacer grandes propagandas. Los americanos son gente bastante especial. Igual vienen con un libro debajo del brazo y te enseñan la escopeta que quieren.
-Estamos en plena crisis económica, ¿se nota en el sector de la escopeta fina?
-Andamos bonitamente, sin poder hacer alardes. Somos pocos y hacemos poco.
-¿Qué tienen las escopetas de Eibar?
-Yo creo que la tradición armera, que es muy importante. Esa tradición pervive. Las empresas de volumen más grande desaparecieron y nosotros somos pequeños, ¡pero buenos!
-¿Qué tal se presenta el relevo para los armeros?
-Mira, yo empecé con 15 años. Era una época distinta y ahora los chavales con esa edad están en la escuela, a los 18 van a la universidad y empiezan a trabajar a los 25. Yo para los 25 ya dominaba la profesión. Y hay algunos que piensan que al entrar a una fábrica para aprender tienen que estar ya cobrando, y en mi opinión no es así. En la universidad te cobran, todo eso es una inversión, y en el taller también, porque después hay un trabajo.
-Desde hace unos años, este sector tiene un papel importante en el Museo de la Industria Armera. ¿Qué le parece?
-Muy bien. Es lo que más ha dado a conocer a Eibar, la ciudad armera. Oír eso me da satisfacción. Y calcula la cantidad de objetos que se han fabricado en Eibar, pero no somos ciudad bicicletera ni maquinera, armeros a mucha honra.
-Recientemente ha dado testimonio sobre su vida y su trabajo en Eibartarren Ahotan. ¿Cree que le hacen viejo?
-Ni se me había pasado por la cabeza. Y no me considero viejo, me puedo considerar mayor pero soy una persona muy activa. Voy al monte, y hasta hace años he corrido maratones, con 51 años lo hice en 2 horas y 48 minutos. El proyecto Eibartarren Ahotan me parece muy positivo, porque un pueblo es un pueblo, la gente tiene que tener una idea de las cosas que se han hecho aquí. Tenemos experiencia y creo que es importante que se recoja ese testimonio.